30.3.08

La noche y el día



Jul. Wilt thou be gone? It is not yet near day:
It was the nightingale, and not the lark,
That pierced the fearful hollow of thine ear;
Nightly she sings on yond pome-granate-tree:
Believe me, love, it was the nightingale.

Rom. It was the lark, the herald of the morn,
No nightingale: look, love, what envious streaks
Do lace the severing clouds in yonder east:
Night candle’s are burn out, and jocund day
Stands tiptoe on the misty mountain tops.
I must be gone and live, or stay and die.”

 (W. Shakespeare, Romeo and Juliet, act. III, sc. V, Juliet’s chamber)

(“Jul. ¿Te quieres ir? Si aún no clarea; / ha sido el ruiseñor y no la alondra / quien te azuzaba tu oreja miedosa. / Canta de noche en lo alto del granado. / Créeme, amor mío, ha sido el ruiseñor. // Rom. Era la alondra, que anuncia el alba, / No el ruiseñor. ¿No ves las franjas celosas / Partir las nubes en el lejano oriente? / Ya han ardido los cirios de la noche  / Y el día alegre recorre las montañas brumosas. / Hay que partir y vivir, o quedarse y morir.”)

l reloj de sol de Can Verdaguer (Calle Piferrer) mostraba ayer la hora verdadera que hoy es la oficial. Distinguí la fina sombra del gnomon equidistante entre el número XI y el mediodía, ténue bajo el resplandor nublado. La casa, que pertenece al barrio de Porta, creo, parece que tuvo su primera construcción en el siglo XVI y a diferencia de otros vestigios rurales sigue habitada y es –o fue- por tanto la última masía de la Barcelona postolímpica.
La sombra del gnomon es alargada, como la del ciprés, y parece más real que la aguja de un reloj suizo, como si la aguja sólo midiera el tiempo y el gnomon además de medirlo, lo reflejase. El reloj de arena no es extraño que pertenezca a la alegoría de la muerte. Sus sucesores, los cronómetros de cocina, sea porque tienen forma de cerdito o de gallina clueca, sea porque no parecen tan perentorios, resultan más simpáticos.
Estoy convencida de que una de las estrategias de aturdimiento y venta de El Corte Inglés es confundir al consumidor con una iluminación que impide saber si es de día o es de noche. La cadena OpenCor, que tiene sus tiendas a pie de calle, suele revestir las cristaleras con un plástico adhesivo azulón y opaco que no deja pasar ni un resquicio de luz. La obnubilación comercial no tiene nada que ver con la célebre albada de Romeo y Julieta que he reproducido ahí arriba, cuando no saben si ha cantado la alondra y es de día o si ha cantado el ruiseñor y es de noche.
Parece sin embargo que en los teatros, en los cines y en otros espectáculos se recrea una noche oscura para más fácilmente subir el telón y guiarnos a su ilusión óptica y también a una cierta agudización de los sentidos (“y todos mis sentidos suspendía”).
Curiosamente, hay cosas que sólo ocurren por la noche en cuanto se pone el sol o en horas más avanzadas, y otras de día o cuando la aurora de rosáceos dedos homérica levanta el palio de la luz crepuscular (de Jorge Sepúlveda).
Al final del día nuestro, ese que está marcado por los horarios, hay un relevo. En la hora ultravioleta los pájaros cantores y los pájaros cantaores entonan unas notas dulces y horacianistas. Los noctámbulos y los crápulas se peinan. Al caer la noche en las casas de mi bloque hay un trajín generalizado de cacharros, recibos, luces, puertas de armarios, electrodomésticos y llamadas al orden. Luego hay como un toque de queda que debe de ser el noticiario de las televisiones y cada mochuelo se va yendo a su olivo.
En la noche pasan cosas, digo, que no pasan de día. Hay picos pardos y gatos pardos y además he experimentado que es mejor no tomar por lo menos ninguna decisión de largo alcance. 

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28.3.08

Las megaperlas


Ischigualasto (Argentina)
·
Hay cinco cosas que consiguen siempre levantarme el ánimo: reencontrar un amigo, leer una gramática, encontrar un buen libro de Historia, mal que me pese la cerámica de Picasso, y una ferretería. Para mí el Servicio Estación o el/la Bauhaus es la leche. Cuántas veces no he tenido que reprimir un respingo de regocijo al ver en una ferretería algo que necesitaba y que no sabía que existía. Sí, otras veces he encontrado por ahí lo que necesitaba y lo que no sabía que existía (incluso dándose las dos condiciones a la vez), pero en una ferretería siempre hay sorpresas agradables. Los tornillos, las alcayatas o escarpias, los cáncamos, me chiflan.

Tengo zafarrancho en el rancho. Han venido a arreglarme el castillo los "Hijos de Antonio Español, S.L." y estoy exaltada y aprendiendo por un tubo. ¡Hasta me dejaron clavar unas púas!

Así que hoy en la enciclopedia se añade un artículo antiguo pero aún vigente. El artículo original se publicó en catalán, una lengua que conozco y amo pero en la que tengo mucha menos competencia que en español. En la Facultad de Filología Hispánica de la Universidad de Barcelona susodicha, y en el Departamento de Lingüística General también, todos los profesores coincidían por lo menos en una cosa, en llamarle "español" a lo que algunas personas denominan "castellano". Incluso algún profesor, al inicio de su asignatura, nos indicaba que el castellano es técnicamente el substrato del español y un dialecto del español (aunque sea el más cercano a la norma). Yo diría que no tengo competencia en el castellano (ya me gustaría), pero me muevo a gusto en lo que Agustín García Calvo denominaba "espofcont" o español oficial contemporáneo. Por lo tanto parece que llamarle al español "castellano" es más bien una opción política pareja al temor de usar la palabra "España".

Tiene el catalán ligereza, luminosidad y yo he tenido la suerte -a través de su mejor literatura o escuchando a quienes lo hablan como los ángeles- de advertir rasgos que me lo hacen querido. Lo mismo me pasa con el gallego, el portugués, el francés y el italiano. El resto de los idiomas lo percibo sin comprenderlo apenas, como el canto de un pájaro, aunque según quien más bien parece que ladra.


Son o no son: Megaperlas con zeolitas para la tensioacción aniónica biodesagradable en el verdín audaz
 
El subtítulo que hay sobre esta misma frase designa la propia frase y el resto de las líneas hasta el signo del asterisco. Pero también, con referencia al subtítulo, se deben añadir dos cuestiones: 1) Que lo encontré en la basura en la tabla de composición, sin desperdicio, de una cajita vacía de una muestra de detergente.  2) Es un tributo a un escrito homónimo que, para distinguirlo de este, llamaré MAZPALTABEEVA, NO ÓN. MAZPALTABEEVA, NO SÓN, no fue aceptado para su publicación en una revista barcelonesa que llamaré "Las carpas son del día" (1). El motivo es que se consideró que el texto era ininteligible. El tributo no es ningún reproche contra una línea editorial que excluye mi desconfianza total hacia la inteligibilidad. Me hago cargo. Y en el fondo no me importa.

"Las carpas son del día" me pidió un texto y no les gustó, no se le ha de dar más vueltas. Sólo sirve para explicar que precisamente mi “línea editorial” parte de la base de que si es vanidad confiar en entender algo, aún lo es más el pretender mostrarlo. Y no digamos nada de la fantasía de creer que nuestra opinión interesará. Puede que algún día, a alguien, però graciablemente en cualquier caso. Por carambola, como diría mi padre.

Quien sabe muchísimo de esta cosa de la búsqueda de interlocutores es la escritora Carmen Martín Gaite. El 16 de noviembre de 1992 fue invitada por la magnífica Universidad de Barcelona a pronunciar una conferencia en el Paraninfo. Explicó a la concurrencia numerosa, de una manera inolvidable, la historia de Macanaz. Gaite leyó todos los legajos de cartas y memoriales que el ilustrado había remitido desde el exilio. Incluso leyó las cartas que antes nadie había leido: "A lo largo de decenios, sus prolijos avisos y consejos desde Pau, desde Cambray, desde Soissons, desde Breda, y más tarde desde la prisión de La Coruña, habían de constituir un azote para la corte de Madrid" (2).

Me pedís que os escriba y os escribo, por culpa de mi muy acusado sentido del deber. Os escribo por obediencia.

Cuando escribí MAZPALTABEEVA, NO SÓN estaba entusiasmada con la basura. El mundo de la cochambre urbana me sedujo. No sé si mi fascinación empezó con la publicidad arrugada y chafada o si fueron las mondas de las patatas y las cortezas de melón con restos de café molido. No obstante pronto se extendió a moho sedoso y al óxido, la pátina, la decoloración y a los círculos de los vasos bajo el foco dorado del polvo en suspensión.

Del lado de la suciedad estaban los huesos de melocotones, el polvillo, los sedimentos, los posos, la borra, la pelusa, los pelos, las migas, las manchas, las colillas, las barbies, los geranios aplastados, los vidrios ámbar, los tornillos, los palillos, el marro, el tizne, las mil maneras de la grasa, aparatos de TV reventados, colchones, desechos, la roña, los residuos, los mojoncillos al pie de las farolas, todo. Diría que se entiende bastante bien.

La chaladura por los inmundicias y la suciedad no era extraña al hecho de haber entendido que si se desprecian o se esconden algunas cosas, se acaba por despreciar y esconder a algunas personas. Pero de hecho mi chaladura es pura y desinteresada y no repara en el fascismo más que de paso. Pronto la trasladé a otros reinos de la ciudad. A la puerta de mi casa, que cuando se cierra despacito recuerda el ostinato del preludio de la cuarta suite para violonchelo de Bach. O me equivoco y será al reves y a cambio es el arco descendiente lo que me recuerda los goznes.

Por un mecanismo equivalente, no estoy segura de pretender haber sido yo quien descubriera-viera en azul la frase de las “Megaperlas...” en la cajita de la muestra del detergente. ¿No será que la frase “pasó” (como creemos que “pasan” los ríos) ante mis ojos?*
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(1). La revista hizo suyo un verso de Horaci (carpe diem, quam minimum credula postero), pero lo transcribe como carpae diem.
(2). Carmen Martín Gaite, "En el centenario de Melchor de Macanaz (1670-1760). La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas. Barcelona: Destino, 1982. Destinolibro; 176: 69

Publicado en Via fóra! 1995 ; V (47): 489-490.


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26.3.08

Contraste y equilibrio: las siete diferencias


Aldeana de la Ínsua (Concello de Fisterra-La Coruña) 
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La imagen del post anterior (un fotograma de N. Kidman en Eyes wide shut) y la de hoy (una fotografía de Mª Leonor Sambade Traba en la Ínsua, una aldea de La Coruña) apoyan mi idea del contraste. Mª Leonor Sambade no ha rodado ninguna película, su imagen subió a la red el día que se colgó en "La Voz de Galicia" porque así lo quiso su biznieto, Ángel Castrexe Louro, para participar en la sección de fotos antiguas.
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Yo diría y digo, ¿por qué no?, que Nicole y Leonor podrían usar la misma talla de soutien. Nicole no tiene nada que no tuviera Leonor. Podría hacer la bromita treintañera de las siete diferencias -"encuentre las siete diferencias"- y añadir que Nicole no lleva ropa y Leonor sí, etc. El fotograma de Kubrick mostraba la belleza de los objetos, la composición, la delicadeza de la figura, la luz amontillada e intimista, con un poro amelocotonado (o, mejor aún, de albaricoque). El espejo imponía la profundidad, el frío, y salva la escena de la mera estampita déco, prerrafaelita. Era en todo un modelo del lenguaje visual del séptimo arte. Oí decir una vez que Nicole Kidman tiene la piel de color blanco camelia. Tendrá. En el cine todo es posible, por otra parte. La industria aparatosa ha llevado sus delirios tecnocráticos a lugares donde no había llegado ni la novela. Después nos descansa los sentidos y la conciencia una peliculita como Les glaneurs et la glaneuse (dir.: Agnès Varda, 2002). Cuando digo tecnocracia, así sin detenerme, pienso en los exteriores para Ulises-Brad Pitt. Fueron rodados en Méjico y no en Turquía, para lo cual, por la cosa de la ambientación histórica, se tuvieron que arrancar un montón de nopales históricos y luego hubo que volverlos a plantar por un procedimiento costoso. Otra película, una de Penélope Cruz que nunca veré, se rodó en un lugar tan apartado que para ir al wáter tenía que hacerlo en helicóptero. Esta singularidad la comentaba Pene como algo digno de ser señalado e incluso yo aseguraría que parecía divertirle.

Hay muchos ejemplos de cine de superproducción con su sensaround que te levanta un palmo del asiento cuando lo ponen a prueba al principio del pase. La sorpresa de Haydn en su Sinfonía 94 es una broma tonta al lado del dolby stereo a tope.
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"Al fin y al cabo no hay sino treinta y seis situaciones dramáticas", dijo Gabriel García-Márquez. Y así debe ser puesto que cuando se han visto unas pocas proyecciones los guiones empiezan a resultar familiares y hasta repetitivos. Sobre todo cuando dan con una fórmula exitosa como lo fue la del racionalismo luterano que se rinde ante los placeres y las gentilezas de la cocina. La misma idea está en El festín de Babette, como en Como agua para chocolate, como en Deliciosa Martha o en Chocolat, pero el desarrollo es bien diferente, sobre todo cuando va perdiendo originalidad, cuando se va apartando de la idea original y se busca engordar la taquilla.
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Y sin embargo, tanta repetición parece cobrar todo su sentido como moda. Yo no seré la primera en dudar de que la moda sea cultura, pero ¿la cultura es moda? Nada me disuadirá de que si se hacen "fiestas pijama" en España y prospera el Halloween es gracias a que hay series como Friends que las han introducido. Por lo menos, por ejemplo, quien vivió los sábados de "Sesión de tarde" estará bien predispuesto a creer que era fácil adivinar qué película habían echado en la TV según a qué jugaran los niños (espadachines, piratas, romanos, gángsters, vaqueros, indios, etc). ¿Cómo decir que yo no estoy cerca ni de Nicole Kidman ni de Leonor Sambade?. Yo soy otra mujer más. Por eso escribo un blog.
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Leonor Sambade Traba vivió en la misma aldea donde nació mi abuela, Pepita Marcote Canosa, hija de Pablo y de Carmen. Reconozco esa forma de cargar en la cabeza el cubo ligeramente ladeado. Las tinas, baldes, herradas, palanganas, aguamaniles y otros enseres que cargaban las mujeres que me precedieron, apenas se tambaleaban sobre sus rodetes. Las vi con estos ojos hablar entre ellas, como si no llevaran diez quilos o más sobre la espalda, con las manos en jarra. Qué bien sabían dónde está el equilibrio, que no es precisamente la simetría.

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24.3.08

Los roles


"Eyes wide shut" (A. Kubrick, 1999)

La penúltima vez que ví Gertrud (1964) de Karl T. Dreyer, hacía solo unos días que se había estrenado la última película de Stanley Kubrick. Por esta razón pude apreciar inmediatamente dos coincidencias que no son meros parecidos fortuitos. La primera coincidencia entre Gertrud y Eyes wide shut (1999) es la representación de la ópera "Fidelio". La segunda, la frase "¿No habrás visto por ahí mi cartera?", de Tom Cruise a Nicole Kidman, con espejo y todo. Tanto la esposa de Eyes como Gertrud saben con exactitud donde están las carteras de sus maridos y lo saben tediosamente, sin moverse de sitio, sin apartar la vista de su lugar en el espejo, sin darle más importancia, como si se tratara de talentos menores. O como quien pone el intermitente y al mismo tiempo le dice a los niños "Ya veréis cuando lleguemos a casa" y se pone bien la pestaña.
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Aunque la misma frase remita a dos objetos distintos (en el caso de Tom Cruise, médico, es una cartera; el caso del aspirante a ministro, es un attaché o maletín) vienen a significar lo mismo. Que el papel típico del esposo típico encierra un cierto desdén o descuido por las cosas materiales y pequeñas. Ya sabemos que si además el asunto de los roles lo llevamos hasta la caricatura, se considerará ocupación de los débiles mentales el hacer caso a cosas sin importancia. Las cosas sin importancia se van situando y encasillando en el terrreno de las dotes de la intuición y de la organización doméstica microeconómica. Al lado de esta realidad o encima de ella se ha ido construyendo con pruebas más o menos científicas la gran teoría de que existe una inteligencia (o una estupidez) masculina y una inteligencia (o estupidez) feminina. Esta tesis es tan famosa que sólo basta recordar uno de sus argumentos más socorridos: la facilidad de los hombres para interpretar un mapa se contrapone p.e. a habilidades femeninas como la facultad para hacer varias cosas a la vez.
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Seguimos con Gertrud. Después de la escena del espejo, el marido le pregunta para darle a entender un ascenso: "¿Te gustaría ser la esposa de un ministro?". Gertrud en una muestra de humor nórdico digna de ser señalada le responde que le tiene que decir con cual de ellos. La muestra de humor es digna de señalar porque el humor nórdico es un gran desconocido y porque enaltece una respuesta benigna ante una pregunta inofensiva pero cargada de roles sobreentendidos y de una cierta vanidad. El valor de esa respuesta se ve confirmado y aún matizado por otra frase que pronuncia Gertrud un poco más adelante: "Me hace reír pensar en toda esa pobre gente que se permite amar aunque no sean nadie, ni artistas, ni celebridades". El diálogo se produce como otros que hay en la película –entre ella y el poeta, el músico o el profesor- sin que se miren. Se ha querido ver un gran parecido entre los fotogramas de Dreyer, sus blancos deslumbrantes, la soledad de sus figuras, la sobriedad, con los cuadros de Vilhelm Hammershøi. La soledad de las figuras, que esconden su mirada o la abisman en sus pensamientos, también recuerda los retratos (que no lo son) de Edward Hopper. Por esta razón no me extrañó el título de la película de Kubrick ni los ojos abiertos de par en par de Nicole Kidman, quien por entonces era esposa de Tom Cruise en la vida real. Ni tampoco me extrañó que en la escena masónica de los dominós y las máscaras, el pianista tocara como Mozart con los ojos vendados.
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La influencia del cine en las costumbres es innegable y perversa. Pero quiero creer que entre la "literatura" inagotable de títulos como ¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?, ¿Por qué los hombres se equivocan y las mujeres se confunden?", ¿Por qué los hombres no se enteran y las mujeres siempre necesitan más zapatos?, ¿Por qué los hombres nunca recuerdan y las mujeres nunca olvidan?, ¿Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer mapas? , etc., quiero creer -digo- que entre esos bodrios y las obras geniales de Dreyer y Kubrick, hay un espacio de normalidad. 

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22.3.08

Post 99: Polisemia ("Salt from here" or "Go away from Cai, please"?)


Macaco yanito


A la Duquesa Roja, in memoriam
A los que no cantan
.
"Por tabaco a Gibraltar; / We fetch tobacco to Gibraltar;
A Roma se va por bulas, / We fetch bulls to Rome,
Por tabaco a Gibraltar; / We fetch tobacco to Gibraltar,
Por manzanilla a Sanlúcar / We fetch manzanilla to Sanlucar
Y a Cádiz, se va por sal. / And to Cadiz we fetch some salt.
*
Eres guapa y morena, / You are lovely and brune,
Te llamas Carmen; / Your name is Carmen;
Aquí están los papeles / Here you have the papers
Para casarme. / To get married.
Ya la licencia de Roma / The licence from Rome
La tengo escrita. / Is written.
A esta niña la quiero, / I love this girl
Desde chiquita. / Since she was a child.
+
En medio la calle nueva / At the new street
Manuel de Angustias cantaba. / Manuel de Angustias was singing
En medio la calle nueva, / At the new street,
Las cantiñas del Pinini, /The Pinini’s cantiñas
Aquel gitano de Utrera. / That gipsy from Utrera.
=
¡Ay, Utrera!, cuanto arte, / Ow!
Utrera, what a lot of art!,
que tó el que pisa tu suelo / Everyone who tread your ground
se emborracha con tu cante. / Is delighted with your singing.
#
Yo soy aquel contrabandista / I’m that smuggler
Que siempre huyendo va, / Who ever and ever escapes
Cuando salgo con mi jaca / When I go with my horse
Del Peñón del Gibraltar. / Out Gibraltar Rock.
"
Y si me salen a resguardo / And if the guard
Y el alto a mí me dan, /Halt me,
Dejo mi jaca al escape / I leave my horse run away
Que ya sabe donde va. /Because he knows where he goes
¨
Cuando va andando, / When she moves,
Cuando va andando, /When she moves,
Rosas y lirios /She spill out
Va derramando. / Roses and lilies.
-
Que me han de matar de un tiro; / This street says
En esta calle se suena, /That I will shot,
Que me han de matar de un tiro; /That I will shot;
Nunca llueve como truena, / It never rains as it thunders,
Con esa esperanza vivo. / And I live with this hope.
·
Que y a los titirimundis, / Let’s go to the puppeteers,
Que yo te pago la entrada, / I’ll pay for your ticket,
Que si tu madre no quiere, / Your mother doesn’t want
Que qué dirán qué dirán... / "What will they say?", "What will they say?"
·····
Letra: Popular, adaptación de Mayte Martín.
Guitarra: Juan Carlos Romero
Palmas: Mayte Martín y Antonio Coronel
"Querencia" (2000)

  
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20.3.08

El perro de Goya


A mi abuelo “Melé”, marinero, in memoriam.
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Hoy el censo de animales de ficción ha superado tal vez finalmente el de animales vivos. Aunque contáramos todas las variantes de Mickey Mouse como un solo ser y sin embargo consideráramos cada berberecho por separado, hay ya más animales imaginarios que de los otros.
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Creo que los animales transgénicos estarían entre los animales fantásticos y los que son creación o aberración de la naturaleza (animales normalitos y monstruos). Pero esto de las clasificaciones es muy complejo, nada fácil. En el infierno de Dante los homicidas están “clasificados” en el séptimo círculo. Van dos círculos por debajo de los iracundos y a un círculo por encima de los seductores, los aduladores, los simoníacos, los barateros, los hipócritas, los ladrones, los malos consejeros, los sembradores de escándalo y de discordia y los falsificadores. Es decir, en el Inferno los homicidas resultan ser un poco menos malos que los engañadores, los mentirosos y los defraudadores. Los traidores están a un círculo de Belcebú, que es lo peor de lo peor.
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En el papel quedan muy bien distribuidos los nueve círculos infernales y sus correspondientes nueve cielos del Paradiso, con los ángeles, bienaventurados, arcángeles, serafines y querubines. Pero es como esos cuadros sinópticos en que se apoyan los malos oradores, que a fuerza de ser mirados se convierten en cuadros hipnóticos. No nos aclaran nada.
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Una cosa es la verdad y otra la realidad. Constantemente las confundimos. Yo no sé dónde irían los del Prestige famoso. No me pregunto a qué puerto, sino a qué infierno. Me temo que la avidez, la estupidez y la crueldad humanas no estaban tan desarrolladas en el siglo XIII como se ha visto en los ocho siglos siguientes. Actualmente el séptimo círculo de los homicidas debería incluir a los criminales contra la naturaleza y a los criminales contra la humanidad. Entonces también debería ponerse al día el octavo círculo y añadir a los que van a disfrutar del campo en coches particulares. Esta modificación sería insostenible y desproporcionada, no podemos mantener a los que destruyen la naturaleza en un plano moralmente superior al de los que se contradicen a sí mismos o se autoengañan. Ya dije que no era fácil.
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Tenemos la sensación de que están ocurriendo cosas que nunca antes habían pasado. No sabemos qué es lo mejor de lo peor ni lo peor de lo mejor. Todo está revuelto. En la Costa de la Muerte siempre hubo naufragios. El nombre no es un mero reclamo turístico. El mar donde cada día se pone el sol, ha devuelto a sus playas barcos hechos añicos, ha dejado delicadamente –como quien está saciado- sobre sus arenales y calas, hermosos cadáveres de ahogados que las olas rolan, cargamentos enteros de mantequilla o de acordeones. “Fue –cuenta Manuel Rivas- en 1905. Naufragó el vapor italiano Palermo y nada se pudo hacer por rescatar a sus 22 tripulantes. Una música estremecedora hacía saltar el corazón de la costa da morte. El Palermo llevaba un cargamento de acordeones”. El Nil (1927) dejó en Arou botellas de champán, sedas, perfumes y hasta potes de leche condensada, delicias todas ellas exóticas. El Banora (1965) naufragó en su travesía a Hamburgo, dejó en Cabo Vilán una marea de mandarinas marroquíes. El mar lo devuelve todo. En los ochenta tuvimos el Cason. ...”Explotó y después empezó a arder a unas quince millas de Fisterra y dentro de las aguas por las que está prohibido el paso de cargamentos con grave riesgo para las personas, las autoridades son condescendientes, muy condescendientes, a lo mejor disimulan para ir tirando y no tener que trabajar demasiado, el barco tocó fondo en la punta del Rostro, el viento lo llevó a la playa y acabó embarrancando en la Anzuela, entre las puntas de Castelo y Pardiñas, llevaba treinta y un tripulantes a bordo y se salvaron ocho, transportaba una carga de productos químicos y por la zona hubo cierto miedo de que el aire se envenenase matándonos a todos y el agua se contaminase matándonos a los peces que nos dan de comer, los bidones llevaban una calavera con dos tibias y el letrero Inco 6 que sólo se pone a las mercancías muy peligrosas” (Madera de boj, Camilo José Cela, 1999)

Nada que ver los indefensos ahogados, las mandarinas hamburguesas, los acordeones, el INCO 6 innominado y el maldito “pichi”, en náutahl chapapote. Y nada que ver lo que pasa y lo que se habla. Dante sitúa los soberbios en el Purgatorio. Y luego está lo que no se ve. Eso que mira el perro de Goya.”

Publicado la primavera de 2003 en Conciencia sin fronteras.

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17.3.08

La evasión confirma la regla

e ha empezado a notar en la ciudad la evasión de Semana Santa. Suelen irse afuera precisamente los que hacen tanto ruido como elefante en cacharrería, que son además los que se desplazan más dentro de la ciudad para aquí y para allá, por lo que su ausencia se nota mucho. Y se disfruta. En verano, el apagón de los aparatos de aire acondicionado es una delicia y permite volver unos días a los tiempos en que pasábamos bien el calor protegiendo la casa del sol, tomando gazpacho y limonadas y pasando la mayor parte del tiempo quietos como lagartos. El último verano fui unos días a Boí, pero pasé gran parte de las vacaciones en Barcelona. Quedamos los ancianos, los emigrantes, personas cuya vida civil no tiene demasiado interés ni lo tendrá y otros ejemplares de la gran reserva. Y es que parece que haber ido y vuelto de Punta Cana, al Tibet o a la Selva Negra, da como conocimiento de causa y un bagaje cultural apabullante. Como si viajar fuera un sucedáneo de la experiencia, la libertad, la aventura y hasta el criterio. Porque he viajado puedo decirlo.
Si Punta Cana es, como me temo, como Cayo Largo (Cuba) -donde yo estuve 3 días en los ochenta durante mi estancia en La Habana por razones de trabajo- debe de ser también como Venus, el planeta que rige el amor pero que tiene una atmósfera en donde el principal componente es el ácido sulfúrico. Las playas de Cayo Largo, frente a Florida, tienen una arena blanquísima y el color del agua es turquesa opalino, bajo un cielo de tormenta seca que vira del marengo al zafiro y al azul eléctrico. Bajo los conucos y en las palmeras se ocultan miríadas de tábanos dispuestos a comerse vivos a los turistas por mucho ahuyentador que se echen. El agua está un grado centígrado por debajo de la temperatura del aire. Ahí están a gustito las iguanas y los tiburones, pero no vi nunca aves.
Creo que fue Vázquez-Figueroa quien en una de sus novelas explicó el final fulminante de la piratería mundial. La de parche en el ojo, loro y pata de palo, no la de la SGAE. Al parecer, hubo una especie de convención internacional precisamente en el Caribe de todos los bucaneros y filibusteros, para repartirse el mundo (remedando una especie de Tratado de Tordesillas). Pero hubo un huracán y deshizo las naos. Yo creo que la imagen de la catástrofe es muy sugerente y pictórica, cargada de fuerza, pero todo lo que estoy dispuesta a creer es que los piratas del Caribe se reconvertirían en negreros. El negocio es el negocio. Por otra parte, la verdad, ir a Estambul y que no te rapten o ir a Punta Cana y que no haya un huracán, es decepcionante.
Por razones que se me escapan o por el imperativo de las touroperadoras, hay una especie de moda o de tendencias en esto de las vacaciones. Hubo una época para Ibiza y otra para Turquía, dorada por los kilims y por la leyenda de que las mujeres corríamos el peligro de ser raptadas. Después de haberse superado el trámite de los circuitos europeos de relais chateux, ríos navegables, ciudades renacentistas, auroras boreales y demás, parece que luego ha habido una preferencia por Nueva York, el nuevo Berlín, Vietnam, la Patagonia, Japón y Etiopía. Yo nunca he estado en Marruecos, pero cuando tengo que ver las fotos de alquien que sí ha estado, reconozco perfectamente todos los sitios que se me muestran. Esto indica no ya que aún gozo (¿?) de una buena memoria sino que además las instantáneas son muy previsibles. Así, me permitía decir ante una esquina de Fez, "¿No hbía ahí una tiendecita de mesitas de taracea?"
Hiroshige Ando
Mi memoria me falla sin embargo al intentar recordar una vez en que presencié divertida como un amigo mío le describía a un conocido suyo el mercado de Bagdad o el de Damasco. El conocido acababa de llegar de allí (aprovechando un congreso, de médicos no de piratas) y no había percibido ni la mitad de la mitad de las cosas que le explicaba L.M., a pesar de que L.M. nunca había estado allí y lo que sabía es porque lo había leído. Así pasaba con Lezama.
El hecho de que haya cruceros por 750 euros y por 7.500 euros cubriendo los mismos circuitos da como miedo. Con la tarifa de 750 euros parece que uno se expone a soportar todas las incomodidades o absurdidades que se le echen sin rechistar. La de 7.500 euros exige, supongo, además de la tarifa, un fondo de armario muy variado y vistoso pero actuar como si ese viaje fuera uno más y no uno menos. Qué tensión. Me figuro que tiene que haber una tarifa entre la de 750 y la de 7500 euros para la franja de quienes tienen la hipoteca encarrilada o para los que ni siquiera la tienen y por eso gastan en viajes y en coches. ¿Qué niveles adquisitivos reflejan y no agotan esas dos tarifas?
He tenido que dejar por un momento este interesantísimo post para poner la lavadora y para escribirles simultáneamente -para aumentar mis posibilidades- un SMS a toda prisa a mi cuñada, a mi hermano y a mi sobrino:
"El paño fardero que ha dejado el viento cerca de vuestra terraza es mío. GRAN VALOR SENTIMENTAL. Marta". Qué zozobra he pasado. Está claro que no estoy para emociones fuertes.

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16.3.08

Cómo empeorar lo que sólo era malo o desgraciado

eí ayer en Terra:

“Un aviador alemán reconoce haber derribado el aparato de Saint-Exupéry.
El alemán Horst Rippert, de 88 años, ha reconocido ser el autor de los disparos que abatieron el avión que dirigía el literato francés Antoine de Saint-Exupéry en 1944 y cuyo cadáver nunca ha sido encontrado.
El hombre lo ha declarado al diario 'La Provence' que publica hoy el final de esa incógnita, gracias al trabajo de investigación llevado a cabo por dos franceses, un submarinista y un experto en búsqueda de aviones perdidos durante la guerra.
Saint-Exupéry despegó el 31 de julio de 1944 de su base en la isla de Córcega para una misión de reconocimiento a bordo de un avión 'Lightning P38', pero nunca regresó.
En 1998 un pescador halló entre sus redes una pulsera que perteneció al autor de 'El Principito' y seis años más tarde fueron encontrados restos del avión frente a las costas de Marsella pero no fue aclarado el caso.
'Pueden dejar de buscar. Fui yo quien abatió a Saint-Exupéry', dijo Rippert cuando fue localizado por los investigadores franceses, según el diario.
El piloto alemán llevaba dos semanas de servicio en la costa sur de Francia cuando en la mañana del 31 de julio de 1944 identificó un 'Lightning 38' y se dirigió hacia el aparato.
Según el relato que ha hecho, Ripper siguió al avión francés y le alcanzó con varios impactos, tras lo cual vio que caía sobre las aguas, pero no se percató de qué había ocurrido con el piloto.
'Fue después cuando supe que era Saint-Exupéry. Yo esperaba que no fuera él, porque en nuestra juventud todos habíamos leído sus libros y los adorábamos', ha explicado el hoy octogenario Rippert, que tras la Segunda Guerra Mundial fue periodista en la cadena de televisión ZDF.
'El Principito' es uno de los libros más vendidos en el mundo y ha sido traducido a más de un centenar de idiomas."
Después de volver a leer la nota de agencia en Terra, y de quedarme ligeramente encallada en la frase "no se percató de qué había ocurrido con el piloto", salté a "Le Monde" y allí leí que Horst Rippert comentaba que si hubiera sabido que el avión que bombardeaba estaba siendo pilotado por Saint-Exupéry, que no lo hubiera bombardeado.
¿Por qué siempre tengo la sensación de que muchas veces hablar sólo empeora las cosas? ¿Quiere decir el piloto Rippert que hubiera bombardeado a cualquiera excepto al piloto Saint-Exupéry?
*

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10.3.08

Post 91: El filo de la baraja

Vienne la nuit sonne l'heure
Les jours s'en vont je demeure
Le pont Mirabeau, G. Apollinaire

al y como se están poniendo los precios, este verano habrá que pedir seguramente un crédito para hacer el gazpacho. No ya con los pepinos de “Queviures Buil” (el colmadito de la esquina calle Duero/calle Sant Alexandre) que vende productos de payés, o del Punt Fresc que hay un poco más arriba, en la misma calle Duero, sino incluso para hacérselo de lo que venden en el Mercadona en la sección de transgénicos y productos de invernadero llamada “Verduras y hortalizas”.
La última vez que estuve en Fauchon me compré unas manzanas reinetas muy lucientes. Las guardé en el bolso y me las comí cuando tuve sed en Versailles, en la verja del Pétit Trianon de Marie-Antoniette. ¿Comió Marie-Antoniette manzanas como las de Fauchon? me preguntaba a mí misma ahondando en mi insondable ignorancia. A mí me interesó el Fauchon de los años ochenta, con las pirámides de naranjas valencianas junto a las judías verdes de Tanzania. Aquellas naranjas de naturaleza muerta poco tenían que ver con los membrillos de Zurbarán o con las congéneres que se amontonan en el mercado de Valencia, mucho más grandes, alegres y desacomplejadas. Fauchon ahora vende prácticamente todo envasado, con las conservas y las confituras en sus tarros y latas puestos como enciclopedias. Hasta me pareció oler a ambientador. A pesar de que tiene una bodega impresionante y hasta escalofriante, no es la juerga para los sentidos que fue en los tiempos en que Stavros Niarchos era uno de sus clientes. Cerca en la Madeleine el mercado de flores cautivas tampoco huele. En pocas palabras: ahora que nos preguntamos mientras nos miramos las pupilas azules a qué huelen las nubes, París huele cada vez menos (por no decir “nada”) a lácteos y a fermentos suaves, a gabardinas, al polvo enamorado de las ventanas.
A lo mejor se ha conseguido popularizar el almizcle y esencias vegetales derivadas del azahar, el tabaco y el cedro, pero predominan otras fragancias. El Paseo de Gracia, después de haber pasado una época patricia en que incomprensiblemente solo tenía el Samoa, La Puñalada y el Drugstore, después de las Olimpiadas fue literalmente invadido por terrazas donde se ofrecen fritanguitas y crudités para turistas. ¿No se darán cuenta los turistas de que en esos establecimientos sólo se sientan mayormente ellos? El café de Starbucks es mucho peor que el de Pans & Company, que ya es decir. No tienen aquel olorcito de fregona mal escurrida y de borra amoniacada que hay en las otras cadenas de cafeterías. En enero en el metro se respiran los perfumes baratos que nos regalaron para Epifanía. El final del invierno está sin embargo dominado por las chupas de cuero podrido que han absorbido todos los humos de todos los ceniceros de los bares nocturnos y de todas las planchas de los bares diurnos. Esas chupas huelen a baraja, a dinero usado, a lamparón, a resaca y -como diría García-Márquez- a fogón meado.
¿Cómo voy a saber a qué huelen las nubes si con tanto celofán y tanto poliestireno expandido no sé ya ni a qué huelen los tomates?


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5.3.08

El resto del tiempo




A word is dead
When it is said
Some say.
I say it just
Begins to live
That day
Emily Dickinson
·
Podría extenderme mucho sobre mi propia ignorancia, puesto que es algo que conozco. Iba a decir "bien" pero no lo digo por cohesión intratextual. Ya me gustaría conocerla mejor (la ignorancia mía) para saber donde he de rectificarme o cultivarme. Pero sólo en lo que me interesa, cosa que ya es pura ignorancia o ciega confianza en el instinto. Si sabemos qué no sabemos (con acento diacrítico y crítico en el "qué") ya estamos ahondando, ya estamos en un punto en donde todo parece posible. Si no nos regodeamos o hundimos en él, en el punto, puede dar de sí. Y "de no", como le oí decir un día a un cirujano en la radio, para referirse a que la barriga sólo podía dar de sí. Dicho sea de paso, a mí que un cirujano especialista en abdominoplastias y faldos postbariátricos no distinga un pronombre de un adverbio o que no sea capaz de distinguir las 22 formas del reflexivo "se" en español, me deja la mar de tranquila. Prefiero que se dedique a lo suyo. Otras cosas me ocupan.
·
El otro día en el metro iban hablando unos chinos y sólo entendí "discoteca". Ayer eran tres rusos los que hablaban y sólo entendí "Mercadona". De todas maneras la última vez que oí hablar a unas jóvenes dominicanas no entendí absolutamente nada aparte de que eran dominicanas. Mi torpeza con los idiomas se extiende a otros dominios que no tienen que ver propiamente con el lenguaje. Del mundo, el demonio y la carne, sobre lo que más entiendo es sobre el demonio. Por ejemplo, aún no sé si sobre el mundo o sobre el demonio, el 29 de febrero leí en "La Contra" de "La Vanguardia" una entrevista bastante inefable de Víctor M. Amela a Ignacio Martínez Pisón, el escritor que casi siempre escribe novelas sobre la Guerra Civil. Ya sé que no es decir gran cosa para situar al que no lo conozca ya, pero ahora mismo no se me ocurre nada más. Leí:
-"¿Escribe cada día?
Un par de horas después de comer.
-¿No hace jornadas maratonianas?
No, no, pequeñas dosis. De estar más rato escribiendo no rendiría ya lo mismo.
-Y el resto del tiempo, ¿qué hace?
Medito argumentos, leo, visiono DVD, paseo...
-Vida cojonuda, la del escritor.
Vivo bien: ¡la literatura ha sido generosa conmigo! La literatura me ha dado la felicidad. Y creo que traspaso esa felicidad a lo que escribo. ¡Yo no tengo motivo de queja!
-Qué raro, qué raro, un escritor que no se queja...
¡Somos varios los escritores que vivimos de nuestro trabajo!".
·
De verdad que no acabo de entenderlo de puro claro que es y, cuanto más lo leo, más dudas me suscita. Yo creía que la escritura exigía más dedicación e incluso algo de obstinación y ensimismamiento. He llegado a pensar que el entrevistado, para no complicarse la vida, dio al periodista unas respuestas que no dieran pie a más preguntas. Es un arte el de callar. Las dos afirmaciones que más me llamaron y llaman la atención son la de que escribe "un par de horas después de comer" y la de que son "varios los escritores" que viven "de su trabajo". "Varios" parece que excluye "muchos". Dada mi condición de mujer trabajadora que escribe todo lo más un blog, no deja de llamarme la atención que la vida de Martínez Pisón no se vea perturbada o distraida por tener que planchar, cumplir con sus obligaciones como presidente de la comunidad de propietarios de su bloque, atender algún enfermo familiar o ni que sea acudir a actos de promoción librera o a compromisos editoriales. Y a aquello del asinus asinum fricat o del amiguismo tipo "hoy por mí, mañana por ti". He observado que los artistas mediocres que prosperan cuidan sus habilidades sociales por un lado y por otro no tienen escrúpulos. Digámoslo así. No sé, daría vueltas y vueltas alrededor de la puñetera entrevista y no sacaría nada en claro. No es que crea o deje de creer a Martínez, es que no puedo entender lo que dice.
·
La entrevista me hizo recordar una novela histórica que publicó Maria Grazia Siliato, Calígula. Siliato es una arqueóloga suiza de lengua italiana que no empezó a ganar dinero hasta que publicó en el otoño de su trayectoria profesional como historiadora Calígula. Creo que la diversidad de escritores que hay es inabarcable. Desde el negro hasta el negrero, desde los llamados hasta los elegidos, hay una gama muy extensa y variopinta. El mercado refleja sin embargo una masa bastante uniforme sobre todo por lo que respecta a los productos. Lo de los premios literarios es un enigma cuando no es un mero pasteleo.
·

Me he visto en la obligación de cumplir con esta entrada de mi enciclopedia ciclópica, la de los escritores de oficio, pero me abruma y no puedo más que exponer abiertamente mi ignorancia como prueba de honestidad y de método. También debo admitir que hace años que apenas leo novelas y que intento estar, ante lo que no entiendo, como las figuras de la calle de Vermeer. A lo mío. No debería obstinarme en seguir leyendo los diarios.

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1.3.08

Enfermedades raras



A Hank Coppus


Ayer, un día bisiesto raro, se señaló como el día de las enfermedades raras o poco frecuentes. Por la noche leí:

"En cambio su propio hijo no le dio más alegría que la de la esperanza, cuando Marfa Ignátievna estaba encinta. Pero cuando nació, Grigori sintió el corazón transido de pena y horror. El niño había nacido con seis dedos. Al verlo, Grigori quedó tan abatido que no sólo guardó silencio hasta el día del bautizo, sino que iba adrede al huerto a cavar. Era primavera; durante tres días cavó bancales. Al tercer día, había que bautizar al niño; para entonces, Grigori ya había discurrido algo. Entró en la isbá, donde se habían reunido los popes y los invitados y donde había acudido el propio Fiódor Pávlovich en calidad de padrino, y declaró de repente que al niño "no debían bautizarlo de ningún modo"; lo declaró en voz baja, sin explicaciones, articulando apenas las palabras, mirando sólo obtusa y fijamente al sacerdote.
-¿Por qué? –le preguntó éste con divertida sorpresa.
-Porque... es un dragón –balbuceó Grigori.
-Cómo, un dragón, ¿qué dragón?
Grigori guardó silencio unos momentos.
-Ha habido un embrollo de la naturaleza... –balbuceó, por lo visto sin ganas de
extenderse más sobre el particuar.
Se rieron y desde luego bautizaron a la pobre criatura. Grigori rezó con fervor junto a la pila bautismal, pero no modificó la opinión que tenía del recién nacido. De todos modos no puso dificultades a nada, sólo que durante las dos semanas que tuvo de vida el enfermizo pequeñuelo apenas lo miró, ni siquiera quería reparar en él y se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de la isbá Pero cuando el niño murió de afta a las dos semanas, el propio Grigori lo puso en el ataúd, lo contempló con hondísima pena y, cuando cubrían de tierra la pequeña y poco profunda tumba, se hincó de rodillas y se inclinó hasta tocarla con la frente".
·
Gracias a los ecos del día de las enfermedades raras pude ver que el pequeño de la novela de Dostoievski probablemente padecía el síndrome de Joubert. Ayer había visto algo en uno de esos periódicos que no se vende, el ADN tal vez. Esta casualidad es para mi idéntica a haber encontrado una homónima (Marta Domínguez Senra) que presentó un debate sobre El nombre de la rosa, el día que publiqué el post de
"El nombre de la cosa". Y también tiene un qué fractal respecto al hecho de que mi madre perdiera la alianza de mi padre el día que me recreé en la historia del anillo de Polícrates. Aquel día se puso las alianzas al revés y la de mi padre era demasiado grande. No creo que la recuperemos dentro de un pez.
·
Mi rara condición, la de que mi cabeza funcione como una especie de antena pero sin servir para la videncia, no sirve para nada. No puedo evitar nada, no puedo adivinarlo, no lo entiendo ni mucho menos, sólo soy testigo de los refinamientos del destino. O del azar.
·
He transcrito el texto de Los hermanos Karamazov porque creo que trasmite muy bien el sentimiento del padre que tiene un hijo deforme o enfermo. Pero no excluyo que pueda haber otra reacción. Lo que nunca he entendido ni quiero entender es aquello que se oía –por lo menos cuando yo era una niña- en los patios de los colegios: "Ojalá que te mueras de cáncer". O cosas por el estilo, que las hay aunque no sean tan claras. Como por ejemplo el asumir que la salud representa fielmente el valor intrínseco de cada cual. Hasta donde yo sé no hay ninguna línea de investigación en este país sobre la salud (craso error) y mucho menos sobre la salud de los que se creen mejores que nadie o la de los que se creen peores que nadie. Verdaderamente los que están en ese error, los que se creen que tienen salud porque naturalmente son mejores que nadie, acaban recibiendo de manera inexorable la lección de la vida (que no del destino o de la suerte). La vida les muestra a una amiga que estaba buenísima con un tumor en la matriz, o un familiar que sabía hacer hasta la declaración de Hacienda con una enfermedad degenerativa, una enfermedad de Cohn que se maligniza, o a un compañero de trabajo que cae derrumbado tras un síncope o un golpe de calor de tres al cuarto. Por no decir nada de lo que les pueda caer en carne propia. A veces, los que se creen peores que nadie se descuidan o directamente se maltratan (beben demasiado, fuman por demás, no hacen ejercicio alguno). Otras veces, los que se creen peores que los mejores simplemente caen enfermos y encima de estar enfermos y de tener que padecer el sistema sanitario (o no) deben asimilar las teorías mal asimiladas del karma y otras lindezas.
·
Veintitrés años trabajando en el Institut Català de la Salut me permiten decir lo que precede con conocimiento de causa y que cuando un enfermo dice "no puedo más" indefectiblemente es que está empezando. Más no sé. Gozo de una buena mala salud. Quiero decir que tengo la tensión baja, sobre todo en primavera, y que aunque quisiera -que no quiero- no puedo fumar porque se me atrancan los pulmones. Tampoco puedo beber de más porque mi vesícula es una birria y no me deja ni comer un chocolate con churros como Dios manda. Me tengo que comer medio churro. Si no duermo mis horas después estoy como una piltrafa y lo veo todo más negro de lo que es. Por lo demás, cada día tengo que hacer mis ejercicios de taichi para poder soportar el estrés. Si no caminara, como camino, a diario y si no hiciera mis caminatas del fin de semana, ya estaría en el otro mundo.
·
La primera vez que distinguí con claridad la diferencia entre vida, suerte y destino, fue cuando tuve que rechazar una, digamos, oferta de matrimonio. Mi respuesta fue que había tenido la suerte de conocerlo, que no estaba en mi destino, pero que quería que siguiese estando en mi vida. Ya lo sé que resulta un poco cursi o pomposa. Fue una respuesta espontánea, nada elaborada, y creo que mi amigo australiano se quedó medio bien. Sin embargo, desde entonces son tres elementos como tres puntos cardinales que me sitúan en todo momento ante lo que me va llegando y ante lo que voy dejando. 

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