29.6.08

Agua


e dejó algo decepcionada el libro de Joaquín Araújo sobre el Agua. Joaquín Araujo, entre cuyos cargos se encuentra el de presidente del Proyecto Simio de preservación de chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes, da su nombre a un libro que tiene formato de coffee-table book, que es muy pesado y que extrañamente no indica el tipo de papel que se ha empleado en su impresión. Lo digo porque Araújo en su web ostenta una biografía en la que destaca el apartado de dimisiones por razones mucho menos nocivas o cuestionables que la acidez del papel. Araújo creo que acompañaba a Félix Rodríguez de la Fuente en aquellos documentales que en mi opinión eran horrendos y se refocilaban de manera sensacionalista en algunas costumbres de la fauna que ofendían el buen gusto y el naturalismo. Aún hoy, muchos años después de las emisiones de "El hombre y la tierra", cuando simplemente oigo la sintonía en el móvil de un compañero de trabajo, me indigno. Mi indignación no ha disminuido ni ha aumentado, tampoco se ha transformado. Es una indignación totalmente evolucionada.



En cuanto al naturalismo mi sensibilidad está cerca de Ignacio Abella, por ejemplo, cuyos trabajos son una muestra del consabido pensamiento global de acción local, de sabiduría, de una elegante sencillez y de un rigor que me parecen ejemplares. El libro de Araújo por el contrario tiene muchas fotografías, todas ellas de autores muy reconocidos de Magnum o tipo National Geographic. Sin embargo, tiene solo un 2 % de texto, y eso porque está en inglés y en español. Como estoy en mi blog me permito la libertad de decir que parece un libro hecho con mucho dinero (¿de la Exposición de Zaragoza?) pero con pocos frutos. Es un poco como el prestigiado Premio Príncipe de Asturias, que a mi entender tampoco sirve para nada porque ratifica valores ya cotizados y porque es el único esfuerzo por lo cultural o lo científico del principado que trasciende. ¿Se hace algo más? ¿Se nos pretende hacer creer otra vez más que la cultura también es una cuestión de dinero?
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El recorrido que sugiere la antología de Araújo o al que él ha dado su nombre está con creces compensado por el post que el Hermitaño publicó esta semana que secundo totalmente. Una delicia. Las fotografías, volviendo a lo dicho, pertenecen a autores famosos e incluso algunas de ellas son famosas por sí mismas, como la de la boca de incendios de Harlem con la que se refrescan gozosamente dos negros, de Leonard Freed, o la del hombre saltando un charco , de Henry Cartier-Bresson, la pareja bajo la lluvia de Cristina García-Rodero, o la del segregacionismo, de Elliot Erwitt. Con muchas fotografías, las "tipo National Geographic", me pasa como con la publicidad estupendísima de los diarios. Me explico: por ejemplo, al hojear diarios como "El País", y ya no digamos "La Vanguardia", me sorprende ver a todo color artículos de lujo que nunca alcanzarán la mayor parte de sus lectores más que en un exceso o extravagancia que les saldrá cara. Un coffee-table book como el de Araújo tenía que llevar las cataratas de Iguazú y una imagen de los icebergs a la deriva en la Antártida, además de los acantilados de Moher, algún atolón polinésico, un arrecife caribeño y por supuesto un niño oriental o africano cargando agua. Paradójicamente para tomar esas fotografías el pijerío tiene que consumir una enorme cantidad del enemigo principal del agua: el petróleo. Hay que decir a favor del libraco que hay también una imagen de un avión "eurofeo" surcando el firmamento y dejando una nube apestosa y sórdida.
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A pesar de que en el libro aparecen imágenes que ilustran el loto a flor de agua, el parto en piscina, la cloaca, el acueducto, la noria, la presa, el arrozal, el Ganges lejos del Himalaya, el agua que alivia de la sed y el calor; a pesar de las imágenes del agua-océano, el agua-río, el agua-glaciar, el agua-delta, el agua-orilla, el agua termal, el hielo convertido en agua, el agua convertida en hielo, en cristal, en espejo, en carámbanos, en barrizal, en ola, en tsunami, en chapapote..., noto a faltar la humedad, el manantial, el torrente, la alfaguara, la corriente, el remolino, el aljibe, la espita, el puente, el arroyo, el cauce seco, la nube, el granizo, el rocío, el orballo, la escarcha, el vapor, el arco iris, la avalancha, el alud, el aluvión, la ensenada, el delta, el fondeadero, el pozo, la acequia, el abrevadero, la marea, la resaca, la marejada, la marejadilla, el promontorio, el buen puerto, el barco hundido, el ahogado, el chapuzón, el agua bendita, la humilde burbuja, la espuma venusina de las orillas, la pompa de jabón, el estanque dorado con sus carpas y el botellín de agua del grifo que lleva la vieja en el bolso y que bebe a gollete cuando le da la tos seca. Que sin agua no se puede vivir.
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Dejo como track de regalo en el tocadiscos virtual una canción de la angloindia Susheela Raman, sobre Maya, lo ilusorio. Así como ayer decía que "Hurricane" tenía un arranque incomparable, hoy digo que "Maya" tiene un final glorioso. La buena música es capaz de despertar una alegría embriagadora. Me hago un lío con el sánscrito y nunca sé si es bhakti o shakti, confusión que viene a ser como la que hay entre el seso y el sexo en los hablantes gallegos. Pero, ¿acaso no son lo mismo?

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23.6.08

La terraza indiscreta


Desde mi ventana, como se suele decir, no se ve gran cosa aparte del cielo. Da un gran patio interior parecido precisamente al de la película de Alfred Hitchcock (Rear window, 1954). Vi La ventana indiscreta en pantalla grande en Madrid, a finales de julio del 1983. El calor era enloquecedor y disfruté doblemente de la película. Por la obra y por el fresquito. Digo que aquellas tiras del TBO de "La rue del Percebe" eran pero que mucho más animadas que el patio de mi casa, que cuando llueve se moja como todos los demás. Hay una pajarera de unos tres metros de diámetro, un rosal, un jazmín, una fuente de surtidor con cabeza de león de cerámica esmaltada, un laurel y una maría que la cortaron antes de Navidad. Un día se oyeron unas risas, me asomé y vi que la maría ya no estaba. Pues a lo tonto a lo tonto levantaba cosa de 2 metros.


La terraza más grande del patio la tengo enfrente, como la escena del crimen que observaba James Stewart desde su ventana. Entre mi cuñada, que vive dos pisos más abajo que yo, y servidora, hemos podido completar más o menos una versión aceptable de lo que deja ver la terraza. Mi cuñada ve lo que pasa en la terraza como un teatro de guiñoles, sólo las cabezas. Nuestra versión se ha confirmado con el tiempo (el mayor indiscreto) y con otras informaciones que hemos obtenido: 1) de la peluquera de nuestra calle; 2) de un funcionario de Correos que trabaja en la oficina que está precisamente bajo la terraza en cuestión. El cartero reparte hace años donde vive mi madre y le pedí a ella que le tirara un poquito de la lengua en una ocasión muy determinada y que como se verá lo merecía.
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El año 1987 me instalé en mi apartamento, donde aún –por decir algo- vivo. La terraza mencionada era entonces un cuchitril en donde siempre había tres o cuatro niños pequeños muy revoltosos que contribuían al desorden. Se les veía felices y sanos. Siempre había ropa tendida, en el sentido literal, y reproducía fractalmente el mismo desorden y desaliño que el resto del escenario. A ver: la ropa hay que tenderla de menor a mayor, de delante hacia atrás y emparejada, no se deben mezclar las coladas de color con las blancas y el rojo hay que lavarlo aparte. No sé si me explico. La ropa se debe lavar del revés, hay que sacudirla y airearla antes de colgarla, y hay que tenderla bien extendida para que le de bien el sol, no le queden escogorcios y se seque por igual. Aviso a navegantes: la palabra "escogorcio" no está en el DRAE y tal y como van las cosas tiene menos posibilidades que la palabra "miembra", pero yo la doy por válida y vigente. Por otra parte, yo le aconsejo a mis amigos varones que se busquen mujeres limpias, porque además de tal virtud seguro que tienen las hormonas disparadas y eso también las hará amenas en otros ménages. Tout à fait.
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Aquella familia numerosa se fue al poco de llegar servidora. Desde mi ventana indiscreta vi un día que ponían un toldo, luego unas plantas, mesa, sillas, un tendedero y dos jaulitas. A las ocho en punto de la mañana todos los días del año aparecían, como en un reloj de cucú una pareja de ancianos que siempre hacían exactamente lo mismo y en el mismo orden (cambiar el agua a los canarios, ponerles a cada cual una hojita de lechuga, regar, barrer, etc. Hasta los andares un poco rígidos de los viejos recordaban un mecanismo de relojería. Algo nos hizo sospechar a mi cuñada y a mi que eran andaluces y, para más exactitud, sevillanos y de los callados. Nuestras conciliábulos se veían amenizados por las protestas de mi hermano, quien lejos de desalentarnos con su desaprobación, nos animaba aún más. Como suele ocurrir.
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El hijo de la pareja de tiroleses-sevillanos no era ni bajito como la madre ni alto como el padre, pero era y es tremendamente gordo y cincuentón. La precisión suiza de la terraza se desmanteló cuando apareció la cubana. Sí, una octavona joven, de ojos verdes y andares criollos que pronto se quitó a los suegros del medio. Sus ojos no eran verdes como el trigo verde ni como la albahaca o el verde limón, eran verde iguana. Advertí un día desde mi hamaca, cuando esperaba el garbí (un vientecillo que aligera las tardes más tórridas de Barcelona), que la cubana tomaba el mando y cambiaba el canal del televisor que se ponían afuera. Sin pedir permiso. Miré la expresión del suegro y vi que contenía su sufrido desagrado. No duraron mucho. Uno de los dos se puso enfermo y al otro lo institucionalizaron, como se suele decir en el lenguaje socio-asistencial. De repente se dejaron de ver y de repente apareció otra cubana más, idéntica a la primera. En el piso de encima iban cambiando las palmas de los niños año tras año, pero el decorado apenas se movía a no ser por la cubana.
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Supe el nombre de mi vecino por dos razones: la primera porque la cubana le llamaba constantemente "¡¡¡Juan!!!" al principio de su matrimonio, aunque cada vez menos hasta que se dejo de oír por completo supongo que en proporción a lo que esperaba de él. La segunda razón por la que sabíamos que se llamaba Juan es porque las verbenas siempre las celebró a lo grande. Con música, confetti, farolillos, matasuegras (con perdón), petardos (con perdón también), fuegos artificiales y comida y bebida en abundancia. Cuando se fue la cubana idéntica se vino la madre. Se estuvo cosa de un año. Supimos que era la madre gracias al cartero, como de alguna manera ya anticipé. Además supimos que Juan era el director de la estafeta. Luego la vi a ella saliendo un día de mi peluquería y supe por la peluquera que se había puesto a trabajar en el Maxi-pan y que se llamaba Anaís. La verdad es que no se podía llamar de otra manera. Una tarde resonó en el patio indiscreto como un resplandor premonitorio la frase "reagrupación familiar" y caí que precisamente nunca comían juntos los tres. Nunca coincidían la suegra y Juan.

Al poco tiempo, desaparecieron las dos y supe por la peluquera que se habían separado y que ella no había podido quedarse con el piso, aunque intentarlo lo había intentado. Hecho de menos sus comentarios rellenando el patio, cuando se leía o se miraba la revista Hola. Comentarios impagables.
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Aquel verano vi un caco en el tejado del bloque de Juan y fui a la mañana siguiente a la oficina a avisarlo, de manera que desde aquel día nos saludamos. Ahora ya casi no sale a la terraza. Antes, cuando vivían sus padres, se ponía en la bicicleta estática con una cerveza a ver la televisión. Pero de eso hace mucho. Lo que sí mantiene es la celebración de su santo. Cada veintitrés de junio celebra la noche de San Juan con una verbena que no baja de veinte invitados. Se gasta un dineral en fuegos y no se puede dormir de ninguna manera. Hace tres años yo creí que no habría verbena. Se había comprado una perra y pasadas 3 o 4 semanas desapareció. Desapareció él. Servidora estaba con sus oposiciones y sus suposiciones, me jugaba el puesto que desempeñaba. Los lamentos del animal por la noche cada noche magnificaban como un altavoz mi propia desesperación. Quien lo probó lo sabe. A la perra, Trufa, le echaba de comer un hombre cada día, pero no jugaba con ella y la pobre bestia se desvivía cuando marchaba. Finalmente, al cabo de dos (!) meses, a primeros de junio, apareció Juan con una costura en el pecho como de una operación de corazón con circulación extracorpórea. Es igual, celebró la verbena lo mismo. Y esta mañana ya estaba otra vez limpiando la terraza y regándola con sus boxer azul cielo.

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21.6.08

El esfuerzo, la constancia y todo lo demás

Le dejé el otro día un comentario a El sexo de las moscas, del que soy asidua y atenta lectora, a un post labrado sobre el esfuerzo y la constancia en el que poco más o menos escribí: "Parafraseando a Wilde, quien dijo algo así como que todo lo que puede ser enseñado no merece la pena, diría que todo lo que depende del esfuerzo no merece la pena". La pereza no llega a pertenecer al mismo orden lógico ni ético ni tiene que ver con el tedio y las sospechas que me inspira el afán de superación y ya no digamos el buenismo.
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Creo que mi posición moral está en un lugar perdido e invisible entre Bartleby y Bartlebooth, éste último no tan conocido como el personaje de Melville. Bartlebooth, uno de los numerosos personajes de La vie mode d'emploi, de Georges Pérec, pinta acuarelas que luego hace cortar en piezas de puzzle para después recomponerlas. Es fundamental señalar que Bartlebooth sabe que no está especialmente dotado para la pintura y mucho menos para la técnica de la acuarela, que parece ser que es la más difícil. Servidora, sin embargo, estudia guitarra.

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En mi vida laboral he hecho demasiadas veces tareas inhumanas y se me han confiado faenas (en los dos sentidos de la palabra faena) alambicadas y tremendamente alienantes. No me ha sido difícil -todo lo contrario- desentenderme de ellas y cumplir aquel precepto del yoga por el cual debemos desprendernos de los frutos de nuestros esfuerzos. Además, como por regla general los resultados de mi trabajo de hormiguita se los apropian mis superiores jerárquicos, hasta pasaría por santa si no fuera porque deseo a veces que todo sea inútil incluso para los superiores jerárquicos. No vivo bajo la presión del éxito, como dirían las Guerrilla Girls.
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Más allá de la cultura del esfuerzo y la constancia y los milagros luteranistas está la matraca del crecimiento personal (a la que espero que le queden dos eurovisiones), pero -en este caso, sí, por pura pereza- me voy a limitar a la manía de la productividad, de las encuestas de opinión y del individualismo. Como mucho habría que tratar de definir los frutos del esfuerzo penoso en este caos organizado kafkiano, la pura carambola del principiante y las mañas de los tramposos. Pero es que me da una flojera... 

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11.6.08

Al pan pan



Leí recientemente en Bajo otra identidad, las anotaciones de Luis XVI en su diario el día de la toma de la Bastilla:
"14 de julio de 1789: Nada de importancia.
4 de agosto: Cacería de siervos en el bosque, se mató uno; el viaje de ida y de regreso lo hicimos a caballo.
7 de octubre: Nada de importancia ; mis tías llegaron al almuerzo".
También nos recuerda este post espléndido, impresionante, la célebre frase que se suele atribuir a su mujer, Marie Antoinette: "Le peuple n’a pas de pain? Qu’il mange de la brioche" ("¿No tiene pan el pueblo? Que coman brioche").
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Como se sabe, Luis XVI fue ejecutado en la guillotina. El proceso contra el Borbón rey de Francia y Navarra empezó el 1 de diciembre de 1792, bajo cargos de alta traición. Fue sentenciado a muerte en la guillotina el 21 de enero de 1793, por 361 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones. Marie Antoinette de Austria fue guillotinada el 16 de octubre de 1793 tras un proceso terrible.
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Sí que parece ser con toda probabilidad de Marie Antoinette una palabra que pronunció cuando subiendo al patíbulo tropezó con el verdugo: "Perdón". Si la cosa no hubiera acabado como acabó, hasta tendría su gracia.
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La buena educación es algo que servidora valora mucho. En general suelo disculpar la estupidez, mi estupidez, la incultura, mi incultura y la mala educación (nunca si se dan a la vez, que eso es intolerable), pero siempre he creído que la buena educación está para cuando no nos entendemos. Porque está claro que no nos entendemos. Sospecho –aunque mi sospecha sea prejuzgadora o políticamente incorrecta- que el verdugo no correspondió a la reina con un "Il n’a pas de quoi" o un "Je vous en prie" o con otra gentileza del siglo porque carecería de esos automatismos del trato cortés. 

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En fin, antes de dispersarnos y llegar al sexo de los ángeles, debería centrar el tema y advertir que tal vez el equivalente de la inconsciencia de Luis XVI sería la web de Mercadona que acabo de consultar. Hace media hora estuve en uno de sus establecimientos y apenas había unas pocas patatas (unos 3 kilos a 1 € el kilo), algunas latas de Coca-cola zero, huevos y algunos lácteos de los que no necesitan nevera. Por no haber no había ni lejía ni cerveza. La web de Mercadona de esta tarde no informa de la situación, ajena a la realidad y hasta a la verdad, anuncia su nueva línea de desodorantes antitranspirantes, una salsa para caracoles con pimienta, cilantro, cayena y guindilla, y la barra de labios de acabado impecable. En honor a la verdad (y a la realidad), estoy en condiciones de afirmar que en el establecimiento al que fui hace media hora aún quedaban productos cosméticos en abundancia y que las estanterías de salsas y otros productos conservados estaban a rebosar. Pero no habían alimentos frescos. Habían vendido hasta aquel queso irlandés amarillo que es más malo que pegarle a un padre con el calcetín de un cartero.
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En el hospital donde trabajo (1300 camas y una plantilla de 6400 personas) nos comunicaron por correo electrónico a todo el personal que, tranquilos, que quedaban existencias para cuatro días. Por mis cuentas, como ese comunicado fue el viernes, mañana estaremos verdaderamente a dos velas, tiesos, aunque parece que se ha llegado a un pacto inicial y que las fuerzas de seguridad han actuado para desbloquear los puntos más crispados, como por ejemplo La Jonquera. Tenemos un camionero con quemaduras muy graves en todo el cuerpo, en Alicante, y un piquete muerto en Granada. Se ha llegado demasiado lejos.
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Mientras tanto, el blog de Bibiana Aído, la ministra d’Égalité, Liberté y Fraternité veo que no explica nada de su propuesta de elevar por decreto la palabra "miembra" al DRAE, al BOE, a "El País" y a lo que haga falta. Está con lo de la línea de atención telefónica a hombres. De pensar el sueldo que le quedará de por vida a esta mema arrastrada –sí, "mema" y "arrastrada"- por haber servido como ministra al gobierno de España, no sabe una si cortarse las venas o dejárselas crecer. No sabe una si tomar la única cerveza que le queda o el culito de lejía de la reserva. Aún me acuerdo del susto que tuve un día, pocos antes de mi examen para el Graduado Escolar, cuando apareció el director –Laureà Vilalta Mata, d.e.p.- para comunicarnos que desde aquel día ya no se ponía acento sobre la "e" en la palabra "fue" y para explicarnos el motivo. Del motivo, ¿para qué nos vamos a engañar?, no me acuerdo, aunque se trataba de rectificar una contradicción ortográfica. Lo que si recuerdo es mi conmoción al ver que no se le tenía ningún respeto a las palabras y al uso consuetudinario. De verdad, en el disparatado supuesto de que tuviera que elegir entre pasar mis vacaciones obligadamente con Bibiana Aído o con Marie Antoinette, a no dudarlo me iría ya sabéis con quien. Aunque nos fuéramos de cabeza a un taxidermista


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6.6.08

De profundis (1)

La piel es lo más profundo

Paul Valéry

op hat (dir. Mark Sandrich, 1935), conocida como "Sombrero de copa" en España, es mi película preferida de Fred Astaire. Se ha dicho que las comedias musicales son inverosímiles porque en la vida real nadie se pone de repente a cantar o a bailar. Como en mi vida irreal y real se canta y se baila, las comedias musicales me resultan hasta realistas. Suelo combatir homeopáticamente las machacantes músicas de espera de las líneas telefónicas entonando una imposible versión flamenca de "Suzanne", silbando el duetto de Lakmé con el entusiasmo de todo el Coro Rojo cantando "Kalinka", con palmas, zapateado y todo. Sobre todo con todo. Y si no canto "I can’t get no satisfaction" o "Te estoy amando locamente", "Y todo a media luz" o "Quiero que vivas solo para mí y que tú vayas por donde yo voy" es por no crear equívocos.
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Es en Top hat donde Fred Astaire canta "Cheek to cheek", de Irving Berlin, por primera vez. Es una canción que por estar hasta estuvo en el repertorio de Sara Montiel. Pero también es inolvidable la primera escena, cuando se conocen los personajes respectivos de Fred Astaire y Ginger Rogers, tras un solo de claqué de él que no la deja dormir. Ambos están en un hotel y ella se encuentra en el piso inferior. Ella se queja y entonces Fred Astaire se enamora a primera vista. Cuando Ginger Rogers vuelve a su habitación con su suntuoso deshabillée de satén, Fred Astaire extiende la arena del cenicero del hall y da unos pasos de claqué pianissimo y smorzando. Arrastra los pies sobre los haces de granos produciendo un sonido sordo, más rasposo que las escobillas de percusión, suave y gentil. Y con mucho swing. La ceremonia nupcial del pingüino emperador o el cortejo protopático prehipotalámico del hipopótamo no son menos delicados y hermosos. 


Hay por ahí quien sólo cree en la música que se extrae de los pianos o todo lo más de algunos instrumentos de cuerda, entre los que no se incluyen ni la pi-pa china (laúd chino) ni la kora, ni la rababa egipcia ni tampoco la guitarra. Uno de los instrumentos que no ha conseguido prosperar en la música culta es el theremín o eterófono, en donde el sonido es generado por los movimientos de las manos del intérprete dentro del campo magnético generado por dos antenas, una que controla el tono (en los diestros la izquierda) y otra el volumen. Clara Rockmore (1911-1998), de soltera Clara Reisenberg, la mayor virtuosa del theremín, ha sido llamada la "diva del éter". Providencialmente o no, una dolencia ósea provocada por los años de desnutrición en su Lituania natal le imposibilitó seguir su carrera como violinista. Conoció en Estados Unidos a Lev Sergeyevich Termen, ruso como ella y el inventor del theremín (de su nombre afrancesado: Léon Théremin), que vió en Clara la oportunidad de elevar su sintetizador a la categoría de instrumento musical:
"Cuando la joven Clara elevó sus brazos delante de las antenas del theremin, la sensación fue diferente a todo lo que había experimentado con anterioridad. Cada mínimo gesto de sus brazos y dedos bien calibrados de violinista, así como una madurada sofisticación musical, le hacían adoptar una pose tan natural como caminar o respirar, mientras puntuaba el aire con su música. Aquella demostración impactó a todos los asistentes, dado que desde un principio Clara fue capaz de extraer del instrumento notas con gran precisión, algo que casi nadie podía hacer nada más ponerse delante del theremin, y menos de un modo instintivo (Biografía de Clara Rockmore por Pablo Freire)".
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Curiosamente, cuando Clara Rockmore ya había dado muchos conciertos, se le propuso interpretar al theremín la música que Miklós Rózsa compuso para "Recuerda" (Spellbound, dir. Alfred Hitchcock, 1945). Sin embargo la instrumentista rechazó la sustanciosa oferta que se le hizo debido al uso frívolo que en su opinión se le dedicaba al eterófono: crear sugestión, terror, angustia y efectos, convertir su sonido en una atracción de feria. Pero unos años antes de rodarse la célebre película de suspense, se presentó el 1 de abril de 1932, en el Carnegie Hall, el terpsitone inventado por Termen:

"El 1 de abril de 1932 tuvo lugar la presentación en el Carnegie Hall del terpsitone, el nuevo invento en el que Termen había estado trabajando durante diez años. En el marco de un concierto eléctrico el inventor presentó además del terpsitone varios de sus instrumentos, como una orquesta con 16 thereministas, el theremin de teclado, el rhythmicon, el theremin cello y el Illumovox, un instrumento óptico que generaba variados efectos lumínicos dependiendo de los cambios de tono efectuados con un theremin. El terpsitone se trataba de un instrumento de control espacial con el cual el bailarín podía controlar el sonido mediante sus movimientos. Una plancha metálica aislada debajo de la plataforma de baile actuaba como antena para el tono, registrando el movimiento de elevación del cuerpo y el cese del mismo, como cambios relativos en el tono. El funcionamiento básico era el mismo que el del theremin, si bien el volumen y el vibrato eran controlados separadamente por un operario detrás del escenario."
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Hay en youtube y en goear sendas grabaciones de "El cisne" de Saint-Saëns interpretados al theremín por Clara Rockmore. En la actualidad el instrumento no ha sido olvidado e incluso sorprendentemente no sólo aparece en los conciertos de músicos electrónicos como Jean Michel Jarré o Víctor Estrada, sino que cuenta con un festival propio anual en Ashville (Carolina del Norte). En la web del theremin hispano hay a día de hoy 704 inscritos, de los cuales 154 tienen el instrumento.
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Lo que me resulta emocionante del theremín es la posibilidad de poder "tocar" la música, lo que me resulta impresionante es cómo Terme aplicó sus conocimientos de la electricidad en la física del sonido y cómo vió la música materializarse a través del cuerpo y las manos de la mujer que amó prácticamente toda su vida sin ser correspondido. No es extraño que Termen fuera un gran bailarín.
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El theremín en sí, como me ocurre con todo lo que en alguna ocasión he deseado profundizar, me puede saturar, embotar, aburrir. Y es que en mi naturaleza prevalece el sentido del tacto, como en mi padre, con quien no nos entendimos nunca hablando pero siempre bailamos como si fuéramos más aún que un solo cuerpo.
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6 de junio de 2008

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5.6.08

Black and white (el final del tunel)


Foto: "The walk to paradise garden", 1946 (Eugene Smith)

"Me he resistido en estos últimos meses a confesar públicamente mi simpatía hacia Barack Obama para no interferir en lo más mínimo en el proceso de elección que estaba desarrollando el Partido Demócrata. Quienes me han pedido un pronóstico en privado saben que, sin lugar a dudas, aposté claramente por Obama." El cuaderno de Pepe Blanco (Pepiño Blanco), 4 de junio de 2008.