29.6.09

Bip-bip


l sábado por la mañana estuve en la Llibreria Pròleg, una librería especializada en autoras, que está a punto de trasladarse después de un cierto acoso (o no) inmobiliario desde la calle Dagueria (cerca del Ayuntamiento) a la Alta de Sant Pere, cerca del Palau de la Música y del Centre de cultura de dones Francesca Bonnemaison y el futuro Ca la dona. Así que, una vez más, no hay mal que por bien no venga y algo que pintaba bastos parece determinarse hacia algo mejor. Y es que la proximidad del Centre Francesca Bonnemaison y Ca la dona con la Llibreria Pròleg no puede ser más que favorable, si es que se preserva el principio feminista de la no exclusión y de la sinergia de esfuerzos en vez de la competitividad salvaje, etcétera. De hecho, esta concentración del centro, la asociación y la librería reproduce la de otras coyunturas como el amontonamiento de zapaterías en la calle Pelai, la de discos en la calle Tallers, la de bares en la calle Verdi y la de tiendas de informática take and go de la Ronda de Sant Antoni. Este modelo “comercial” tiene una gran vitalidad y en vez de producir la desertización de los modelos como los que imponen El Corte Inglés y otras fórmulas macrocéntricas, produce un multicentrismo muy atractivo e impone la contención de los precios y de los monopolios.
Para conseguir uno de los libros que hoy buscaba no me quedaba más tutía que adquirirlo:
a) por internet (y la Casa del Libro tarda cosa de un mes cuando Amazon puede tardar 2 días y esa es la verdad mal que me pese),
b) en Pròleg; o bien,
c) en Còmplices, una tienda y una librería especializada en homosexualidad y transexualidad también próxima al Ayuntamiento (en la calle Cervantes, tocando a Avinyó).

Hay ciertos libros imposibles de encontrar en el stock logístico de una librería general. El que yo buscaba se trata de un libro colectivo que me ha invitado a leer una de sus autoras, Liliana Costa Staksrud, y cuyo título, Que sus faldas son ciclones, procede de un verso de Marina Tsvietaieva (*):
¿Qué ven ellos? Un abrigo
Sobre una grácil figura.
¿Pero nadie se da cuenta
Que sus faldas son ciclones
El subtítulo es: Representación literaria contemporánea del lesbianismo en lengua inglesa. La contribución de Liliana es el capítulo 5 de “Hitos de la narrativa lesbiana desde los años sesenta: Sarah, Sarah y Rita Mae” (es decir, Sarah Schulman, Sarah Waters y Rita Mae Brown).
Servidora las autoras que tiene más estudiadas de la lesbiandad (que es como yo me refiero al grupo desigual de las mujeres que amaron o aman a otras mujeres) (**) son aparte de Virginia Wolf, Maria Mercè Marçal y Marguerite Yourcenar. No he leído nada de Sarah Schulman ni de Sarah Waters, así que mi lectura del capítulo de Liliana Costa la voy a limitar a un mero subrayado comentado veraniego de aquellos puntos en que con este calor me viene de gusto detenerme. El bochorno o xafogor que hay hoy en Barcelona no invita a las peripecias metafísicas en que seguro andarán en el país de Liliana, Argentina, después de sus elecciones generales y en medio de un invierno que se recrudece. Que sepas, Liliana, que aquí en *ALFB nunca habíamos hablado de la meteorología –puesto que esto no es un ascensor, sino una especie de enciclopedia- pero debido al desfase de nuestras latitudes es tema socorrido y además obligado. Además como cuando me invitaste a leer tu capítulo me dijiste también “no revises nada”, pues eso. A no revisar nada. Voy a poner el ventilador, que me estoy cociendo.
Ah, antes de nada, y aunque no tenga mucho que ver (o tal vez sí), veo que Liliana Costa Staksrud en nuestro Facebook o facebo o fk se ha hecho admiradora de CAMBIO TESOROS DEL VATICANO POR COMIDA PARA ÁFRICA. Creo que esto es ante todo una muestra de su extrema liberalidad y generosidad, y no creo que deje de darse cuenta de que el reclamo es bastante rudimentario. Y es que después de leer con atención y admiración el capítulo 5 de Liliana, sé de su rigor, lo bien documentada que está, su poder sobre las palabras y lo bien que es capaz de moverse sobre el filo de una navaja como lo es la de la sexualidad trastornada o trastornadora. Por lo tanto, también sabrá que ni 400 Rafaeles servirían para salvar el hambre de África y que el problema es otro, además de que seguramente la Iglesia ha hecho más por África de lo que han hecho otras instituciones internacionales.
Dicho esto voy a lo prometido, a mostrar los parágrafos de LCS que subrayo:
· Dice Sarah Miriam Schulman (en una entrevista reproducida en Hartza, la revista electrónica queer de Javier Sáez), “La escritura es la forma en que expreso mis sentimientos. Es una vocación y un destino. No tengo elección, es algo que tengo que hacer”; “¡Hicimos una manifestación en Washington donde participaron 40.000 lesbianas!”.
· “El famoso musical Rent se representó en España el año pasado. Rent es un plagio de tu novela Gente en apuros. ¿Cuál es la situación actual ante este plagio, recibiste alguna compensación?” (Javier Saez a Sarah Schulman)
· Dice Sarah Schulman: “Hemos experimentado una “gentrificación” de la mente”; “A los hetero les gusta leer libros en los que se hagan alguna de estas tres cosas: salir del armario (esto les resulta muy interesante), morir de SIDA y ser el mejor amigo de un hetero muy famoso e importante”.
· Sobre Rita Mae Brown: “De su padre aprende la determinación del trabajo y su filosofía de vida: no pidas mucho a la gente, pero pide mucho de ti misma”. “En 1973 después de haber ofrecido el original a varias editoriales que lo rechazaron por considerar su contenido no apto para el mercado masivo, publica su novela Rubyfruit Jungle (Frutos de rubí) en una pequeña editorial de mujeres llamada Daughters Press. A pesar del silencio de la prensa especializada, la novela fue recomendada boca a boca e inició una carrera imparable hasta ser un éxito de ventas y convertirse en un libro de culto, que hoy forma parte de los programas oficiales de literatura norteamericana.
· De Rubyfruit Jungle: “Quiero seguir mi camino. Creo que eso es lo único que siempre he querido: seguir mi camino y encontrar, quizá, de vez en cuando, un amor. Amor sí, pero no un amor eterno con cadena alrededor de la vagina y un cortocircuito en el cerebro. Para eso, mejor estar sola”.
· De Rita Will, el libro de memorias de Rita Mae Brown: “Rubyfruit Jungle me trajo notoriedad, una tonelada de cartas de odio, numerosas amenazas a mi vida, incluyendo dos amenazas de bomba, la indignación del ala conservadora del movimiento feminista y desprecio radical de las dykes. Las heterosexuales estaban locas porque yo era homosexual. Las dykes estaban locas porque no era suficiente gay”; “Algunas lesbianas se consideran feas, neuróticas y autodestructivas, yo no soy así. No paso por ser magnífica ni un bastión de la cordura, pero ciertamente no me gustan esos estereotipos gay de la lesbiana miserable, la pobre mujer que no podía llegar a ser hombre y finalmente se suicida. Yo soy divertida. Las personas divertidas son peligrosas. Ellas derriban barreras. Es difícil odiar a la gente cuando es divertida”.
· Dice Rita Mae Brown: “Si no te gusta mi libro, escribe tú el tuyo”.
Por razones de espacio y porque estoy a puntito de contravenir los derechos como autora de LCS y hasta los de Sarah Schulman y Rita Mae Brown, paso decididamente a la parte de mi recreación y consideraciones varias. En realidad me he visto empujada a reproducir una pequeña parte de todo lo bueno que tiene el capítulo para que sus ideas tengan la máxima difusión posible, así que creo que la autora Liliana estará a mi favor ahí. Como calculo que este post lo leerán cosa de unas 10-20 personas, el esfuerzo vale la pena.
Primero señalo mi adhesión a la convicción de la Schulman de que escribir es un destino, algo a lo que no se puede escapar. De hecho, si se tiene esta idea bien clara, se tiene mucho de ganado y la gente no perdería el tiempo con vacilaciones que desgastan y machacan el alma, el cuerpo y hasta las pestañas. Dicho esto, podemos pasar al viejo tema que se expone al airear el asunto de que Rent copió o plagió substancialmente a Gente en apuros, asunto que ilustra mis propias ideas –que no interesan a casi nadie- de que la moda se apropia de los rincones más hostiles, cutres, sórdidos y siniestros de la sociedad. De ahí que las braguitas, que sólo eran usadas por las prostitutas y las limpiadoras de cristales medievales, se impusieron entre las burguesas y pasaron, como diría Liliana, de ser cosa ríspida a ser gentrificadas. De hecho –permítaseme la elipse pero tengo que echar la avena al fuego- yo me atrevo a decir que el homoerotismo y su exhibicionismo están influyendo notablemente en los usos sociales actuales. Por lo menos en España, que es lo que yo conozco. Modernamente muchas mujeres hetereosexuales maduras o no que no son "estereosexuales" se sienten atraídas por tener ni que sea una experiencia homosexual. Me parece que es un gran bien que las mujeres sientan/sintamos su/nuestra sexualidad más allá de la ausencia del órgano sexual masculino por excelencia o por antonomasia, que no nos sintamos mecánicamente complementarias al sexo opuesto. El predominio del falo en el erotismo basado en la genitalidad mecánica, en la erección y en las ideas que nos han sido transmitidas durante siglos y siglos de machismo y mamachichismo, ha llegado tan lejos que hasta en la lesbiandad más o menos organizada le salen substitutos o sucedáneos en forma de juguetitos sexuales, dildos, etc. De ahí que la Brown disguste por un igual a determinadas heterosexuales reprimidísimas y a las dykes, que podríamos traducir como “camioneros” o “machorras”.
El hecho de que la persecución contra los homosexuales, a diferencia de la que ha habido contra los judíos o contra los negros, o contra cualquier otro grupo humano, se ha dado incluso en sus propias familias, no implica que dentro de la homosexualidad e incluso de la lesbiandad se forme un ambiente receptivo hacia todas las formas de vivir el amor y sus trastornos.
El plagio y gentrificación de Gente en apuros también ilustra una de las claves del programa de las Guerrilla Girls, la de tener que ver desarrolladas las ideas propias en el trabajo de los triunfadores, clave que se ve complementada por la otra clave no menos interesante de que la situación de algunas personas les permite “no tener que vivir bajo la presión del éxito”.
No tengo conocimientos suficientes ni paciencia ni precisión ni vigor mental como para acometer ni siquiera la lectura de uno de aquellos artículos con los que la revista “Jano” nos ilustró a finales de los 80 para aproximarnos prolijamente la variedad de conductas y aspiraciones homosexuales, la cual no debe de ser por otra parte inferior a la de los heterosexuales. La verdad es que cuanto más información tenemos más fácil es presentir no sólo que lo que había entre Epi y Blas en “Sesamo Street” es indiferente si tenía sexo o no, de la misma manera que podemos especular si queremos sobre los niveles de la oxitocina que circulaban entre Coyote y Correcaminos. Yo es que prometo que el único personaje que me parece ya poco previsible de la TV es Milhouse Van Houten.
La frase pero-que-más me ha gustado de la muerte de todas las que recoge Liliana es la frase última de Rita Mae Brown (“Si no te gusta mi libro, escribe tú el tuyo”). Vamos, eso encierra toda una Poética que ni Horacio ni nada.
(*) García Rayego R, Sánchez Gómez MS, eds. Que sus faldas son ciclones: representación literaria contemporánea del lesbianismo en lengua inglesa. Barcelona; Madrid: Editorial Egales, 2008.
(**) No estoy demasiado segura de que “lesbiandad” sea más correcto que “lesbianidad”, pero por asimilación con “cristiandad” omito la –i-.

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24.6.09

El espíritu de la época


The bücherwurm (Carl Spitzweg, 1850)
If you cannot engender
A genius like Mozart,
neither can you
plague the earth
with briliant silies like Hegel
or clever nasties like Hobbes.
W.H. Auden, “Address to the beasts”, Thank you, fog*

or extraño que parezca, estos días, desde que escribí el post sobre Spitzweg, truncado por el asesinato de Eduardo Puelles en Arigorriaga, mi Feedjit detectó al menos una visita en *A la flor del berro que buscaba al pintor bávaro. Pero también tengo últimamente muchas visitas que introducen el planteamiento “cuñadas provocativas” en el buscador y –lo que es más curioso- les aparece entre los resultados este blog, cosa que les debe resultar decepcionante. Que yo recuerde, sobre cuñadas cuñadas sólo tengo el post aquel sobre la Danvers, en donde como mucho tratamos de refilón el tema de las cuñadas especulativas, pero nunca hemos tratado el tema de las cuñadas provocativas y ni siquiera soy capaz de imaginar qué son exactamente. Si mal no recuerdo, hace un año y medio alguien venía a *A la flor del berro en busca de “piscinas sexo Pontevedra”. Pero en mi opinión, el día que toqué techo, en buena blógica, fue cuando busqué yo misma “bollitos hojaldrados Reglero” y fui a dar a un comentario mío en la bitácora de Rostam y a otro en la de Hermitaño. Tal día se cerró el círculo, o habría que decir “mi” círculo.
Habría que detenerse en la perplejidad de que el Google privilegie o “posicione” tan bien a los blogs, pero eso es harina de otro costal y hasta camisa de once varas. Ya cargué en un post previo, Profetas de internet, contra Andrew Keen, el cual en su presentación de The cult of the amateur cargaba a su vez contra la Web 2.0. y decía cosas como “¿cómo sabemos que la crítica de un libro que leemos en Amazon no ha sido colgada por su autor?" ("La Vanguardia", 15 de agosto de 2007), como si el sistema de edición que preconiza estuviera libre de culpas, pasteleos y/o tramas negras.
Pues, eso, yendo a lo nuestro, que los cuadritos de Carl Spitzweg me dicen mucho. Spitzweg nació en un pueblo de Bavaria, Unterpfaffenhofen, que a lo mejor quiere decir algo así como Villanueva de Arriba. Era farmacéutico de formación. Después de estudiar a los maestros flamencos se puso a pintar para revistas satíricas. Dicho de otra manera, sus óleos son una fusión del romanticismo y Brueghel el Viejo. Se suele decir que pertenece al estilo Biedermeier, que yo pensaba que era sólo aplicable a un determinado estilo mobiliario, es decir de muebles, el que simplificaba el Estilo Imperio. Pero no, de hecho el estilo Biedermeier es aplicable incluso a algún lied de Schubert, que los compuso pensando en su ejecución por parte de personas sin excesiva educación musical y por lo tanto para un público burgués o pequeño-burgués. El artículo de la Wikipedia es muy bueno:
“El Biedermeier es expresión del retiro de amplios círculos de la burguesía políticamente decepcionada y excluida de la colaboración responsable en el Estado a la cotidianidad privada de la familia. Es un retiro resignado a la inactividad política, compensado por una nueva cultura familiar sensibilista, por un apartarse hacia actividades económicas reforzadas, y el recurso a ordenaciones tradicionales de valores. La conciencia de la contradicción entre la situación real y la exigencia ilustrada de emancipación política del burgués sigue viva. El Weltschmerz (dolor universal) que se escondía entre las proclamaciones literarias de silenciosa modestia y tranquila felicidad era prácticamente una moda de época, tanto más había de superar la literatura la fragmentación experimentada; el amor por las cosas pequeñas, por el detalle, tenía que consolar de la impedida participación en la responsabilidad pública.”
Por lo tanto la aportación del Biedermeier a la cultura (la cultura en el sentido de supervivencia (o pervivencia) y diálogo) pues es de aquellas cosas que hay que señalar, y sin las que sería difícil explicarse otras. Los exégetas y los gurús de la cultura nunca nos podrán demostrar qué fue primero, si la Annie Leibovitz haciéndose un autorretrato desnuda y embarazada (menos famoso que el que hizo la propia fotógrafa de Demi Moore para “Vanity Fair”), o la moda de un cierto exhibicionismo o orgullo gestante, que parece que ya va en retroceso o que por lo menos ha perdido la fuerza de la novedad. Yo diría que la ostentación del abdomen ha sido la moda más llamativa en la historia del embarazo después de la Venus de Willendorf y de la tiranía del guardainfante y el tontillo, que ya es. Creo que va un poco todo a la vez, que los artistas simplemente van por delante o, si se quiere, que saben captar lo que está en el ambiente como antenas humanas, como módems o médiums de lo que está pasando a niveles latentes. Por eso a veces hay que hablar más de coincidencias que de influencias. Un ejemplo para mí paradigmático son las coincidencias de la novela de G. Tomasi di Lampedusa, El gatopardo, y Bearn, de Llorenç de Villalonga:
“Se han señalado las semejanzas de Bearn o la sala de las muñecas con El gatopardo, del siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, dos años posterior (se publicó en 1958, después de la muerte de su autor), ya que ambas novelas se centran en el declive de la aristocracia rural del Antiguo Régimen Villalonga conoció y estimó la novela de Lampedusa, que tradujo al catalán en 1962. (Wikipedia)
Resulta difícil pensar que Tomasi di Lampedusa “improvisara” Il gatopardo a partir de Bearn. De la misma manera, el Biedermeier es algo que debía de estar en el ambiente, y que se dieron las circunstancias propicias para que se fraguara. A mí me resultan en cierta forma conmovedores los desvelos de algunas personas aficionadas a la antropología y a la simbología por ver en todo una copia. Hay un vídeo muy visto en internet, Zeitgeist, del The Zeitgeist Movement, que es en parte una ilustración de lo que es la empanada mental de los que ven en el cristianismo un plagio exacto de otras creencias más antiguas y en parte una demostración de que los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington no son lo que nos han querido hacer creer. No hace falta que diga que el hecho de tratar de ambos temas, sin establecer –que yo sepa- ninguna conexión entre ellos, en el sentido clásico de la argumentación, ya es significativo de la actitud del Movimiento Zeitgeist, cuya presentación sinóptica hipnótica soy incapaz de digerir por un problema personal mío fóbico que tengo con lo que se presenta a sí mismo como “científico”. Soy objetora de ciencia, por otra parte. Mi aversión a toda aproximación que tenga esas pretensiones es insuperable y espero contar con la comprensión de cualquier persona que simplemente ame la verdad y la belleza sin más. Y si no cuento con esa comprensión tampoco pasa nada. Yo sigo con Spitzweg, con la pintura de mi baranda y con lo mío y mi idea de la cultura como suma o multiplicación y no como resta o división ni mucho menos como conclusión.
A ver, ostras: el hecho de que Juan el Bautista naciera en el solsticio de verano y su primo (Jesús de Nazaret) naciera en el solsticio de invierno, no tiene por qué ser un cuento o un plagio o el refrito o reciclado de un viejo mito. Es más, si este mundo durara unos cuantos siglos más igual la historia se podría volver a reproducir tranquilamente. Pero como este mundo es imposible que aguante mucho más y en tal caso no estaríamos ninguno de los aquí presentes ahora para comprobarlo, tampoco es cuestión de abundar en este argumento. Eso sí, el vídeo –si superamos con bien la traducción de la frase “Concejo de Nicea” a cambio de “Concilio de Nicea”, el que tuvo lugar el año 325 de nuestra era- resulta bastante interesante cuando entramos en la parte II (“Todo el mundo es un escenario”), que se inicia con los atentados de las Torres Gemelas el año 2001. Unos segundos antes, en el minuto 40:31, cuando oímos en inglés y leemos en el subtítulo “Es erróneo, blasfemo y pecaminoso que usted sugiera, insinúe o ayude a otra gente a llegar a la conclusión de que el gobierno de los Estados Unidos haya matado a 3.000 de sus propios ciudadanos”. La presentación es tan abrupta, tan rápida, y aparece tan cerca de la idea de que la religión es una forma de comer el coco a la gente, que una no puede menos que pensar en lo perversas que son las técnicas de la publicidad, que son las que subyacen en el documento. Y la verdad, si las técnicas de la publicidad estadounidenses nos van a “salvar” de la esclavitud de las viejas técnicas de la espiritualidad, casi que muchos vamos a preferir quedarnos con lo malo conocido con Inquisición incluida antes que con lo bueno por conocer si es que va a estar en manos de gente que no distingue el ratoncito Mickey de Napoleón. Es decir, estoy dispuesta a admitir que el atentado de las Torres Gemelas y el del Pentágono no son lo que parece o lo que se nos dijo, pero lo que no estoy dispuesta a admitir es que se hubiera pretendido hacer un mito a semejanza del que se creó con Jesús con el objetivo insidioso de controlar a la gente. Todo lo más estaría dispuesta a admitir que Jesús de Nazaret ha sido utilizado con ese objeto, pero no “creado” con ese objeto. En fin, no me puedo creer estar tratando este tema porque todo lo que huele a “Muy interesante” o “Reader Digest” me pone del revés.
El invierno de 2001 recibí un “forward” de esos que le llegan a una por correo electrónico en el que se me invitaba a algo así como a escribir la fecha del 11 de septiembre del mismo año y cambiarlo a la fuente Webdings o Windings, cosa que permitía ver una transfiguración espantosamente gráfica de la destrucción del World Trade Center. Cuento con la paciencia, con la comprensión y con la inteligencia de algún lector para trasmitirle mi repugnancia por estos juegos, porque es que yo me veo incapaz de explicarme más y no quiero estar por esas tonterías y esos jueguitos.
Cuando yo estudiaba para bibliotecaria, y ya no digamos durante mis prácticas en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona y en la Biblioteca de Catalunya, se despertó en mí un temor del que nunca he hablado antes. Temía que cuando yo pudiera trabajar finalmente en una biblioteca tuviese en mi sala a uno de aquellos personajes que yo había conocido en las bibliotecas de mi adolescencia. Cada vez que durante mis estudios yo veía a un anciano con sus fichas y fichas en letra abigarrada, manejando libros que nadie pedía nunca ni por error, inclinado como si estuviera en "Les assis", el poema genial de Rimbaud, me sobrecogía el terror. Esas fichas les iban a sobrevivir poco y no tenían interés para nadie, por no decir benévolamente “para casi nadie”. Por aquel entonces era fácil ver en el metro a algún estudiante leyéndose tranquilamente El capital (de Marx, por supuesto) como si nada, con la misma frecuencia con la que no hace tanto se veía a gente leer los tochos de Harry Potter o La catedral del mar también como si nada. Los ratones de biblioteca no tenían el aspecto venerable de un calígrafo de la corte de los Tang, ni el mal cuerpo de un opositor con su juego de rotuladores fosforescentes. Tampoco es que se les viera leer con la fe ridícula con la que leen los lectores empedernidos de novelas, que son capaces de leerse cualquiera de los 36 posibles argumentos que dice Gabriel García-Márquez que en realidad existen, pero que lo hacen sin desfallecer a través de sus 3.600 variantes, aplicadamente, sin darse cuenta de que efectivamente siempre es más o menos la misma historia. El gusano de biblioteca o, por mejor decirlo, la “rata de biblioteca” de Spitzweg ahora me resulta hasta entrañable, al lado de lo que verdaderamente me trajo la realidad. Tan inagotable ella.
* “Si bien es cierto que no podéis engendrar / un genio como Mozart, / también lo es que no // infestais la tierra / con tontos genialoides como Hegel / o con listillos repugnantes como Hobbes” (W.H. Auden, “Discurso a los animales”, Gracias, niebla)

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23.6.09

Naniano, el autobombo bien temperado y el pellizquito

“Barcelona” (1928) , de Frederic Marès (Plaza Cataluña). Foto: Aaoiue.

Estaba esta mañana aún medio dormida y oí en la radio un suceso de una niña rumana que ha fallecido a consecuencia de haberse caído en un recipiente de esos que hay para recoger ropa usada, al parecer mientras ayudaba a un adulto que buscaba prendas es de suponer que para vestirse o para venderla.  Esta muerte no es menos ¿absurda? que la del ricacho chulín que se estrella con su catamarán o un BMW xyz en uno de los lugares de recreo de moda. Tampoco es menos elocuente, nos habla de una situación y levanta en nuestra imaginación el imaginario del fracaso y del éxito social.

Ando estos días pensando en la voz humana, algo con lo que nacemos más o menos “instalado”, como el container o el BMW xyz. La voz la podemos ir malogrando con la llamada mala vida (el abuso del tabaco y del alcohol, dormir poco, tomar alimentos demasiado fríos o demasiado calientes, hablar de más) y  la podemos ir moldeando con la respiración, la atención y la dicción. Estos días además se habla mucho de las horrísonas vuvuzelas. Según el  “ABC“: “Una serie de controles realizados por los fabricantes de prótesis auditivas Phonak llegó a la conclusión de que las vuvuzelas emitían un sonido de 127 decibelios, cifra superior a la de un tambor (122 decibelios) y la de una sierra mecánica o la de un silbato de árbitro (121,8 decibelios)”. Sin embargo yo creo que lo que hace que la vuvuzela sea desagradable para muchas personas es no tanto la intensidad del ruido como su naturaleza. El chirrido de un rayazo en un encerado o el bocinazo  desabrido de un camión de seis ejes producen una respuesta diríase que física, de rechazo,  inmediata. La vuvuzela es como el zumbido de un mosquito enorme y agónico, como la séptima trompeta del Apocalipsis, como la voz grabada del mohedano en mitad de la noche, algo que revuelve la primera papilla y hasta el meconio elemental. Durante años me desperté con la ayuda de un reloj de pulsera Casio que a las 06:00 a.m. emitía 10 pitidos con poca fuerza. Eso fue hasta que quise ver qué había dentro del reloj y lo desbaraté.

Hace un año poco más o menos un grupo de cantantes, entre los que estaban Bruce Springsteen, Red Hot Chili Peppers, Neil Diamond y Shakira, plantearon una queja al Gobierno de los Estados Unidos por usar sus discos como tortura en Guantánamo. Se me escapa qué es peor  o más enloquecedor si tener que escuchar 20 días seguidos la grabación del llanto de un niño o a Georgie Dann en “Mami que será lo que tiene el negro”. Incluso una variación Goldberg puede convertirse en tortura si alguien se lo propone.  Estoy intentando recordar en qué película sobre los nazis se ve un interrogatorio en tercer grado con un tocadiscos como centro de la tortura y un vinilo aparentemente inocuo. Nada, no hay manera. Ya me acordaré.

Estamos en un mundo en el que  alguien se puede morir en un recipiente de ropa usada o con un catamarán en la Costa Azul,  en el que se puede tener una voz privilegiada y caer en una familia que no va a potenciarla con una educación musical adecuada, o en el que se puede tener escasas aptitudes para la música pero con una familia empeñada en desarrollarlas ni que sea por ostentación. Los músicos vocacionales podrían hablar mucho en ese sentido, pero los músicos en general no pierden el tiempo hablando. Estos días estuve viendo los escasos vídeos que hay de la guitarrista argentina María Luisa Anido, que fue alumna de Miguel Llobet en Barcelona, el cual a su vez fue alumno de Francisco Tárrega, de quien -dicen- procede la sintonía de fábrica de los móviles Nokia. Pero como Nokia no lo admite y no sé si Tárrega tiene quien le valga, pues es mejor dejar el apunte ahí. ¿A quién se le puede atribuir la autoría del “nianoniano” y el “naniano” del payaso Fofó?
Pues según mi profesor de guitarra, que pudo escuchar en vivo a María Luisa Anido, pocos intérpretes ha podido oír que trasmitieran la emoción que trasmitía ella. Me dice, “se me ponían los pelos de punta“. Las grabaciones que de ella quedan no le hacen justicia, aunque muestran nítidamente una mujer ajena al mundo de esos otros instrumentos musicales que son el autobombo bien temperado, el engolamiento o las fanfarrias de la vanagloria. De hecho, cuando la guitarrista perdió a su representante se quedó aparte porque ella no sabía de nada de lo que en gran manera hace que los músicos lleguen al gran público. No sabía venderse. Y por el contrario hay intérpretes que simplemente ejecutan sus piezas con maestría técnica incluso pero que no añaden absolutamente nada. El virtuosismo está en la dificultad pero también en llegar más allá del sentimiento de la admiración. Esa facultad es tan rara que a veces ni siquiera se establece  mucho tiempo en un intérprete. Lo toma y lo abandona. O se reparte, como en las descargas de jazz o son y en las fiestas flamencas, entre varios artistas, sin que pueda decirse donde está ni como llegó. El “pellizco” o el “duende” qué poco tienen que ver con la afinación de la garrapatea llevada hasta la náusea tecnológica. A veces está entre los dedos de quien toca un ukulele modesto, a veces en el espacio que llena el sonido. Sólo hay que estar ahí.

A veces me miro los vídeos de Andrés Segovia. Su interpretación de “Asturias” (Isaac Albéniz) no me deja de sorprender. Nunca sería una tortura, para mí, oír el “Asturias” de Segovia 20 días seguidos. La elijo porque no es una composición que me guste, sobre todo cuando se toca mecánicamente. Hay muchísimas versiones en la red y es escuchándolas y viendo como los pianistas o los guitarristas la interpretan como podemos apreciar lo que intento  y no sé si conseguiré decir. Hay músicos que tocan igual una pieza de Mozart que Bach que Albéniz. ¿Se acuerdan ustedes de Richard Claydermann?

Para decir la verdad, Albéniz compuso muchas piezas que admitió que él era incapaz de tocar. Así que podría decirse que poder tocar lo que compuso Albéniz ya es un qué. Y no obstante, cuando escuchamos, digo, las diferentes versiones, vemos que hay algo más allá de la destreza técnica. Para mí la música empieza ahí.
“Nessun dorma” (G. Puccini) por Carlos d’Onofrio

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20.6.09

Oldies

“El col·leccionista”, tienda en la Calle Enric Granados (entre Rosselló y Còrsega)


“Dijo entonces el
señor, Habiendo conocido el bien y el mal, el hombre se
ha hecho semejante a un dios, ahora sólo me faltaría
que también fueses a buscar el fruto del árbol de la vida
para comer de él y vivir para siempre, no faltaría más,
dos dioses en un universo, por eso te expulso a ti y a
tu mujer de este jardín del edén, en cuya puerta colocaré
de guarda a un querubín armado con una espada
de fuego que nunca dejará entrar a nadie, así que fuera,
salid de aquí, no os quiero tener nunca más ante mi
presencia.”
José Saramago, Caín
*
Ayer pude ver parte de un documental de la televisión local municipal sobre los hippies. A diferencia de yuppies (acróstico de “Young Urban Professional”) y de scuppies (acróstico de Socially Conscious Upwardly-mobile Person),  hippies procede de la palabra hipster (subcultura de los beatnik) como dummies viene del alemán dumm (“estúpido”).  El artículo de la Wikipedia para este fenómeno social es muy bueno para situar los puntos fundamentales y llevarse una idea general de lo que representó el movimiento en los años 60 y 70: psicodelia, subcultura, antimilitarismo, pacifismo, era de Acuario, ecologismo, amor libre, libre asociación, tolerancia con la homosexualidad y la bisexualidad, artesanía, colectivismo, antipsiquiatría y más.
El documental que vi se centra en un diálogo entre Lluís Racionero y Pau Riba, dos hippies que siguen en el “candelabro”, más algunas imágenes de Canet Rock (un festival  que tuvo 4 ediciones, entre 1975 y 1978, que fue nuestra versión en la Costa Brava de Woodstock) y otras imágenes de Pau Riba en su comuna de alquiler. Para quienes no conozcan a Lluís Racionero y Pau Riba, diremos —a título de anécdota y al estilo de la prensa rosa o amarilla— que el primero estuvo casado con Elena Ochoa (¿Elena Fernández-Ferreiro López-Ochoa?), la sexóloga que hoy está a su vez felizmente casada con Lord Norman Foster. De Norman Foster tenemos en Barcelona la llamada Torre Collserola. La torre Swiss Re (Schweizerische Rückversicherungs-Gesellschaft) de Londres, más conocida como “The Gherkin” o “El pepinillo” tiene su réplica menor (40 metros menos de altura) en nuestra barcelonesa Torre Agbar. Obsérvese como esta torre no ha recibido ningún apelativo popular y disciplinadamente se le llama “Torre Agbar” tal cual. Yo le llamo “El nabo”.
Lluís Racionero ha escrito diversos libros que han llegado hasta donde podían llegar y eso ya es mucho, considerando que la estética taoista  y los cátaros como temas tienen sus limitaciones. Colaboró con Escohotado en un programa televisivo sobre drogas y ha dado clases de Microeconomía en la Universidad (¿de Barcelona?), fue director de la Biblioteca Nacional, etcétera. Pau Riba es nieto del gran filólogo y poeta Carles Riba y de la poeta Clementina Arderiu. Como Racionero (y hasta Federico Jiménez Losantos y Karmele Marchante [!]) colaboró con la revista “Ajoblanco” (1974-1980), que en mi mocedad era un icono de la subcultura. “Ajoblanco” tuvo dos etapas y es difícil trasmitir que es lo que tenían en común a no ser que nos remitamos al socorrido underground y al anarquismo. Yo pasé de “Mortadelo y Filemón” y “Pumby” a “Cuadernos de Pedagogía” y el “Ajoblanco”  pasando por  el semanario satírico “El Hermano Lobo”, con la misma naturalidad con la que hoy tomo mi té después de un níspero.



Aunque Racionero es lo que llamaríamos un intelectual o precisamente por eso, al contraste con Pau Riba parece menos expresivo y hasta… aburguesado, si nos dejamos llevar por las vestimentas respectivas. Dejemos eso, puesto que tal vez lo único que podría parecer haber llegado del movimiento hippie a nuestra época serían las camisetas tye-dye, la moda étnica, la marihuana, las barbas largas y, en una palabra, la “moda”.  De hecho yo creo que hay gente hoy día que cree que un hippie es un kumbayá o un alternativo sin botas chirukas y pasado de porros. En fin, yendo a lo que iba, Pau Riba dijo ayer muchas cosas que tienen plena validez hoy día. Una de ellas es que a pesar del castigo divino, del trabajo, actualmente podíamos finalmente aprovechar que las máquinas hacen las labores más rudas y pesadas, para dedicarnos a disfrutar de la vida. Vean el contraste entre el panfletucho de Saramago y esta propuesta que no insulta ni molesta a nadie. ¿Hay que decirlo más alto o más claro? Pau Riba y Lluís Racionero señalaron cómo además de que no nos estamos aprovechando de las máquinas, encima estamos preocupados en conseguir más trabajo y en inventar nuevas tareas y más necesidades para crear más trabajo y más trabajo.
La otra gran propuesta de Pau Riba la mostró, la indicó, con una especie de parábola. Dijo: si alguien ante un auditorio enorme como un estadio (yo añadiría, “o como Facebook”), preguntara “¿Cual es la raíz cuadrada de 319?“, alguien -una voz alejada y apagada- contestaría: “Diecisiete coma ochenta y seeeeiiiiiisss“. Ah, pero si preguntara “¿Cuánto son 2 y 2?” todo el mundo contestaría “CUAAAATROOOOOO!!!!!!”. Vuvuzelas aparte.

 
Esa parábola explica el 83,5467 % de lo que pasa en la red y en la TV, tal vez en el mundo. Por lo tanto las consignas fáciles a las que fácilmente puedan adherirse las hordas, tienen el éxito garantizado. “1 millón de firmas para la dimisión de Zapatero”, por ejemplo. O “los tesoros del Vaticano para el hambre África” (como si muchas veces no hubiera podido llegar la comida a África si no hubiera sido por la Iglesia). Son frases que apelan además a las vísceras y muchas veces al odio.
Tal vez en donde divergían Racionero y Riba es en lo que había que hacer con el tiempo “libre”, además del amor. Riba desea que seamos otra vez animales y que como tales juguemos, y de hecho su vida es así. Racionero, si se hubiera declarado en este sentido, aventuro que habría hablado del arte y de entretenimientos sofisticados.
Si mal no recuerdo, las únicas citas que  he empleado en este blog para mostrar textos de ínfima calidad son esta excrecencia de Saramago, un ripio de Unamuno sobre la saudade y un verso de Pere Gimferrer (“Cuca me electrocuta”). Esos materiales los utilizo como pruebas documentales. Las fotografías las tomé la pasada semana en una tienda que está en el Ensanche barcelonés y pude reconocer una Nintendo bastante compacta, play stations de segunda generación, botellas de leche Ram y de cerveza Estrella Damm y Danones del año de la picor, y un caballero con su armadura idéntico a uno que tuve yo cuando era niña.
Por aquellos años en que disfrutamos del Seat 600, los 10 litros de gasolina 86 que le poníamos costaban 72 pesetas, exactamente lo mismo que 6 botellas de leche RAM. A Canet Rock se iba en tren.
Sardana flamenca de Toti Soler. Imágenes de Cadaqués.

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17.6.09

La princesa aburrida

Taedet anima mea

No actualicé *ALFB desde hace un montón de días porque ando callada y lo único que me apetece -que ya es algo- es pintar la baranda de mi terraza, cosa que tampoco he empezado a hacer (puesto que antes tengo que pasar un papel de esmeril de dos gruesos y miniar, etcétera). Mi psique es bastante previsible, sin altibajos, pero alguna vez me entra como un aburrimiento que es mejor no tocar y me quedo como aquella princesita de las trenzas doradas que bordaba con aquiescencia pequeños miosotis o carpas, con unas tardes larguísimas y unas mañanas que no se acaban nunca. Aparte del aburrimiento he tenido alguna vez, con más frecuencia de la que quisiera, algún episodio brevísimo de cabreo existencial que suelo manejar mucho mejor, y ya está, eso suele ser todo. Así es que cuando tenga ganas de decir algo ya diré algo, supongo, y sino tampoco pasa nada, que ya lo dijo la poeta, que lo raro era escribir.

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6.6.09

La punta de la lengua


Finalmente ya tenemos el rompecabezas (Vídeo de Camarón, Rocío Jurado, Tomatito, Curro Romero y Carlos Herrera) solucionado, gracias al fino oído de Manolotel:

Tengo que armar un tangay
con esta verdad sencilla
tengo que armar un tangay
La mitad del mundo es Cai
y la otra mitad Sevilla
Cai, Sevilla, Sevilla y Cai,
yo he visto el mundo, primo,
esto es lo que hay.

¡Qué paz! No vamos a quitarle mérito a Manolotel, siempre tan gentil, diciendo que, claro, vive en el sur de Andalucía y por lo tanto está avezado al acento y la dicción andaluzas. La cosa estaba difícil y ya estaba tan escamada que iba a acudir a una amiga de Huelva, Carmen. Y eso que no me he metido con el cantar de Camarón, que ya estaría malo. Total ya se veía venir que lo que nos faltaba no le quitaba ni le añadía sentido, pero me cuesta mucho darme por vencida en estos asuntos. Acostumbrada a leer letra de médicos, incluso la mecanoscrita (que sólo arroja un poco más de claridad), desentrañar el significado de algunas palabras ilegibles no presenta para mí demasiada dificultad, sobre todo una vez que ya estoy familiarizada con quien escribe. Hay personas que escriben como aljamiado, como en el alfabeto árabe y escriben diferente una letra según esté al final de la palabra, en medio o al principio. A veces hay adornos innecesarios, rúbricas, otras faltan trazos fundamentales o característicos de cada letra. Vamos, que no me extraña que la escritura a mano sea una prueba pericial y que no haya sorpresas respecto al temperamento y la personalidad de cada cual.

No hay pues escritura que se me resista, pero a cambio mi oído –aunque soy capaz de percibir psicofonías en la lavadora y coros de querubines en el chup-chup de la sopa- es incapaz de afinar demasiado en los célebres listening de las clases de inglés y en todo lo que se le parece. La inquietud que me produjo no poder resolver la copla, aunque teníamos la pista de que tenía que haber una palabra que rimara con “Sevilla”, sólo es parecida a cuando tengo una laguna mental y no consigo recordar una palabra que sé. Como el otro día, cuando vi cerca del Coliseo una mata de acantos. Estuve como dos horas dándole vueltas a la cabeza hasta que la palabra “acantos” volvió a mi boca. Se dirá que es una palabra que se usa poco, pero es que esto mismo me pasa sistemáticamente con la palabra “puntal”, que es mucho más usual. Hasta hace bien poco Barcelona estaba llena de puntales para restaurar las fachadas. También hay acantos, por la sierra de Collserola, pero como hacía tiempo que no había visto…

A lo mejor servidora no está mucho por “le mot juste” pero le tiene a muy mal traer tener una palabra, como se suele decir, en la punta de la lengua. Como un pelo. Por ese motivo he tenido que recurrir a todos los trucos y recursos que se pueden imaginar. Por ejemplo, allá en Roma pensaba “en cuantito llegue a casa me conecto a internet y busco las columnas de orden
corintio, y seguro que ahí pondrá lo de las hojas de la planta”. Un poco es como cuando hace unos años iba a la tienda de discos Gong, ahora en Consell de Cent con Rambla de Catalunya, y había una experta dependienta en la sección de música clásica, bandas originales, étnica y new age. Yo le decía “estoy buscando un disco de un pakistaní muy gordo que canta con una percusión de fondo unas canciones muy largas y que te ponen como en trance”. Y me llevaba a Nusrat Fateh Ali Khan como si nada. A veces ni eso, iba y le tarareaba más o menos la música que buscaba y la buena mujer tenía tan buen oído y una cultura musical tan vasta que sin el menor problema me llevaba al otro lado de la laguna Estigia de mi ignorancia. Se debió de jubilar y se ha perdido con su ausencia una fuente de información incalculable.

A pesar de todos los recursos electrónicos, enciclopédicos o lexicográficos que hay, para mí presenta aún una cierta dificultad no tanto reconocer una figura retórica como recordar su denominación, saber cómo se llaman aunque sea el 10% de las herramientas, etcétera que hay en una ferretería o una mercería y pedirlos por su nombre sin necesidad de ir con la muestra o recurrir a la mímica. Pero el placer de saber el nombre de algo para mí es inferior al placer de encontrar algo que no sabía que existiera o el placer de creer (como Rilke) en lo que todavía no ha sido dicho.


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5.6.09

Un puñado de tierra

Medioambiente OK

A Poussin, o normando
pedíronlle o agasallo máis fermoso
do mundo antigo
para un museo de Roma.
Non perdeu unha hora.
Elixiu unha presa de terra.
Esa materia estraña,
esa masa de sombras
que leveda coa aurora.
Un puñado de terra,
una cotra de sangue,
unha pútrida alma
salgada
co po de mármore das estatuas.
Unha presa de terra,
un rescaldo de invernos,
o mundo antigo a soñar
na elevación da estruga,
da herba do cego,
no molde dunha man.
Manuel Rivas, "Herba do cego", A desaparición da neve.
*
A Poussin, el normando,
le pidieron el regalo más hermoso
del mundo antiguo
para un museo de Roma.
No perdió ni una hora.
Eligió un puñado de tierra.
Esa materia extraña,
esa masa de sombras
que fermenta con la aurora.
Un puñado de tierra,
una costra de sangre,
una pútrida alma
salada
con el polvo de mármol de las estatuas.
Un puñado de tierra,
un rescoldo de inviernos,
un mundo antiguo soñando
con la elevación de la ortiga,
de la hierba de ciego,
en el molde de una mano.
Manuel Rivas, "Hierba de ciego", La desaparición de la nieve
+
Post scriptum
A Poussin, el normand,
li demanaren el regal més bell
del món antic
per a un museu de Roma.
No hi va perdre ni una hora.
Trià una grapada de terra.
Aquella matèria estranya,
aquella massa d'ombres
que tova amb l'alba.
Una grapada de terra,
una crosta de sang,
una ànima pútrida
salada
amb la pols de marbre de les estàtues.
Una grapada de terra,
un caliu d'hiverns,
un món antic que somnia
l'elevació de l'ortiga,
de l'herba de cec,
dins el motllo d'una mà.
Manuel Rivas, "Herba de cec", La desaparició de la neu
{}
Poussin normandoari,
antzinako munduko
omenaldirik ederrena eskatu
zioten Erromako Museo baterako.
Ez zuen denborarik galdu.
Esku bete lur aukeratu zuen,
materia bitxi hori,
egunsentiaz legamiatzen
den itzalen masa hori.
Esku bete lur,
odol ugerra,
arima ustel
estatuen marmolaren hautsez
gazia.
Esku bete lur,
neguen sugeldoa,
asunen, itsuaren
belarraren goratzean
amesturiko antzinako mundua,
eskuaren moldean.
Manuel Rivas, "Itsuaren belarra", Elurraren urtzea

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2.6.09

Post 288: La alegría de Beethoven


LFB acogió el otro día una entrada que simplemente era una reflexión sobre lo que le había pasado a Beethoven con el Himno de la alegría:
"Quiero terminar con un sarcasmo que considero de máxima importancia a la hora de valorar la otra instrumentalización de la música. ¿Saben ustedes que cada vez que se interpreta en público el Himno a la Alegría beethoveniano extraído de su Novena sinfonía, ese mismo que canta a la libertad y a la hermandad entre los hombres, y que ha sido adoptado como emblema de la Unión Europea, hay que pagarle los derechos de reproducción a los herederos de un ex nazi? El Himno a la Alegría de Beethoven fue adaptado y registrado legalmente por Herbert von Karajan, militante voluntario del partido nazi desde 1939 hasta 1945. La Unión Europea aceptó por contrato que se considerara como obra de Karajan y no de Beethoven. ¡Y luego dicen que el destino no le fue aciago al sordo de Bonn!" ("Fidelio, el hijo más querido", de Gregorio Morán en "La Vanguardia" del sábado 22 de mayo).
Curiosamente, no han pasado ni dos telediarios y ya hemos tenido ocasión de ver en Cataluña un Vídeo televisivo del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) para la campaña de las elecciones europeas del próximo 7 de junio con el himno. El vídeo está dentro del estilo publicitario que ha hecho suyo el PSOE y el PSC. No me voy a detener en la calaña de lo que pretendidamente se expone en ese montaje audiovisual ni tampoco voy a hacer ninguna reflexión de la alta concentración de tópicos manidos. No voy a señalar la chapuza regurgitante o síntesis ideológica que muestra, no, tampoco me quiero explayar en el uso del "Himno de la alegría", basado en el poema de Friedrich Schiller, que es en substancia el himno europeo, aunque los derechos de reproducción los cobrarán los herederos de Herbert Von Karajan por tratarse de una adaptación del célebre director, como ha denunciado Gregorio Morán. En lo que en todo caso me querría detener es en qué quedaría la alegría de Beethoven ante tanto despropósito.

También me acordaba de la alegría de Beethoven –uno de mis compositores más queridos por no decir el más querido- el sábado, ante la representación de “Fidelio” en el Liceu, después de 25 años fuera de Barcelona. Roger Alier le dedicó en “La Vanguardia” del pasado 20 de mayo una crítica titulada “Flojelio”, que con ese título ya lo dice todo. Se dirá que peor que “Flojelio” hubiera sido “Flagelio”, pero ahí queda eso:
“Fidelio Autores: Ludwig van Beethoven, sobre libreto de Joseph von Sonnleithner, revisado por von S. von Breuning y G. F. Treitschke Intérpretes: Karita Mattila (Leonore/ Fidelio), Clifton Forbis (Florestan), Stephen Milling (Rocco), Elena de la Merced (Marzelline); Cor de Cambra del Palau de la Música; Coro y Orquestra Simfònica del Liceu Dirección orquestal: Sebastian Weigle Producción: Metropolitan Opera House Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu (18/ V/ 2009)
Si la obra acabó logrando un cierto respaldo del público fue porque se presentó con dignidad escénica. […]
Pero la gran soprano finlandesa Karita Mattila, que tenía que haber sido la joya de esta corona, apareció en pobres condiciones vocales; su difícil escena que se inicia con el recitativo Abscheulicher y culmina en una complicada aria que la enfrenta con tres trompas solistas la cogió baja de intensidades y con dificultades en los agudos, y hacia el final de la ópera también andaba bastante de capa caída después de haber perdido fuerza e intensidad a lo largo del segundo acto en su dúo con Florestan. Este personaje fue defendido sólo a medias por el tenor Clifton Forbis, con patentes problemas de agudos y fallos vocales que provocaron una perceptible decepción en el público, que le tributó bastantes protestas al final de la obra. Bien, en cambio, el Rocco de Stephen Milling; fue de los pocos que dio personalidad a su personaje y además cantó con suficiencia tanto en su breve aria como en el cuarteto y en sus restantes intervenciones. Elena de la Merced no logró brillar mucho en su aria como Marzelline pero tuvo intervenciones bastante buenas en números sucesivos. También se distinguió por su voz eficaz y bonita el tenor lírico Matthias Klink como Jaquino (al que la dirección escénica le dio una reconciliación con Marzelline que el libreto no le concede), y el barítono Terje Stensvold cumplió en el papel del malvado Don Pizarro. Sólo pasable el Don Fernando de Anders Larsson. El maestro Sebastian Weigle dirigió con fuertes tensiones que no siempre dieron el resultado adecuado en la orquesta. Los coros fusionados funcionaron bastante bien, pero no llegaron a emocionar en la escena de la liberación de la cárcel, en parte por la poca gracia con que fue llevado su movimiento por la dirección escénica de Jürgen Flimm, que nos ofreció una historia sin garra (la labor redentora de Leonora quedó embarullada entre cuchillo y pistola) y que terminó la obra con una juerguecita del coro que parecía más una fiesta de fin de curso, muy bien cantada, eso sí. Pero pese a todo se impuso la autoridad de Beethoven y al final el público salió relativamente satisfecho del reencuentro con su obra”.
Watanabe Seitei
Me molesto o os molesto volcando prácticamente toda la crítica, para que de paso tengamos en la enciclopedia una muestra del lenguaje de la crítica operística, aunque la muestra no sea muy representativa, al lado de otros florilegios que sí podríamos incorporar del lenguaje taurino o del lenguaje gastronómico. He leído informes urológicos sobre adenomas de próstata cuyas descripciones del chorro miccional no tienen nada que envidiar a las jaculatorias de los catadores de vinos. No olvidemos, dicho sea de paso, que los antiguos físicos analizaban las muestras de sus pacientes con todos los cinco sentidos. Pero no abandonemos lo que nos ocupaba, la alegría de Beethoven, y volvamos a “Fidelio”/”Flojelio”. En mi modesta opinión, la escenografía fue excelente, el coro de los prisioneros liberados tenía menos brillo que un zapato de gamuza y la orquesta casi no se oía. ¿Por qué no se oía la orquesta, me pregunto mientras clavo mi pupila marrón en vuestras pupilas negras, verdes, azules, acastañadas? Pues para que los cantantes pudieran cantar bajito y no estropearse las cuerdas vocales ni el peinado ni nada, me figuro. Entonces mi segunda pregunta, la de verdad, sería: ¿hay derecho a lo que se está haciendo con el coro de prisioneros de “Fidelio” y el “Himno de la alegría” de Schiller/Beethoven? O, dicho de otra manera, ¿puede prevalecer o al menos sobrevivir el genio sobre la chapuza, el dinero fácil y el flojerío?
“Fidelio” –una obra que no en vano aparece tanto en la película “Gertrud” (C. T. Dreyer, 1964) como en “Eyes wide shut” (S. Kubrick, 1999)- es, para mí, una de esas óperas cuya letra no deshonra la música. No sólo no es inverosímil, sino que además no es ridícula ni disparatada o sadomasoquista o sádica, como lo son algunos libretos de Verdi, quien no podía escribir un aria para una soprano si no torturaba antes un poquito a su personaje hasta hacerla llorar. Ahora, lo que yo me he reído a costa de la Caballé haciendo de Traviata, y por lo tanto de tuberculosa, con sus 10 arrobas de arboladura haciendo como que escupía trozos de pulmón entre sollozos, no lo sabe nadie. Sin embargo, hasta la alegría en Beethoven es desgarradora y una no sabe, ante sinfonías como la Séptima, si se encuentra ante el Romanticismo en estado puro o ante algo que aún no tiene nombre. Porque no todo está en los nombres.
Quiero desde aquí rendirles homenaje a las vedettes y otras artistas de "El molino rojo", que estaba en el Paralelo y acogía un espectáculo de varietés. Las artistas además de tener unas buenas piernas tenían que ser simpáticas y ocurrentes, porque tenían unos parroquianos fijos y no hubieran soportado ver todas las noches el mismo espectáculo sin morcillas ni interpelaciones o salidas de madre. O sí. Vaya como muestra de lo que se les pide a los artistas de verdad, porque la técnica sobre las tablas ya se les supone.

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