29.1.17

Idiomas, digo idiotas

igo a vueltas con el lenguaje con otra costumbre más que se está quedando, por lo menos en mi entorno: hablar dos lenguas a la vez, al mismo tiempo. Hace muchos años, quien es ahora y desde hace bastante tiempo una experta en Lingüística computacional, nos daba clases de Lingüística general en la Universidad de Barcelona y nos prevenía contra el uso de dos idiomas a la vez. No se trataba de que no empleásemos como barbajanes los anglicismos que se van incorporando cada dos por tres a nuestro vocabulario. Se trataba de que cuando hablásemos en español, habláramos en español, y así con cualquier idioma. Sobre todo, la profesora Maria Antònia Antolin Martí, lo decía porque estaba demostrado que si bien los niños pueden adquirir varios idiomas a la vez sin problema, simplemente ralentizando su aprendizaje- lo cierto es que para ellos es un berenjenal hacerse con un idioma que los padres o los abuelos emplean con retazos de otro. Esa jerigonza es muy oída en mi ciudad. Es habitual oír a un abuelo dirigirse a un nieto a su cargo mezclando frases en catalán y en español (o castellano). 
Hace poco oí en el tren una conversación entre chinos y después de mucho rato distinguí la palabra "discoteca", que interpreté como la forma con la que ellos se podían referir a algo que tal vez en su idioma sí tiene un nombre pero que no es suficientemente preciso. También oí hace poco en el metro a dos mujeres africanas que de vez en cuando intercalaban frases en español, como jirones de alguna conversación, como si cuando introducían lo que había dicho una tercera persona lo hicieran literalmente. También es bastante frecuente encontrar familias en que el esposo le habla a la esposa en catalán y la esposa le contesta en castellano, etcétera. Ayer coincidí en la línea 45 de autobús con un padre que hablaba en inglés y catalán y su hija de unos 6 años contestaba en inglés. Lo que yo señalo no son esas costumbres, sino la mala costumbre de hablar dos idiomas a la vez rompiendo incluso la sintaxis, o forzándola. Conozco casos muy cercanos a mi entorno y me resulta bastante exasperante. Especialmente recordando las palabras de Antolín, que aseguraba que entorpecía mucho la formación y la competencia de un niño en su lenguaje. La profesora recomendaba que en caso de familias bilingüe era muy adecuado que el niño adquiriera el catalán por ejemplo del padre y el castellano de la madre, y nos prevenía de que lo que era perjudicial para el desarrollo del niño era que el padre hablara a la vez los dos idiomas y la madre también. La costumbre dificulta el aprendizaje y hace que el niño apenas pueda distinguir un idioma de otro. Si le hablas en catalán o español a tu hijo y este, porque le puedes pagar una escuela trilingüe, te contesta en inglés, no le perjudica, mezclar inglés y catalán o inglés y español y ya no digamos los tres lenguajes sí.
Verdaderamente me es igual que me hablen en un idioma o en otro, si es que puedo defenderme en reciprocidad (no diré "atacar"). Sin embargo, cuando alguien me habla en catañol con frases sacadas como de la televisión pretendidamente frescas, como si buscaran una conversación chisporroteante y animada, me muero de fastidio. Algún anglicismo no está mal, algún castellanismo en el catalán tampoco, lo que es aborrecible es una lengua que parece una canción de Manu Chao o de alguien que perdió el senderi. Digamos que la moda étnica (la "alianza de civilizaciones") y el mestizaje cultural, que está muy bien, ha hecho mucho daño en mentes mal amuebladas. Es normal que las lenguas sean permeables a las influencias extranjeras, otra cosa es adoptarlas, todas.
La segunda costumbre a que me podría referir es la de algunos cantantes que cambian la fonética del genio de su idioma. Me estoy acordando de Aznar hablando con acento tejano, pero ahora mismo no encuentro ningún buen ejemplo de un grupo de rock o de pop que use un acento ajeno a su lengua, un vocalismo anglófono. Los hay. Está muy estudiado el yeísmo rehilado rioplatense, en Argentina, que se originó a finales del siglo XVIII o principios del XIX al parecer, y en el que no fue ajeno el entusiasmo de las mujeres. Vino de una moda, por lo tanto no desdeñemos el poder de una moda por tonta que sea.

Dan Piraro

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27.1.17

Fablistanio administrativiano

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
Lewis Carroll, "Jabberwocky", Alicia a través del espejo (*)


unque se supone que el lenguaje hablado es una facultad de las llamadas superiores y que caracterizan a la especie humana y la sitúan por encima de todos los animales, los vegetales y los minerales, a veces es una fuente de desdichas y decepciones. 
Una de las calamidades lingüísticas con las que hay que convivir cotidianamente son los traductores automáticos. Ya di en una anterior ocasión un ejemplo en que García Lorca se convirtió en Gracia Loca en el traductor automático de un periódico de tirada nacional. El monopolio Amazon también tiene un traductor automático lacerante. Cuando soy de las pocas personas que al parecer aún o ya distinguen una cizalla de una guillotina, resulta que ahora le llaman "podadora", tal y como se puede ver en la captura de pantalla que he salvado cuando en realidad buscaba un plato de porcelana para mezclar pigmentos de acuarela. 
Además, esta semana también tuve un susto porque recibí un mensaje de voz transcrito a texto en el que apenas pude entender que había fuego y que habían entrado en mi casa. Luego supe que lo que había ocurrido es que el vecino se había dejado comida en el fuego y había cerrado su piso con la llave puesta por dentro, por lo que corrió a buscar a mi hermano, porque somos vecinos, y conseguir entrar a través de mi casa por el balcón a la suya. Esto por no decir nada del autocompletado automático de muchos artefactos, cosa que cada vez que me compro un chisme nuevo corro a desactivar desde una mala experiencia que tuve y que me fue muy difícil explicar.
Me parece pésimo el traductor automático de Amazon y de difícil justificación en un mundo lleno de informáticos y de personas capaces de traducir del inglés al español. Que las instrucciones de un aparato fabricado en Corea tengan una competencia lingüística hispánica extravagante hasta el punto de hacer inútil su existencia, me parece bastante justificable. No así los productos de Amazon y más para un mercado tan amplio como debe de ser el de nuestro territorio.
Todas estas novedades, que ya no lo son tanto, se reúnen con una ortografía penosa, de la que además se hacen eco en la prensa. Por ejemplo, hoy, cuando se referían al accidente provocado por un conductor de un autocar escolar que había consumido cocaína, los diarios reproducían los mensajes intercambiados en los móviles de algunos de los chicos y verdaderamente empeoraban lo que parecía ya de por sí malo. Que aparezcan en los periódicos no es que los absuelva pero sí que hace que de alguna manera se contaminen los ojos del lector, que alguno habrá, que más o menos conozca las reglas gramaticales.
Pero dejamos en paz a la prensa y ¿qué nos quedan?, uf, pues mucho más: los malentendidos, por decir algo. Pero además también todo lo que tan elocuentemente aflora en el lenguaje como ocurre con rumores malintencionados o donde simplemente se hace alarde de saber algo de lo que no se sabe nada, imprecisiones, bucles, embustes y en general todo cuanto denota una falta de atención verdaderamente pasmosa.
Simone Weil nos dejó un pensamiento lúcido y muchas reflexiones en las que podríamos reparar, pero las que ahora me interesa recordar son dos: "L'attention est la forme la plus rare et la plus pure de la générosité" (La atención es la forma más rara y más pura de la generosidad) y "La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración".  Pero la atención se ve muy perjudicada cuando la actividad es frenética o no hay paz y sí algo de fastidio.
Hace unos días tuve que recorrer cosa de siete ventanillas para elucidar qué había ocurrido con el informe de un TAC de mi madre, que está a mi cargo. Sin entrar en los pormenores del fondo del problema, que es la concertación de servicios con empresas privadas y otros intermediarios, sí me detengo en que en la mitad de las ventanillas la atención era muy débil. No era por una cuestión de voluntad o solo de voluntad, más bien se trataba de una cuestión de dispersión. En una de las ventanillas se me preguntó cinco veces qué día le habían hecho la prueba a mi madre. Si yo tuviera un trabajo así y mi memoria fuera como la de Dory, con amnesia anterógrada, lo que haría es apuntar lo que me van diciendo para no tener que volver a preguntarlo. La mujer que me atendió era muy solícita pero tenía la memoria de un pez. Y esto ocurre más a menudo de lo que soy capaz de expresar. En otra de las ventanillas el problema era de lo que yo llamo "bucle". Después de dirigirme a la persona que había en la ventanilla obteniendo su ayuda aún admitiendo que yo ya sabía que no era su cometido, después de haber hablado un buen rato explicándole cuanto podía ayudarnos a que ella me ayudara, volvimos al principio y me dijo que es que aquello no era para los TAC.
Tampoco falta quien a costa de ser lacónico nos hace el día a día penoso y nos sitúa en la incertidumbre y la polisemia. O hay quien habla increpando, como regañando. De manera que al final si uno quiere vivir un poco tranquilo decide hablar cuanto menos mejor.
Mi cita de Alicia a través del espejo viene a cuento de la jerga empleada en el poema conocido como Jabberwocky en gobbledygook, esto es en un idioma sin sentido. Hace unos meses recibí una carta pretendidamente oficial en gobbledygook administrativiano catalán, lleno de giros supuestamente legalistas y de acuerdo con la doctrina kumbayera en la que coexisten los cargos políticos de la ex-Convergència, Esquerra Republicana de Catalunya y buena parte del Partit dels Socialistes de Catalunya. Es la versión propia de aquel lenguaje florido que aún algunos conocimos, del "Dios guarde a usted muchos años", de indudable estirpe arabista. En realidad quienes escribieron la carta (copy-paste indudable que hasta dejaba flotar alguna falta de concordancia entre párrafos) no sabían expresarse mejor con sus propios recursos de lenguaje y acudían a lo que por su ininteligibilidad podía causar una mayor impresión.

Captura de pantalla de una cizalla de Amazon

Dana Fradon, 1969


(*)
'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

'Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!'

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought--
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

'And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!'
He chortled in his joy.

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

En el artículo de la Wikipedia se ofrecen varias versiones al español, de las que aquí recojo la de los argentinos Mirta Rosenberg y Daniel Samoilovich:


Asardecía y las pegájiles tovas
giraban y scopaban en las humeturas;
misébiles estaban las lorogolobas,
superrugían las memes cerduras.

¡Con el Jabberwock, hijo mío, ten cuidado!
¡Sus fauces que destrozan, sus garras que apresan!
¡Cuidado con el ave Jubjub, hazte a un lado
si vienen las frumiantes Roburlezas!

Empuñó decidido su espada vorpal,
buscó largo tiempo al monxio enemigo -
Bajo el árbol Tamtam paró a descansar
y allí permanecía pensativo

Y estaba hundido en sus ufosos pensamientos
cuando el Jabberwock con los ojos en llamas
resofló a través del bosque tulguiento:
¡burbrujereando mientras se acercaba!

¡Uno, dos! ¡Uno, dos! ¡A diestra y siniestra
la hoja vorpalina silbicortipartió!
Al monxio dejó muerto y con su cabeza en ristre
el joven galofante regresó.

"¡Muchacho bradiante, mataste al Jabberwock!
¡Ven que te abrace! ¡Que día más fragoso
me regalas, hijo! ¡Kalay, kalay, kaló!"
reiqueaba el viejo en su alborozo.

Asardecía y las pegájiles tovas
giraban y scopaban en las humeturas;
misébiles estaban las lorogolobas,
superrugían las memes cerduras.

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24.1.17

Post 1490: El presunto frío

stos días atrás nos predijeron una ola de frío siberiano, que algo se dejó notar pero no en consecuencia al caudal de pronósticos que nos hicieron por todos los medios. Incluso me atrevería a decir que no hizo frío en Barcelona, apenas algo más que los días pasados y que los que le han seguido a enorme velocidad. Cambié la ropa de mi cama y puse un edredón pero anoche me sobraba. Y sin embargo hay mucha gente que se ha constipado y mucha gente que decía tener frío. Así que más bien reparo no en el temporal en sí, que fue mayor en la mar y levantó olas de 8 metros en la Barceloneta, sino en lo rápido que ha sido.
Todo es para mí de una tremenda rapidez y a veces me sugiere una inconsistencia tremenda que sería liviana de no ser eso, tremenda. Me dispongo a leer Nudo de víboras (1932) desde la primera persona de alguien que sabe que se va a morir y quiere dejar una carta a sus allegados hablándoles de su sentimiento tras una vida desdichada y de avaricia. Parece una empresa ardua, tanto recordar como recapitular y llevarlo a las palabras. François Mauriac es siempre nombrado como "escritor católico", apelativo que también se da a Graham Greene pero como algo incidental y secundario. El librito tiene una longitud diremos que de unas 300 páginas, por lo que me despierta una gran curiosidad saber si se trata de una justificación, una venganza o un ejercicio literario para mostrarnos a los propios lectores en nuestras debilidades y miserias. Por el tiento de las primeras líneas adivino que no hay un desbordamiento, si acaso reproches y un autoconocimiento amargo, reflexivo, severo tal vez, pero ligero.
Decididamente me aburren e irritan las redes sociales, con un caudal vertiginoso de noticias y de imágenes, cada vez más imágenes, en donde todo desfila con una rapidez que hace desear el sosiego y la lentitud, el silencio. Claramente me di cuenta de lo que se pueden llegar a atropellar las ideas o sus sucedáneos en nuestras mentes apresuradas ante la foto que hoy incrusto. Son dos anuncios contiguos, uno que nos invita a imaginar que somos más y otro que nos advierte de que cada día somos menos. Más o menos, lo que importa es el contraste de esos dos anuncios publicitarios, uno para recordarnos la solidaridad con los ancianos, que se sienten solos, y otro para recordarnos que no estamos tan limitados como creemos. Naturalmente el de la solidaridad nos quiere tocar una fibra, la sentimental, mientras que el del club deportivo lo que nos quiere tocar es el afán de superación. En mi opinión el club ha buscado una imagen, de la nadadora de competición Ona Carbonell, que tendrá un enorme atractivo y fotogenia, pero que no es modelo a seguir. 
La mayor parte de nosotros admitirá que son dos imágenes incoherentes, que es posible ser solidario y perseguir una forma física ideal. También admitiremos que muchas personas podrán lograr la pinza que Ona Carbonell exhibe con el entrenamiento preciso, la cuestión es si esa forma física es siempre la óptima, la buena o la que nos ayudará en algo que no sea ser "más". Me pregunto qué efecto subliminal tienen tantos mensajes como recibimos diariamente, a veces no contradictorios pero sí de alguna manera incompatibles. Que la publicidad roza la irracionalidad es algo de lo que tengo total seguridad hace tiempo. 
La cacareada postverdad tiene mucho de acumulación de imágenes, algunas de ellas reales, otras retocadas y otras fingidas. Que la programación neurolingüística y demás nos bombardeen con el wishful thinking y con aquello de que el cerebro no distingue lo cierto de lo incierto, me causa cada vez mayor perplejidad, puesto que el siguiente paso es que qué más dará si algo es cierto o no con tal de que "funcione".

Publicidad en el metro: "Mai vaig pensar que el pitjor de fer-se gran fos la soledat"  (vídeo de "Amics de la Gent Gran") "#etsmesdelqueimagines" (*)

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(*) "Nunca pensé que lo peor de envejecer sería la soledad"; "#eresmasdeloqueimaginas

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22.1.17

A nadie le amarga

ueda claro, al leer un par de páginas de "El País" de 1993 y de 2013 no solo lo que ocurrió con la fábrica de confección de tejanos Rok sino con todas las fábricas de tejanos y se diría que de confección, han sido deslocalizadas. La parada de autobús es de la línea 36, que hoy en vez de llamarse Aduana Besós-Verneda, se llama Passeig Marítim-Can Dragó, pero que si no exactamente por lo menos en general cubre el mismo recorrido desde el puerto viejo hasta el barrio de Porta. La máquina de chiclés, de la que he conseguido un detalle más ampliado, se vendía hace bien poco en Todo Colección a cerca de 500 euros y hasta más. Gracias a Retroriginal podemos ver un ejemplar azul de 1969 donde se indica que es el modelo Babimatic de "la fábrica de chicles Azcoyen". Me temo que los chicles no eran Azcoyen, que lo que fue Azcoyen es la fábrica de las máquinas, como se puede apreciar en otras fotos de Retroriginal. En la web de Azcoyen podemos rescatar otra máquina del olvido, la expendedora de tabaco Polimatic Novomatic de 1965 y la expendedora de tabaco Electronova de 1982. Actualmente Azcoyen se presenta como una multinacional con sede en Peralta (Navarra) y siguen fabricando máquinas expendedoras pero también trabajan en el pago automático y en sistemas de seguridad y control de accesos. 
Además de por la máquina de chiclés Babimatic de Azcoyen, no es difícil establecer en el año 1970 o posteriores la imagen de hoy, ya que la joven lleva un jersey de cuello redondo y corto, a la altura de la cintura del pantalón, que por aquel entonces empezó a llevarse de pata acampanada. El jersey se llamaba shetlan, por la lana, aunque no fuera de lana, pero se pronunciaba sheilan. Mª Trinidad Vílchez sitúa la foto en el año 1960, pero todo cuanto digo me hace situarla diez años después. 
Hoy en día aún es posible encontrar máquinas de chicles pero están en el metro o en estaciones de tren o en establecimientos grandes como hospitales, etcétera. Las pocas que hay en la vía pública y ofrecen chicles de bola multicolores están a la puerta de panaderías o de lugares donde se espera atraer a los niños.
La máquina Babimatic tenía un gancho que se deslizaba no sin esfuerzo por una ranura y eso accionaba el dispositivo que liberaba una bola, no sin antes meter una moneda de una peseta en la ranura correspondiente. El gancho iba duro, no era como las máquinas expendedoras modernas, de todo tipo de productos, que además son silenciosas. En los años 70 era raro que yo tuviera una peseta y si la tenía me la gastaba no en chicles sino en sidral Bragulat, en pipas o en unos caramelos pequeños que por una peseta te daban 10. Esos caramelos hasta se usaban como moneda de cambio cuando aún se usaban los céntimos. El envoltorio era blanco y creo recordar que eran de gusto de anís o de menta y que hasta los hubo de nata. Los compraba en una lechería que había en la calle Montmayor del Turó de la Peira, pulcrísima, que regían unos murcianos. A finales de los 70 aparecieron en envoltorio de color y a un precio que creo que descolocó el producto. No recuerdo bien tampoco si pasaron a venderse por unidades. Es algo de lo que no encuentro pista alguna en internet.
Durante años los caramelos y las chucherías tenían el mismo precio pero variaba si acaso la cantidad que se vendía. Es decir, podía ser que las bolsas de pipas fuera de una peseta durante toda una década, pero que se fueran adelgazando, o que los caramelos se fueran empequeñeciendo. Los caramelos a que me he referido ya eran pequeños desde su principio. En Retrochuches lo más parecido que encuentro es un anuncio de caramelos Snipe de nata
Los chicles de bola eran más duros aún que la palanca que los liberaba, aunque comparado con los Bazoka eran chantilly o serrín. Se puede decir que no empecé con los chicles hasta que aparecieron los Cheiw. La foto que enlazo es de ejemplares de los años ochenta, ya que previamente la marca (Productos Damel) se vendía en tipos góticos, cosa que remataba el aquel inglés que tenía el nombre. Ahora Damel, empresa que está entre Valencia (frutos secos) y Alicante (gominolas), no produce chicles, y supongo que ese nicho comercial se lo han tragado las otras fábricas o firmas.
En Perdedores y buscadores ya comenté mi periplo para encontrar regaliz Saila, en cuyo consumo ya he desistido. Las últimas latas que conseguí las hice durar y durar pero ya las consumí. Ya sé que comparado con la guerra de Siria es una tontería sin importancia.
Aunque de niña también me gustaba muchísimo el maíz tostado, me daba miedo dejarme entre los pedacitos crujientes mis propios dientes. También tengo un recuerdo para unos caramelos que nos traía el director de la Academia Virrey Amat el día de su cumpleaños. Se llamaba Laureano Vilalta Mata y falleció el 18 de julio de 1980, cuando tenía solo 45 años. Un domingo, al volver de la playa, leía "El Correo Catalán" de mi padre mientras mi madre cocinaba y él se duchaba. Vi la necrológica y tuve mucho disgusto. Fue un accidente náutico, si no me equivoco. Los caramelos eran redondos y llevaban un envoltorio rojo brillante. En mi curso éramos unos 60 niños, así que creo que nos daban uno a dos por cabeza. Son los caramelos más buenos que he comido nunca. Que Dios lo tenga en su gloria.



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21.1.17

Las hojas marcescentes

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mí
Salmo 51


unque algunos años los árboles de hoja caduca no se llegan a desprender de todas sus hojas, cosa que los botánicos conocen como "marcescencias", no se conoce bien los motivos. Es por cuestiones adaptativas, y el caso es que este año he visto muchas. Los chopos que tenemos en Barcelona son en su gran mayoría clónicos, de vivero, por lo tanto no cabe hablar de un proceso totalmente "natural" ¿O sí?  Por "natural" entendemos en mi ciudad por lo menos tres cosas: que una bebida se sirve sin que haya sido refrigerada ni calentada, que algo ocurre de forma espontánea y sin las trabas de lo esforzado, que lo ha creado la naturaleza y no está modificado. En el lenguaje figurado músico, taurino y pictórico también adquiere significado por que "al natural" designa una nota que no tiene alteración de tono, un pase por la izquierda pero sin estoque y un apunte que se toma directamente del modelo. Creo que fuera de Barcelona no se le llama al agua "natural", cuando pedimos que sea "del tiempo", pero con tanto turismo todo tiende a nivelarse y no me extrañaría que ya se pudiera pedir en cualquier bar de España un agua "natural" sin causar desconcierto.
Decía Julio Caro Baroja en su libro sobre nuestros pueblos étnicos (1946) que prácticamente no había ya ni un solo lugar que no hubiera sido modificado por el hombre. Los bosques hispánicos más dejados han sido alterados por el uso de los habitantes de la Península, tanto en su orografía como en sus especies vegetales, animales y minerales. Naturalmente (otra acepción de "natural" que utilizo deliberadamente, la de lo que es lógico), naturalmente digo, la naturaleza siempre se hace valer, atraviesa todo cuanto percibimos y hasta lo que se llama sobrenatural obedece leyes y constantes.
Aunque la naturaleza no es simple, aparece siempre unida a esa palabra ("simple y natural") para referirse al anhelo de llevar una vida llena de pureza y sin complicaciones ni ideas escabrosas o inútiles. Como en una ciudad el contacto con la naturaleza se confina a la comida y al paso de las estaciones, poco más, es todo un reto pretender comer de acuerdo con las cosechas locales, del quilómetro cero o veinte o cincuenta. En Barcelona no hay de momento catástrofes naturales.
Aparte de la distancia de donde recibimos los alimentos, está el hecho de su manipulación. Los alimentos funcionales y hasta los modernos zumos "detox" ofrecen comida elaborada bajo la apariencia de que son productos que se completan o combinan con otros a cual más in. Y encontrar batido de arroz que no lleve azúcar o galletas que no sean laxantes (pero no por la fibra, sino por el sorbitol) es una tarea ímproba y a veces imposible. La guerra transgénica a las pepitas de las sandías, resuelta en frutos modificados por la biotecnología, es todo un ejemplo de la estupidez humana. Y sobre todo ello podríamos abundar tanto que aburriríamos a las ovejas. 
No evitaré referirme a las hierbas. Aunque en fitoterapia siempre se han hecho preparados con diversas hierbas con finalidad curativa, hay una moda especialmente cercana al té que produce colecciones completas de sabores especiados, afrutados, florales y hasta edulcorados. Como si el té no fuera suficientemente bueno per se, la mercadotecnia nos presenta una infinidad de infusiones ante la que nos sentimos perdidos y abrumados donde otros se siente fascinados. Yo suelo tomar un ceilán (ahora habría que decir Sri Lanka) de los de siempre, aunque también me gusta el oolong, un té blanco y el que está perfumado con bergamota pero no deja de ser un clásico. El té rojo y el rooibos, aunque admito que sientan bien, tienen un aroma como de fondo de bolsillo de abrigo muy usado. Todas las demás sofisticaciones y estupendeces me sobran. Es digno de señalar que cuando actualmente pides en un bar un té "normal" no te entienden. Y por "normal" yo entiendo un ceilán, un té de los que hasta hace bien poco reinaba en soledad en las cafeterías también "normales".
También resulta difícil encontrar a veces galletas María de las de siempre, "normales". Aunque en Aguilar de Campoo (Palencia) se siguen produciendo galletas no siempre son como las que me gustan más, las primigenias Fontaneda. Y aunque diga "las de siempre", hay que reconocer que el nombre al menos proviene de "Marie biscuit", en honor a María de Hesse-Darmstadt o Maria Alexandrovna, hija del zar Alejandro II. De hecho, yo me aficioné a las galletas María cuando de niña leía los libros de aventuras de Enid Blyton, porque cada dos o tres capítulos comían galletas. Yo también comía entonces unas galletas con queso Carvel y leía. Años después leí algunos libros de Francisco Umbral, donde abundaban los tragos largos, o de Julio Cortázar, donde mateaban a menudo, y sin embargo no sentí la llamada de la bebida, aunque sí noté que la profusión de ginebra y mate se producía con otros elementos en muchos libros de ficción. No sé si los cigarrillos han desaparecido de la literatura de ficción como sí han desaparecido prácticamente del cine. Por suerte fumar se ha convertido en algo marginal, cuando debería haber sido algo simplemente especial.
Natural, marginal, especial, normal, son palabras entre las que nos organizamos al menos durante un tiempo. Volviendo a las hojas marcescentes sin embargo podríamos decir que son naturales, marginales, especiales y normales. Y tienen la belleza de lo heroico porque resisten el frío y lo hacen a nuestros ojos como si adoptaran un humano estoicismo. En realidad son hojas de las que el árbol se desprenderá en cuanto seguramente en marzo broten las hojas nuevas. Aunque en términos de táctica militar podríamos decir que son las hojas de la retaguardia más que de la vanguardia, su condición nos sirve para ejemplificar lo que ocurre con las personas que como yo no sirven para ninguna generación. 

Hojas marcescentes de chopo

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16.1.17

Blue Monday

Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Enrique Santos Discépolo, Cambalache

n el Diccionario lunfardo consta que dublé es "imitación de alhaja fina, oro falso, metal dorado". Nadie se interesa demasiado por el plagio en el sexto arte, y mucho menos por las falsificaciones, pero el tango "Cambalache" es en el cuarto arte la plata fina que mejor representaría la farsa social, al lado de aquel poema de Rosalía de Castro -en el sexto arte- intitulado "Eu non che digo nada pero... ¡vaia!".
Cuando Ricciotto Canudo incorporó el cine como séptimo arte a la lista faltó poco para erigir a las divas del celuloide en musas. De hecho lo son, se les llama las musas del cine, pero cada vez el cambalache es mayor. Anteayer fui a la última sesión de los cines Girona a ver "Mimosas" (Oliver Laxe, 2016). A los diez minutos de transcurrida la película mi sola preocupación era el bienestar de los burros y, cuando ya no quedó ningún burro, saber por qué razón el título era "Mimosas". En el Atlas que yo sepa no hay mimosas (Acacia Dealbata), de hecho se considera una especie invasiva en España y parece que provienen de Australia. Pero tal y como nos dicen en Jotdown a Oliver Laxe le gustaron mucho unas mimosas que vio en Sevilla y por eso le puso ese título a la película. De ahí en adelante me temo que lo demás es por el estilo.
Probablemente todo lo que nos dicen en Jotdown es cierto: que Oliver Laxe "es el cineasta español más talentoso de su generación", por ejemplo. No estoy en nada de acuerdo con los alabados "planos finales de taxis avanzando por el desierto", que guardan mucha similitud con un sinnúmero de westerns y hasta con "Thelma y Louise" (Ridley Scott, 1991) (la foto que enlazo es clarísima). Me gustaron mucho "París, Texas" (Wim Wenders, 1984) y "Bagdad Café" (Percy Adlon, 1987), lo que me exime de tener que dar explicaciones de lo muchísimo que me gustan los desiertos e incluso "Centauros del desierto" (John Ford, 1956).
Que desde el minuto 9 si no antes me diera cuenta de que "Mimosas" no me iba a gustar fue por el convencimiento o prejuicio de que era un dublé. No exenta de una cierta sofistificación recurre a elementos muy seguros para hacerla atractiva: lo étnico, lo espiritual y una trama que se cruza con otra para yuxtaponerse en un punto en el que el director nos pretende remover el eje del misterio y la paradoja, dos valores que dan más juego en el cine negro. Pero no hay misterio ni paradoja cuando se hace absurdo creer que una caravana va a desviar su camino para enterrar a su guía o sheikh en Sijilmasa atravesando la cordillera del Átlas. Admitiendo que la fotografía -ese comentario tan socorrido- es muy atractiva, admitamos también que es legítimo reclamar que las películas tengan algún sentido y nos propongan algo. Faus, de Jotdown otra vez, nos advierte de que la película no hay que entenderla y que lo que hay que pretender es encontrar "emociones a largo plazo". Será. Otro día que tenga mejor humor, no hoy, tal vez me documentaré bien sobre las costumbres mortuorias en Marruecos. Pero me imagino que los nómadas harían como aquí nuestros gitanos hacían. 
Además de padecer por los burros cargados y por la absurdidad del itinerario y su misión, podemos entretenernos analizando como en un telar como la urdimbre apenas nos presenta dos mujeres (la viuda del sheikh y una joven de aspecto bereber que no puede hablar por algún trauma o alguna discapacidad. Todo lo demás son hombres. Se dirá que hay infinidad de películas, estoy pensando en las de los submarinos, en los que no sale ni una mujer en todo el recorrido.
A la muerte de cada personaje el tejido coincide en ser más difuso y ciertamente la confusión quimérica de tramas puede llegar a plasmar una idea muy poética e inefable de lo que es perderse. El taxista con baraka llamado Shakib, un bendito, es el personaje que aglutina un poco la acción, cosa que lejos de aclararla la distorsiona. 
Me sabe mal admitir que antes de ponerme a escribir quise ver qué aspecto tiene Oliver Laxe y me encontré con esta fotografía que enlazo aquí. No quisiera ensañarme con nadie y mucho menos con su imagen (¡"contentos y amargaos"!), pero ¿no les parece que ilustra cuanto dije arriba? ¿no es un moderno "dublé"? Y no es envidia, aunque haya obtenido muchos premios, recalcar la juventud del cineasta y en contraste la madurez que le alaban. Mejor para él, claro. Que le dure.
***
Precisamente hace unos días yo pensaba al hojear el magazine de "El País", cuando tenía 30 años todos los colaboradores de "El País" tenían 50 años y ahora que tengo 50 años y algunos más la mayoría de los colaboradores son treintañeros. Aunque esta reflexión no tiene validez estadística alguna, es cierto que hay un rejuvenecimiento de las filas. Pero por "sobradamente preparados" que estén algunos de ellos o todos, falta el talento auténtico, que es un don escaso.



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15.1.17

Los hombres no saben

que hubo hombres que escribieron para ellos.
-Y esto es feo-.
No siquiera el Alcalde de Berceo
ha leído de Berceo.
No engañaros.
Ningún pobre de América del Norte,
ningún minero
ha leído a Walt Whitman.
Ningún compañero,
ningún campesino,
ningún obrero,
ha leído a Blas de Otero.
¡Neruda! Los esclavos de Chile
no se saben tus versos.
Y los inditos peruanos hambrientos,
no saben quién fue César Vallejo.
Gloria Fuertes (Mujer de verso en pecho)

a primera vez que leí los versos de "Los hombres no supieron" me dejaron la impresión tal vez equivocada de que Gloria Fuertes señalaba el distanciamiento de los autores y no el de los hombres para quienes escribieron (los pobres de América del Norte, los obreros, los esclavos de chile, los inditos hambrientos). Después, al volverlo a leer en veces sucesivas, se me ocurren las dos "interpretaciones", si es que la poesía se debe interpretar. Incluso hay una tercera interpretación, la que incluye las dos. Otra posibilidad es la de tener en cuenta que Gloria Fuertes tendía a ser enunciativa, no analítica, y simplemente hace notar una gran verdad, la del relativo aislamiento del escritor y en particular del poeta.
Me encuentro estos días pensando  no en una poesía sino en un texto que escribiré en otro blog con unas observaciones técnicas sobre Documentación médica. Nada que ver con lo de Berceo, Walt Whitman, Blas de Otero, Pablo Neruda ni César Vallejo. En algunos momentos podría pensar en quienes rigen el negocio de las bases de datos bibliográficas, en los últimos años demasiado pendientes de la mercadotecnia y el "rebranding". En otros momentos podría pensar en los colegas documentalistas, que también han dejado de estar pendientes de los estándares, la calidad y esas cosas para pasar a preocuparse también y denodadamente por la mercadotecnica y el "rebranding". Tampoco pierdo de vista a los más perjudicados, quienes necesitan conseguir documentación y bibliografías y hacerlo de forma fiable y fácil. Y no me olvido de mi propio punto de vista, puesto que la inconsistencia de los resultados de mi trabajo recaen o pueden recaer sobre mi credibilidad.
La frase Cherchez la femme (de una novela de Alexandre Dumas padre) remite a la explicación por la que en toda pulp fiction hay que buscar como raíz o desencadenante del crimen a una mujer. A veces el estímulo es la envidia, como nos recuerda Qohélet. O la vanidad. No parece fácil desnudarse de motivos espurios y decir lo que hay que decir derechamente y de la forma que he llamado "enunciativa" antes. Despojar el texto de intenciones secundarias o secretas lo llena, a mi entender, de potencia y limpieza.
Hace poco descubrí una foto de Jaime de Marichalar hojeando en una librería, el año 2013, un libro sobre Iñaqui Urdangarín que escribieron Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta. Reflexioné que si yo me hubiera encontrado en el caso del ex-marido de la infanta Elena tal vez también me hubiera interesado por el libro, pero me hubiera cuidado de mostrar el menor interés. Con ello no me considero mejor que él, ni mucho menos. Si acaso le alabo la gallardía. Otros dirán que es una bajeza. Esta fotografía si acaso es la contrapartida de cuanto introduje con los versos del poemario Mujer de verso en pecho. Lo que se lee por obligación, por creer que hay que leerlo, porque por nuestro trabajo es de lectura ineludible, etcétera. Es por esta razón, por la potencia y la limpieza a la que me refería, por la que la imagen me parece positiva, porque el caballero hojea un libro que le interesa.
Me interesa enormemente lo que escribieron Gloria Fuertes, Gonzalo de Berceo y el panvitalista Walt Whitman. Me interesa cuando escriba para el tema de la Documentación médica aclarar y resumir donde están los fallos y proponer una reorientación del negocio, con honestidad.
En mi vida literaria, cada vez más exigua, me interesa también la honestidad. Siempre mi conexión con los autores que nos han precedido ha sido en algunos casos muy viva, hasta preternatural, cuestión que ha permitido creer en que de alguna manera era admitida entre ellos, aunque no fuera admitida entre los que están ahora vivos, consagrados, reconocidos. Y escribo hacia el futuro, como un testimonio de estos tiempos que paso el testigo de una tradición.

Foto de "Diez Minutos"

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10.1.17

Rogamos permanezcan atentos a sus pantallas

A la muerte de José Luis Barcelona, otros periodistas le alaban representar tan bien aquello de "no ofender, no irritar, no molestar". Representa toda una época en la que en un locutor la dicción era muy cuidada pero natural y la presencia pulcra, además de que no había lugar para extravagancias o -por decirlo en positivo- lo habitual era que quien conducía un programa fuera discreto, atento y grato, sin que se le conocieran tendencias ideológicas. Mi afirmación es arriesgada pero ahí queda como marco general. 
Me parece extraño que no se hable del sonsonete característico que adoptan algunos locutores de la nueva escuela, especialmente los que suelen cubrir los sucesos de la calle y algo de la prensa del corazón. Aparte de que emplean un tono de voz tirando a desgañitado, si es cierto que vocalizan bien, también lo es que emplean unas curvas melódicas exageradas y que acaban cansando. Aquí encontramos un ejemplo de La Sexta, pero también se da este tipo de locución en otras cadenas. 
En la prensa escrita lo que irrita es un mal titular. Tal vez el peor titular es el inexacto, sin negarle que puede atraer a la lectura, si es que la lectura es algo a lo que podemos invocar en estos tiempos. Ayer, por ejemplo, leí para mi sorpresa un titular de "El País" sobre el discurso de Meryl Streep en la entrega de los Globos de Oro, en el que lo que se decía es que la actriz atacaba a Trump. Lo desacertado del titular queda demostrado porque hoy hay sido transformado en una frase más larga pero más cerca de la realidad: "Meryl Streep conmueve en los Globos de Oro y ataca a Donald Trump".  A los que pudimos entender poco más o menos las palabras en inglés de la actriz, sin tener que esperar a los vídeos que luego reproducían el speak con subtítulos, lo que nos impresionó fue la manera maestra que tuvo de imponerse ante Trump y su estilo. Primero fue presentando a modo de saludo a varios actores, señalando su origen no estadounidense, y después señaló un episodio de la campaña electoral del nuevo presidente de Estados Unidos, en el que ridiculizó a un reportero discapacitado. Meryl Streep dijo que las faltas de respeto invitan a la falta de respeto y la violencia a la violencia. Por último tuvo un recuerdo para la actriz que tuvo su papel más importante en la princesa Leia, Carrie Fisher, recordando una frase suya: Take your broken heart, make it into art (literalmente: "Toma tu corazón roto y conviértelo en arte").
El primer titular de "El País" lo que declaraba es "Meryl Streep ataca a Donald Trump en los Globos de Oro". Aunque tal afirmación es verdadera, lo que es plenamente verdadero y acertado es que el discurso de la actriz fue toda una lección de dicción y de actitud edificante, no destructiva. Un mensaje tan hermoso como el que nos ofreció queda menoscabado y ensombrecido con un titular impreciso.
En esta época que ni Susan Sontag pudo imaginar que fuera tan lejos el predominio del imagen sobre las palabras, es importante recordar que la precisión es algo deseable, y la precisión en el lenguaje necesaria.


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8.1.17

Necesitados de atención (notas sueltas)

e vez en cuando es fácil encontrar ofrecida cerca de donde la basura alguna pintura original enmarcada. Yo creo que se trata de regalos que el agasajado no valoró demasiado y que en vez de echarlos directamente al contenedor los deja expuestos por si alguien sí los apreciara.  He podido comprar ya tres libros en Todo Colección que llevaban la dedicatoria de los autores a sus primeros propietarios. Podríamos pensar que esos cuadros y esos libros han pasado por otras manos intermediarias. Es decir, tal vez alguno de los libros que llegaron a mi biblioteca pertenecieron a alguien que ya no vive y cuyas posesiones pasaron a peso a un comprador de objetos de segunda mano. 
Como he regalado alguno de mis apuntes en lápiz -ya suman unos cuantos- ayer me preguntaba si mis amigos los habrán conservado. En realidad cuando me desprendo de ellos me desprendo en todos los sentidos, pero no por ello me deja de dar un poco de pena ver la obra de otros aficionados a la pintura expuestas en la calle en situaciones poco honorables y en unas condiciones que solo obtendrán la aprobación de las personas verdaderamente necesitadas de arte. Claro está que aunque mi "Jirafa y luna" estuviera en el Ermitage nunca sería una "obra de arte", pero si está al lado del contenedor azul tampoco se verá favorecida. Sabe Dios.
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Siempre me han gustado las actividades que implican todo el cuerpo. Desde el año 1998 trabajo prácticamente a diario con el ratón y sé que mi hombro y su manguito de los rotadores está mal, pero no puedo poner demasiado remedio. He pasado muchas horas haciendo yoga, persiguiendo equilibrar los dos lados del cuerpo (dos por lo menos). También he perdido o ganado mucho tiempo, no lo sé, con la guitarra, en donde cada mano tiene una función bien distinta pero que admite usar las dos.
Hace poco vi una imagen de un niño de unos 6 años en una red social, jugando con una videoconsola, y la abuela la presentaba como una imagen de máxima concentración. Y sin embargo yo diría que la concentración es otro tema. Y la atención, tan de moda ahora con el mindfulness. Creo que las wii incluso provocan desórdenes, aunque también hay que admitir que su uso terapéutico en niños autistas, esquizofrénicos, etc. es un instrumento valioso. Yo nunca he jugado con una videoconsola, solo he jugado en juegos de ordenador y más que concentración exigen engancharse. Porque la concentración hace que la mente en cierta manera descanse, que se aclare, aunque exista una cierta fatiga por tener la atención fijada en un punto y llega un momento de marchitez. La videoconsola creo que sobreexcita, que conduce a un estado de impaciencia y agresividad incluso. Los juegos que yo conozco exigen un alto deseo de competitividad, de obtener una puntuación elevada y esto en un tiempo mínimo. 
Sé cada día de más gente que no puede leer por falta de concentración. El predominio de la atención en la imagen es algo tan innegable en internet, que parece ocioso y hasta odioso redundar en ello. Cuando hay una imagen no se lee ni un hashtag. Aunque tengo una cuenta en Instagram y cuando pongo una flor me detengo a escribir su nombre en la nomenclatura taxonómica y vulgar, el lugar donde tomé la fotografía y alguna descripción más, es totalmente inútil (a no ser para mí) porque nadie lo lee. He llegado a poner un amanecer con la etiqueta #morning y la etiqueta #mañana y hay quien ha interpretado la imagen como un atardecer. Naturalmente las etiquetas sirven para que el motor de búsqueda localice mis fotografías y las pueda ofrecer a los que están interesados en el tema. Otra función no tienen.
Algo que vengo practicando hace años, desde 1991, el yoga, ha adquirido en los últimos tiempos un valor renovado. Siempre lo tuve como necesario, más que necesario incluso fue vital. Como hace 16 meses (en octubre de 2015) tuve un accidente doméstico y me llevé un golpe fortísimo en la región sacroilíaca he tenido que recurrir a radiólogos, traumatólogos, acupuntores, osteópatas, kinesiólogos y fisioterapeutas. Al final he decidido quedarme con el dolorcillo, un mal que hay días que se pone propiamente en esa región, pero que otros días se siente en el nervio ciático. Simplemente haré más yoga del que venía haciendo y dedicaré más tiempo a la meditación. Me temía haber quedado con la columna desalineada, pero parece que todo es un tema muscular, debido a la fibrosis reactiva por el tremendo golpe que llevé. Me arreglaré como pueda con el yoga, pues. 
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El dibujo me atrae mucho, a pesar de que la pintura es mucho más lúdica. No tengo técnica ni para lo uno ni para lo otro, pero iré adquiriendo los rudimentos básicos. "Jirafa y luna" falla en muchas cosas. Los profesores de arte o de ilustración me dirían que tendría que haber llenado todo el espacio, que la jirafa es pequeña, que el sombreado está muy manchado, etcétera. Pero tal y como dijo Dalí al parecer, "El dibujo es la sinceridad del arte", o el dibujo es mi sinceridad. Abuelas del mundo, pedid a vuestros nietos que dibujen. 

"Jirafa y luna"

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6.1.17

Gaitas

No he seguido nada la polémica de los farolillos independentistas para la cavalgata de Reyes, al contrario, he evitado que se me impusiera imagen alguna que pudiera alterar mi celebración. Parece que este año han desaparecido las cavalgatas alternativas que se habían hecho por ahí y por aquí el año pasado, una mezcla entre el desfile de Carnaval y las extravagancias o delirios ideológicos de cada cual, cuando lo central del asunto son los Reyes Magos. Y esa idea es suficientemente potente e importante. 
En la fiesta hay una gran parte de tradición y otra gran parte de sorpresa, pero las propuestas que han surgido en los últimos años incorporan la batucada (de otra tradición) y elementos mal asimilados y en barato de Dagoll Dagom, La Fura dels Baus y el teatro callejero, que es muy digno casi siempre.
La Noche de Reyes me emocioné al ver desde un ángulo casi muerto de la planta once del Hospital el desfile de Montbau. Reviví la ilusión. Pude apreciar las luces de las carrozas y poco más. En realidad, como ya dijo Marianne Moore, nada hay más preciso que la ilusión, y con pocos elementos es posible además recrear o alzar toda una fantasía. Esto lo saben los del Circo Raluy también. 


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