13.8.17

Plumas negras

osiblemente uno de los mejores anuncios publicitarios que yo he podido ver después del de los pavos de Fiat es el de Chanel para su perfume Coco, de 1991. Es obra de Jean-Paul Goude. En él Vanessa Paradis está en una jaula columpiándose, como un pájaro, y silba "Stormy weather" (con la ayuda de Kurt (Curro) Savoy, nuestro jienense internacional Rey del Silbido). Un gato de angora la desea. La escena sale de foco y aparece empequeñecida en una habitación donde se ve la jaula, el gato y una botella de Coco Chanel sobre una mesa camilla vestida de verde hierba oscuro. En el suelo una pelotita roja (*). A la derecha una ventana que asoma a la plaza Vendôme, reconocible por la columna y las borrosas mansardas que se distinguen al fondo. Una mujer vestida de Chanel acaba de matizar con su lánguida elegancia la atmósfera glamurosa, en la que se produce un enrarecimiento por la penumbra, la sobrecarga eléctrica de la tormenta, el magnetismo del gato, su suavidad, la atracción por Vanessa Paradis y tantos elementos, que parece mentira que 30 segundos congreguen tantos significados. La película está en la web de Chanel
No he conseguido identificar las plumas que lleva Vanessa Paradis en su tocado del culo. Si son de Euplectes progne (Obispo colilargo, en inglés "Widow bird" o pájaro viudo o viuda), que tiene unas timoneras bien largas, harían falta unos cuantos ejemplares para un solo tocado, cosa que descarto. No son plumas de marabú, que son muy suaves y peluchiscentes, más propias para el cabaret y las fiestas de despedidas de solteros. No son de pavo. Ni tampoco de gallo, algo tornasoladadas incluso cuando son negras. Podrían ser de faisán y teñidas de negro. Dejo el tema pendiente de elucidación. No son un detalle mínimo.
La plaza de la Vendôme es el summum del lujo y representa la Restauración. En la plaza se encuentran además de una boutique de Chanel las joyerías de Alfred y Louis Cartier, Joseph Chaumet, Mauboussin, Aldebert, Alfred Van Cleef y Salomon Arpels, René Boivin, Gianmaria Buccellati, Tecla, Audemars Piguet, Poiray, etc. La botella emblemática de Chanel está inspirada en la plaza octogonal.
La boutique de Chanel está al lado del Ritz, que es donde parece que está hecho el anuncio. Incluso podríamos creer que está hecho en la actual suite Chanel, donde la modista vivió 34 años. Durante la Résistance se dice que pudo mantenerse allí a salvo gracias a su relación con Hans Gunther von Dincklage. También se dice que Edwina Mounbatten, de quien hablábamos ayer, tuvo una relación con Nehru.
*
Sigo con mi lectura del libro de divulgación científica de Michio Kaku y leo algo que me resulta muy sugerente:
"Si los recuerdos humanos se guardasen secuencialmente, como en una cinta de ordenador, sería necesaria una capacidad de almacenamiento enorme. De hecho, en el futuro, los sistemas de almacenamiento digital podrían copiar este truco del cerebro, en lugar de guardar los datos de forma secuencial. Por ejemplo, los recuerdos emocionales se conservan en la amígdala, pero las palabras se almacenan en el lóbulo temporal. Por su parte, los colores y otra información visual se recogen en el lóbulo occipital, y el sentido del tacto y el movimiento residen en el lóbulo parietal. Hasta ahora, los científicos han identificado más de veinte categorías de recuerdos que se preservan en distintas partes del cerebro, entre las que se encuentran las frutas y las verduras, las plantas, los animales, las partes del cuerpo, los colores, los números, las letras, los sustantivos, los verbos, los nombres propios, los rostros, las expresiones faciales y diversas emociones y sonidos" (El futuro de nuestra mente)
Este hilo de investigación sobre la integración de los recuerdos es lo que a mi entender da algo de sentido a la asociación de elementos dispares en el anuncio que hoy traje. Es un homenaje a Coco Chanel pero también es un homenaje a su obra. Y de hecho explica en parte cómo trabajan los narradores, con estímulos a veces fantasmagóricos que vienen de diferentes impulsos que solo encajan secuencialmente en un texto o en una secuencia de un relato. 

Anuncio de Coco (Jean-Paul Goude, 1991)

(*)
Ese motivo de la pelotita roja abandonada momentáneamente es un motivo que no resulta nuevo. Lo recuerdo en una viñeta de Wolf Erlbruch. También me trae a la memoria la manzana desechada en "La alegoría de la fe" de Vermeer.
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12.8.17

La luna en un charco






al vez los únicos días del año en que me es posible disfrutar de algo parecido al completo silencio son las fechas centrales de agosto. Si no fuera por el frigorífico, claro, que zumba entre estertores pero que va a sobrevivir otro verano. Temprano advertí el reflejo de la luna en un charco del patio. Su brillo mortecino dejaba caer un temblor blanco sobre las rasillas de abajo y mi terraza. Los reflejos de la luna solo los vemos algunas personas. No porque seamos mejores ni peores.
Ayer escribí un post que me salió largo y eso habiéndolo recortado, esquilmando de aquí y de allí todo lo que a otros ojos pudiera ser secundario. Pero había como una sinfonía de elementos que reclamaba la anchura y el sosiego de una novela. Mientras me dedicaba a evitar tocar una infinidad de temas pero salvar el principal, el de la repoblación y orwellización del Turó de la Peira, le tenía puesto a Pepe -mi canario- un vídeo con más de una hora de trinos. Y es que lleva cosa de 3 meses que no canta. Lo normal en cualquier otra ocasión hubiera sido que respondiera al estímulo. Y sin embargo incluso podría decirse que ni lo oyó. Él no lo oyó pero yo me movía con ese fondo entre los datos que me acuciaban desde internet y la necesidad de acabar el post para abandonarlo por otras tareas. 

También acudía a mi recuerdo la decisión de no perder más tiempo en Instagram. Por la mañana advertí que uno de mis escasos seguidores me había plagiado una idea. Lo malo es que además él tiene muchos seguidores y su fotografía pronto se cobró 141 me-gusta, mientras que la mía (la original) apenas había cobrado 12. Tendré más ideas, pero no las dejaré por ahí para que el primer desaprensivo se aproveche. De vez en cuando me enojo al pensar que mi trabajo no obtiene fruto alguno o, si soy justa, muy poco. Podría admitir que el hombre tiene su mérito al haber ido conquistando su audiencia, que eso es trabajo también, pero de momento me siento frustrada.


De la misma manera que me abismé esta mañana en la contemplación de la luna en su reflejo, pienso en cómo al ver "Viceroy's House" (Gurinder Chadha, 2017) de alguna manera podía tener disponible un buen trozo de la historia de la India, Pakistán y el imperio británico cómodamente sentada en la butaca de un cine. En mi post de ayer tuve que elegir unos elementos muy determinados para lograr un resultado algo caótico, por lo tanto me hago cargo de las dificultades de la cineasta inglesa para situarnos su trama. Se sirve de alguna manera del mismo recurso que "Upstairs, downstairs", serie setentera sobre los “felices 20” que transcurría a dos niveles, el del servicio y el de los amos. En nuestra televisión se emitió como "Arriba y abajo". Este eje vertebra un poco la historia de manera que la actividad de la planta baja, con 500 criados hindús, musulmanes y sijs, contrasta con la de la planta noble, donde residen Louis Mountbatten, el último virrey de la India, su esposa Edwina y su hija. Las visitas de Gandhi, Nehru y Muhammad Ali Jinnah, fundador de Pakistán saben a poco, pero consiguen situar el conflicto que supuso la independencia de India.
"Un fetichismo colonial con el membrete de exquisitez de una megaproducción de la BBC –cada pieza de cubertería parece elegida con la obsesiva precisión de un comisario de museo- envuelve, pero no camufla, las ingenuidades de una simplificación del juego de tensiones a través de las voces de la servidumbre y el desaforado sentimentalismo de un clímax que confunde intensidad con aspaviento. Levantada sobre una paradoja ideológica esencial, El último virrey de la India ofrece un generoso material para psicoanalizar la herencia de amor/odio que el Imperio británico dejó en la psique de una cineasta procedente de una familia golpeada por la cesión de territorio indio a Pakistán."
"En la que es de lejos la película más ambiciosa de su filmografía, Gurinder Chadha acierta con el tono didáctico en la narración de los hechos (añadiendo, incluso, terribles imágenes de archivo), facilitando que hasta el más lego en la materia entienda perfectamente lo que sucedió en aquel convulso 1947 y dejando que sea el propio espectador el que juzgue las actitudes de Nehru y Jinnah, principales artífices de la división del país. Pero, si como lección de historia el filme funciona impecablemente, no lo hace tanto en su vertiente dramática, centrada en una especie de trasunto de Romeo y Julieta entre un criado hindú y una criada musulmana que no podría ser más tópico y que resulta perfectamente prescindible."
La más ajustada me parece la de Luchini. Podremos verle muchos defectos a la película, pero no podemos olvidar la dificultad de referirse a un día, el 15 de agosto de 1947, en el que confluyeron tantos factores -entre los cuales no fue el menor el maquiavelismo de Churchill, para salvaguardar los intereses de Gran Bretaña tras tres siglos de dominación del subcontinente indio. La India no es un "tema" fácil. En la India se hablan cosa de 500 lenguas y no me refiero a lenguas cuya distancia es la que hay entre el español y el catalán o el gallego. Lenguas. En muchas localidades en vez de palomas hay pavos reales. En el último Majā kumbhamela de Praiag (Allahabad), ciudad en la que por cierto nació Nehru, esta peregrinación al Ganges congregó 71 millones de personas. No sé como comprobar fácilmente lo que voy a escribir, pero dudo que ni las peregrinaciones a La Meca ni a Santiago de Compostela, ni a Roma ni a Jerusalén atraigan ni una ridiculísima parte de lo que atrae cada doce años el kumbhamela mayor, el que cierra cada 12 años el ciclo de peregrinaciones menores.
Gurinder Chadha, tal y como apunta Luchini acertadamente, procede de una de las familias que se tuvo que movilizar a consecuencia de la extravagante frontera que trazó Churchill en el Indostán, para dividir el subcontinente en dos naciones, una de mayoría musulmana y otra de mayoría hindú. 14 millones de personas abandonaron sus hogares a ambos lados de la raya. Y yo que me puedo ahogar en un día como el 20 de septiembre de 1977, cuando murió en un atentado a "El Papus" el portero, que vivía en mi barrio, ¿cómo no voy a ser clemente con el estrambote de Chadha?
Es cierto que la historia de amor entre Aalia (musulmana) y Jeet (hindú), a quien ya conocíamos por su papel en "Un viaje de diez metros" (Lasse Hallström, 2014), está cargada de tópicos, y que distrae un poco del tono al que podría haber aspirado la película. Al final, si se me permite la comparación gastronómica, queda como una pizza capricciosa, en que hay un gran atractivo visual pero nos sabe a poco cada elemento por separado. La luna no cabe en un charco.
Lo que más me gustó de la película si debo ser sincera fue la BSO.

Banda sonora original de "Viceroy's House" (G. Chadha, 2017) por A. R. Rahman

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11.8.17

Repoblación

"La ‘Merche’, como la ha bautizado
el teniente de alcalde de Cultura, Jaume Collboni, 
es una suerte de Cobi con una melena fucsia, una
estatua de Colón tatuada en el brazo, un crucero en el escote
y un teléfono móvil en la mano. “Por su cara, podría ser una chica de Nou Barris”, ha 
apuntado el edil socialista durante la presentación del cartel de la fiesta mayor
de Barcelona, firmado por el diseñador Javier Mariscal en el 25º aniversario 
de los Juegos Olímpicos. Es la primera vez que la Mercè 
repite ilustrador. El padre de Cobi ya firmó el cartel en 1987, bastante 
antes de dar vida al símbolo olímpico".  ("El Periódico")

a el pregón de Javier Pérez Andújar para las Fiestas de la Merced de 2016 tuvo mucha polémica. Y el cartel de este año de Javier Mariscal ha levantado críticas entre las fuerzas vivas de la CUP (por la imaginería de Colón, los autobuses turísticos y la cosa olímpica). También ha conseguido el rechazo entre las jóvenes asiduas de nuestros centros cívicos porque no se identifican con la Merche, que es muy choni para entendernos. El post de hoy no puede acometer en toda su complejidad ni siquiera la vida de una calle de un barrio barcelonés, como si fuera la Rue del Percebe. No es sencillo. La transformación de Barcelona en los últimos 25 años es un tema que desbordaría doscientas tesis, aunque tal vez por eso se podría despachar en un par de frases o tuits. En mi opinión el cartel de Mariscal resume una generación, es festivo y además me alegra que se le haya dado  una segunda oportunidad de dar imagen a la ciudad. Su Cobi es de las pocas mascotas que se recuerdan y eso a pesar de los años que han pasado desde que se puso en circulación. Y no creo que ningún perro pueda ser identificado con Cobi, pero Cobi es ese perro que plasma lo esencial.
*
Hay dos posts perdidos e irrecuperables en este blog. Uno se perdió en el traslado de *A la flor del berro al Álbum del tiempo y era sobre las casa tradicionales japonesa y romana, en donde el jardín se halla en la parte de mayor intimidad en vez de situarse en la parte más visible a las visitas.  El segundo post era más reciente, con dos fotografías de lo que quedaba de la calle donde yo jugaba de niña. Hice un par de fotografías que al final no publiqué y que en mi último desastre informático desaparecieron para siempre jamás de este mundo. Son irrecuperables. 
*
Hay una frase que se le ha atribuido ya a muchas personas que viene diciendo que "la nostalgia ya no es lo que era", que es el epítome de lo que da de sí la melancolía. 
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La fotografía de hoy es un collage que encontré en internet ya hace tiempo. Muestran el mismo punto de la calle Aneto, en el Turó de la Peira. En la foto antigua se ve bajo el toldo lo que fue o luego sería la tienda de Bolsos Turó, que durante muchos años era tienda y vivienda (*). El siguiente establecimiento era un cine y después estaba la portería del número 22, que es donde vivía mi familia. Por la época de la imagen vivían Pedro Barreiro y Magdalena Barreiro, que eran hermanos. Habían venido de Santiago de Compostela. Don Pedro fue sacerdote y director de la Escuela Nacional Ramiro de Maeztu. Encontré su rastro en un blog pero creo que no le hace justicia: 
"El director del nois era un capellanot amb sotana i barret d'aquells rodons, movent-se per l'escola com un rei pel seu reialme. Una de les normes de l'escola és que diumenge s'havia d'anar a missa i dilluns havíem de dur un comprovant conforme ho havíem fet, crec que es tractava del full dominical del dia." 
Tengo explicado que mi padre y Don Pedro jugaban a las cartas y que mi padre le hacía trampas, de manera que el cura se enojaba y su hermana les decía "Un día os han de llevar hombro con hombro", como quien dice que los llevarían a la comisaría a prestar declaración por desorden público. Primero se murió Don Pedro y por su relación con la Iglesia se le hizo un sitio a su hermana en la clínica que aún tienen las Hermanas Hospitalarias en el Paseo Universal, donde por cierto murió mi padre gracias a la sanidad concertada. Para poder acomodarse allí le tuvo que dejar un canario que tenían a mi madre, pero nadie recuerda su nombre. Magdalena no se adaptó o no quiso adaptarse a estar allí porque hay que decir que es sobre todo una clínica mental y con enfermos bastante severos. Volvió a Galicia. 
Todo eso fue más o menos por la época en que yo nací, así que no puedo decir mucho más, pero sí puedo decir que aunque el post de Carme Martín es una joya también hay que decir que cuando se refiere a Pedro Barreiro lo hace desde una perspectiva —como no podría ser de otra manera— actual y desde su punto de vista. En aquella época el sistema educativo no era más doctrinario de lo que lo es en la actualidad. Al contrario, yo diría que por lo menos en aquel entonces éramos conscientes de estar asimilando dogmas mientras que hoy en día no hay esa percepción a pesar del caudal de ideología que se les mete a los niños. No hace falta poner ejemplos. El detalle de la hoja dominical me parece muy improbable: no teníamos para pan e íbamos a tener para peras... 
Me da pena que lo único que quedase de él por lo menos aquí en la blogosfera fuera ese párrafo, por eso me decido apostillar. Por lo tanto, sin el ánimo de hacerme con la última palabra ni mucho menos explicaré que según me explicó mi madre en el momento de su muerte se lamentaba de irse con las manos vacías. Y no porque se quisiera llevar algo de este mundo al otro, sino porque no tenía nada que presentar de lo que hubiera podido hacer entre los vivos, que creo que fue mucho. Que Dios los tenga en su gloria, a Pedro y Magdalena Barreiro.

Podría sucumbir a la añoranza y recrear esa encrucijada de calles. También podría esbozar lo que es ahora ese mismo punto en el espacio. Tal vez es más fácil recordar que explicar. El solar que había delante de casa estuvo muchos años tapiado y en él jugaban los niños. Luego se construyó la parroquia de Fátima, que sucedió al local primero en la montaña. Actualmente a pocos metros se encuentra una iglesia evangélica y un centro islámico. De hecho ese centro islámico podría señalarlo en la otra imagen de la foto nueva, en la esquina donde se ve un hueco tapiado. Más arriba, subiendo en la dirección en la que camina un hombre, hay ahora un restaurante pakistaní. Me produce una enorme pereza referirme a todos los cambios que ha experimentado el barrio, aunque no dudo de que pueda tener su interés para alguien. En general se podría decir que se han juntado la muerte de muchos de los antiguos habitantes, el desplazamiento a barrios mejores por otros, y la venida de bolivianos, pakistaníes y dominicanos, etcétera. Que yo sepa en el Turó de la Peira no hay turismo.
Según la estadística (**) hay muchos más bolivianos que dominicanos y sin embargo hacen mucho menos ruido, cosa que en la tabla como es natural no consta. Parece que al proceso urbano opuesto a la gentrificación (aburguesamiento) de un barrio se le conoce como tugurización. Tampoco es que me parezca un término muy adecuado o justo. Al fin y al cabo cuando el Turó de la Peira era un barrio obrero "uniforme", con familias de 2 y 3 hijos, repleto de tiendecitas, bodegas y colmados, no había ni iglesia ni ambulatorio ni parque. La iglesia, la piscina municipal y el colegio público llegaron cuando el barrio estaba empezando a perder su población original aunque nada más fuera por ley de vida, porque los jóvenes se casaron y se fueron. Sin embargo, ahora que el barrio tiene una población que podríamos creer que es más pobre, resulta que hay más limpieza municipal, más árboles, más mantenimiento, un centro cívico, un ambulatorio, dos iglesias, una línea de autobús, una estación de metro, un centro de día para la deshabituación (osea un centro de  metadona) y pronto habrá hasta un Mercadona. Ambas circunstancias (***) dan pistas sobre el consumo de drogas y de víveres que nos ahorran más explicaciones y nos disculpan de cualquier estudio prospectivo y realista. Propiamente no se puede hablar de tugurización en Barcelona ya que el Ayuntamiento se hace cargo de lo que urbanísticamente condiciona el nivel de vida aparente e iguala (más o menos) a todos los barrios.
Las estadísticas demográficas tampoco hablan del gran número de cuidadoras que cada día sacan a pasear a las ancianas que aún pueden salir a dar un paseo. La mayoría son sudamericanas.
Cuando los barceloneses vamos a Nueva York nos sorprendemos de lo viejo que es el metro y de lo diferentes que son los barrios en todo aquello que aquí disfrutamos sin apenas advertirlo, tan uniformemente y con tanta marca de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) Barcelona que hasta molesta un poco por orwelliano
*
Si tuviera que referirme a dos momentos claves en la historia del Turó de la Peira (además de la aluminosis y la repoblación) uno sería el funeral por el conserje de "El Papus", víctima del atentado terrorista de la ultraderecha poco claro del 20 de septiembre de 1977. Nuestro mossèn si no recuerdo mal se llamaba Joan Tolrà  e hizo una ceremonia a la que acudió tanta gente que se quedaron fuera la mayor parte. Pero ya no tenía el hombre muy bien la cabeza y salió la misa un poco desatinada. Me acuerdo de que alguien dijo que es que cuando la guerra lo habían tenido colgado boca abajo mucho tiempo y que era por eso. Le costó años conseguir tener una parroquia decente, que al final se construyó con el dinero del vecindario y supongo que con algún empujoncito final del arciprestazgo. Muchos años ofició misa en un local muy modesto que pertenecía al Ramiro de Maeztu precisamente, al pie de la colina que da nombre al barrio (Turó de la Peira). Si alguien me preguntara, yo diría que a lo mejor Mossèn Joan no estaba tan perturbado pero que el caso le afectó mucho o le removió recuerdos que lo alteraron. Hay que decir que el Interviú sacó la foto del cuerpo destrozado a doble página, y aún no estábamos acostumbrados a la brutalidad gráfica. Eran los tiempos del destape pero que yo sepa no se había visto aún material fotográfico a todo color de tal naturaleza.
El atentado produjo una gran conmoción porque nunca nos había pasado nada o creíamos que no pasaba nada. A esa conmoción apelo para marcar un momento en el tiempo. Hubo un antes y un después. Por lo menos para mí.
El segundo momento clave fue la inauguración de la plaza Olof Palme el año 1992. En realidad creo que se inauguró dos veces, como suele ocurrir en Barcelona, una de cara a algún comicio (para la foto) y otra la de verdad. Las circunstancias del asesinato de Olof Palme el año 1986 nunca se aclararon porque parece ser que detrás del magnicidio del socialdemócrata sueco había un burdel o así, y que el Primer Ministro en definitiva tenía negocios turbios. El crimen prescribió en principio el año 2011, a los 25 años, pero parece que se intenta reabrir. Pasqual Maragall, que todo el mundo sabe que era alcalde de Barcelona el año 1992, con la plaza dejó muy clara su posición al respecto. Lo que pasa es que cuando finalmente tuvimos una plaza en el barrio ya no había niños. Tuvo que pasar un tiempo hasta que vinieran las fértiles emigrantes a repoblar la Escola El Turó (antes Colegio Madrid).

Foto de internet. La fotografía antigua podría ser de F. Guilera
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(*) La dueña se llama Pilar y debe de tener ahora 70 años. En los ochenta o tal vez antes se fue a La Verneda. Creo que ahora la tienda está en Manso, núm. 76 (barrio de Sant Antoni) y la debe de regentar la nieta. Me hace pensar que es el mismo negocio el hecho de que el diseño gráfico, su color y el nombre de la tienda son los mismos o muy parecidos. La foto que ofrezco hoy podría ser una postal de F. Guilera, que hizo algunas fotos del barrio entre 1959-1960 y alguna se puede encontrar todavía en Todo Colección. Por razones que creo que no hace falta explicar el nombre del toldo está enmascarado. La foto está coloreada, con lo que no es difícil pensar que añadió esa máscara para no hacer publicidad o por discreción.
(**) Fuente: Ayuntamiento de Barcelona (Perfil de Perfil de la població estrangera a Nou Barris i els seus barris. Gener 2016
(***) El ripio de metadona con Mercadona parece cosa de Joaquín Sabina y se me tiene que disculpar.

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10.8.17

Una manzana

Con el dinero que consiguieron
los americanos del maíz híbrido,
pudieron sufragar la bomba atómica.

Diréis que esto no es poesía.
(Estoy de acuerdo).
Gloria Fuertes

efecto Droste de la imagen es lo que también se conoce como "imagen recursiva", es decir aquella imagen que se incluye en sí misma hasta el infinito. La recursividad es la característica de un proceso que se basa en su propia definición. Hace años que me lamento en silencio de la gran cantidad de quincallería en que se fundamenta el progreso científico y tecnológico incluso hasta caer en el efecto Droste que he introducido nada más empezar.
Hace años pude empezar a leer con alegría e ilusión un libro titulado La vida secreta de las plantasde Peter Tompkins y Christopher Bird. Tal vez la mayoría de la gente está más interesada en la vida secreta de Simon Baker o Kate Moss o su hija. Pronto me decepcioné, porque gran parte del contenido del libro lejos de tratar de lo que yo buscaba, la forma constatable de "sentir" de las plantas, agotaba todas las formas que se habían ensayado para poder registrar la vida que no es posible captar a simple vista. Muchos cables. Pero mucha tecnología, como ya enuncia la tercera famosa ley de Clarke, es indistinguible de la magia. De hecho, en mi caso, tanta matraca en escala armamentística parece como una forma de camuflaje en las tinieblas. Ignoro cual es el porcentaje aceptable. Y con la tecnología pasa lo mismo que con la infografía. Mucha infografía nos hace perder de vista no ya el contenido sino incluso si hay un contenido y si tiene un fundamento. Mucha tecnología nos despista del verdadero objeto del asunto que nos preocupa o nos interesa.
Como gran parte de los personajes que dedican su tiempo a combatir las pseudociencias caen en el solipsismo, poco hará por desenmascararlos añadir que la mayor parte de sus argumentos entran en bucle, cuando no son francamente un paradigma del desprecio y de la ignorancia. En un bucle drostiano además. No se trata de aquel mecanismo por el cual cuando de niños buscábamos "prostituta" en el diccionario para desilusionarnos con la definición "ramera" que nos devolvía en su entrada alfabética correspondiente a la "prostituta" de nuevo. Este ejemplo infantil mucho más elaborado y sofisticado, cargado de complejidad, no nos puede engañar sobre la recursividad de muchos argumentos en los que se encastilla la ciencia pseudocientífica, la pseudociencia científica y la pseudociencia pseudocientífica. Más allá de las leyes de Clarke no puedo dejar de recordar las palabras de la Prof. Maria Antònia Martí Antolín en una clase de Lingüística al referirse a que bajo la apariencia de modernidad a veces se enmascaran auténticas antiguallas retrógradas.
Llegados a este punto podría a) tomar el camino de referirme a cómo los errores son además escalables y van haciéndose con todos los rincones de la sociedad o podría b) tomar el camino que nos abre Michio Kaku, catedrático en Física de la Universidad de Nueva York en su libro de divulgación científica titulado El futuro de nuestra mente, en donde se trata entre otras cosas de la telepatía y la telequinesia. Como ocurría con el libro de la vida secreta de las plantas, este otro remite a muchos aparatos (que si la resonancia magnética, que si los electrodos, que si la electroencefalografía, etcétera), cosa que nos permite ver muchos árboles en el bosque y verlos bien pero que no sé si llega a colmar las expectativas de muchos de nosotros. 
La Neurociencia avanza de forma espectacular y es decepcionante que todo el arsenal que nos muestra Kaku se disperse entre las numerosas enfermedades y trastornos que nos aterrorizan, en la forma de detectar mentiras -por la actividad eléctrica de determinadas áreas cerebrales- y en otras cuestiones aptas para entretenerse un domingo por la tarde en TV2 sin la mala conciencia de perderlo. Me explico: que sea posible meternos en el cráneo chips que generen recuerdos o que nos zafen del dolor no es que sea indeseable, no. La idea de que se perfeccione la detección de mentiras dejaría las pruebas de paternidad gracias al ADN en una actividad jurídica menor. Pero me temo que lo verdaderamente revolucionario sería conseguir pensar o usar la cabeza correctamente. No me estoy refiriendo a habilidades de cálculo propias de certamen mundial, no me refiero al potencial aquel del que tantas veces se habla por el cual podríamos acceder a la plenitud mental y no solo a un magro porcentaje de nuestra capacidad. Nos podríamos conformar con no sucumbir al engaño y al autoengaño y a otras actividades mentales que nos producen sufrimientos y errores.
A veces algunas personas reparamos que los investigadores siempre están pidiendo dinero (cuando Newton con una manzana y poco más llegó tan lejos para su época). Sí que hace falta el dinero, como para todo, pero el dinero no garantiza el rigor ni el vigor de una idea y solo conseguimos una sociedad muy sofisticada y compleja, donde hasta la estupidez es dramática (*).
Este fin de semana Izpisúa, en una entrevista en la prensa generalista, nos dejaba dos titulares 1) la existencia del misterio de la vida o lo que él llama "divinidad" y 2) que hay avances de la ciencia que deben ser consultados a la sociedad. Yo diría que nos podríamos contentar con que la ciencia no actuara contra la sociedad y la vida en la forma en la que se plantea en el poema de Gloria Fuertes tan claramente y sin necesidad de ampliación alguna. La ciencia cura y la ciencia mata. Primum non nocere.

*
Al lado del concepto del efecto Droste y de la recursividad, me parece siempre más atractivo lo que se denomina comúnmente en francés como mise en abyme. En algunos medios se confunden el efecto Droste y la mise en abyme ("abismación"), pero el efecto Droste empuja al infinito mientras que el que yo prefiero simplemente empuja a la profundidad sin fondo. Se suele poner como ejemplo de mise en abyme el cuadro de Las Meninas y su juego de imágenes, sombras y espejos, en lo que no deja de ser un autorretrato  de centro disperso o indeterminado. Prefiero como ejemplo de mise en abyme el Retrato de los Arnolfini (1434) con un espejo que nos revela en miniatura y sobre un su superficie cóncava la imagen de lo que ven los esposos.
Así es como entiendo yo este blog que hoy se queda suspendido en la blogosfera reflejando una parte de una etapa de la Documentación médica pero desde un ángulo del que era tan difícil salir como meterse.

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Publicado simultáneamente en Varium habere
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(*) "El doctor Nicolelis ha demostrado que esta interfaz cerebro-máquina puede implementarse entre distintos continentes. Para ello, coloca a un mono sobre una cinta de ejercicio. Al mono se le ha implantado un chip en el cerebro, que está conectado a internet. En el otro extremo del planeta, en Kioto (Japón), las señales procedentes del cerebro del mono se utilizan para controlar un robot capaz de caminar. Al andar sobre la cinta de Carolina del Norte, el mono controla al robot en Japón, que ejecuta los mismos movimientos. Utilizando únicamente sus sensores cerebrales, y algo de pienso como recompensa, el doctor Nicolelis ha entrenado a estos mono para que controlen a un robot humanoide llamado CB-1 que se encuentra al otro lado del mundo" (Michio Kaku, El futuro de nuestra mente). Sin dejar de lado el progreso significativo de los exoesqueletos y las aplicaciones médicas de la  telequinesis percibo un filo de loca insensatez en el trasfondo de estas palabras.

2.8.17

La cintura Imperio

pesar de que Jane Austen se encuentra entre las "artistas en verdad valiosas" de la famosa diatriba del licenciado en Filología Inglesa Javier Marías contra Gloria Fuertes y las feministas, yo no soy mucho de novelas. Creo que Madame Bovary  (1857) tuvo la culpa, no ya por la insensatez del personaje sino por que es a mi entender la novela mejor escrita entre las que yo he leído, y ese punto deja el paladar en un estado álgido. Con todo, ahora que estoy releyendo Sense and Sensibility (1811), recibo la impresión de que esos 46 años de diferencia entre las dos novelas son casi irrelevantes. En la Historia hay fenómenos que avanzan lentamente y otros que avanzan a gran velocidad. Otros quedan como en medio, sufriendo los tirones y los frenazos de esas capas tectónicas que se mueven a destiempo.

Cuando me he referido a la novela de Flaubert iba a decir en vez de "insensatez" "estupidez", pero está claro que la estupidez es más bien algo que le corresponde más bien al escritor Javier Marías, al hacer tan mal uso de sus posibilidades. Y en cualquier caso ni siquiera se puede hablar de estupidez en ese caso, tal vez de frustración. Si me refiero a este autor, del que reconozco no haber leído más que Corazón tan blanco y eso apenas, es por contraste con la imagen de hoy, un fotograma de "Sense and sensibility" (Ang Lee, 1996).  En él vemos a la señora Dashwood y sus hijas en un salón donde apreciamos libros, pinturas y porcelanas. La fotografía muestra cosiendo a las mujeres, aunque es una escena fingida ya que segundos antes estaban en la puerta de la casa. Al advertir la llegada de Edward Ferrars corren a demostrar una escena fingida. Esta situación no aparece en la novela, que fue guionizada y además interpretada admirablemente por Emma Thompson. Y es que se suele decir que en la casa de Jane Austen tenían los goznes de una puerta interior principal descuidados para que chirriaran y la pusieran sobre aviso de las visitas imprevistas, de manera que la artista pudiera ocultar sus escritos y fingir que cosía. Esta anécdota es del todo verosímil y no tengo ni la menor duda de que fuera así.
Durante muchos años yo misma escribí sino en secreto por lo menos en silencio. Por una parte lo que yo escribía no me parecía digno de ser leído ni nada que se le pareciera, por otra parte de alguna manera casi siempre tácita las mujeres de mi generación hemos vivido una época en la que lo que se esperaba de las mujeres seguía siendo en el fondo que se ocuparan de estar guapas, de limpiar y de saber criar hijos. Una de mis abuelas se malhumoraba visiblemente cuando me oía silbar y la otra me dijo una vez que si no era mejor que en vez de estudiar tanto aprendiera a cocinar. Esa consideración siempre la he recordado y me ha hecho creer que en gran parte la condición de las mujeres ha sufrido los estragos de la autorepresión, y que la inhibición empezaba y a veces terminaba drásticamente en la casa familiar.
Las Dashwood no disfrutaban de una condición económica boyante ni mucho menos. De hecho su futuro era incierto y a la merced de que las tres hermanas o una parte de ellas contrajeran matrimonios ventajosos. El hecho de que Lionor (Emma Thompson) sea aficionada al dibujo -aunque en la película no se resalta nada- y de que Marianne toque el piano y cante no creo que tuvieran que ocultarlo, pero hemos de suponer que no era decoroso pasar el rato con esas actividades. De la misma manera, supongo, que en determinada clase social se aceptaba que una mujer escribiera pero poco.
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Creo no traicionar la confianza de una amiga que me explicó hace unos años que había ido a visitar a Jordi Pujol y Marta Ferrusola a su casa en Premià. Y que Marta Ferrusola les recibió zurciendo calcetines. Pensé en aquel entonces que no tenía nada de particular, si le gustaba hacer esa labor, y que en definitiva cuando estamos en nuestras casas siempre estamos haciendo algo, aunque sea regar, leer o hacer croquetas.
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No se ha hablado lo suficiente de la controversia del corsé ni de esa moda que inundó los vestuarios burgueses de cinturas altas neoclásicas y manoletinas. La cintura Regency, que abunda en las películas que hemos visto sobre las novelas de Jane Austen, liberaba a las mujeres del corsé y las permitió respirar durante unos años libremente. Las manoletinas les permitió andar.

Escena de "Sense and Sensibility" (Ang Lee, 1996)
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