11.8.17

Repoblación

"La ‘Merche’, como la ha bautizado
el teniente de alcalde de Cultura, Jaume Collboni, 
es una suerte de Cobi con una melena fucsia, una
estatua de Colón tatuada en el brazo, un crucero en el escote
y un teléfono móvil en la mano. “Por su cara, podría ser una chica de Nou Barris”, ha 
apuntado el edil socialista durante la presentación del cartel de la fiesta mayor
de Barcelona, firmado por el diseñador Javier Mariscal en el 25º aniversario 
de los Juegos Olímpicos. Es la primera vez que la Mercè 
repite ilustrador. El padre de Cobi ya firmó el cartel en 1987, bastante 
antes de dar vida al símbolo olímpico".  ("El Periódico")

a el pregón de Javier Pérez Andújar para las Fiestas de la Merced de 2016 tuvo mucha polémica. Y el cartel de este año de Javier Mariscal ha levantado críticas entre las fuerzas vivas de la CUP (por la imaginería de Colón, los autobuses turísticos y la cosa olímpica). También ha conseguido el rechazo entre las jóvenes asiduas de nuestros centros cívicos porque no se identifican con la Merche, que es muy choni para entendernos. El post de hoy no puede acometer en toda su complejidad ni siquiera la vida de una calle de un barrio barcelonés, como si fuera la Rue del Percebe. No es sencillo. La transformación de Barcelona en los últimos 25 años es un tema que desbordaría doscientas tesis, aunque tal vez por eso se podría despachar en un par de frases o tuits. En mi opinión el cartel de Mariscal resume una generación, es festivo y además me alegra que se le haya dado  una segunda oportunidad de dar imagen a la ciudad. Su Cobi es de las pocas mascotas que se recuerdan y eso a pesar de los años que han pasado desde que se puso en circulación. Y no creo que ningún perro pueda ser identificado con Cobi, pero Cobi es ese perro que plasma lo esencial.
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Hay dos posts perdidos e irrecuperables en este blog. Uno se perdió en el traslado de *A la flor del berro al Álbum del tiempo y era sobre las casa tradicionales japonesa y romana, en donde el jardín se halla en la parte de mayor intimidad en vez de situarse en la parte más visible a las visitas.  El segundo post era más reciente, con dos fotografías de lo que quedaba de la calle donde yo jugaba de niña. Hice un par de fotografías que al final no publiqué y que en mi último desastre informático desaparecieron para siempre jamás de este mundo. Son irrecuperables. 
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Hay una frase que se le ha atribuido ya a muchas personas que viene diciendo que "la nostalgia ya no es lo que era", que es el epítome de lo que da de sí la melancolía. 
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La fotografía de hoy es un collage que encontré en internet ya hace tiempo. Muestran el mismo punto de la calle Aneto, en el Turó de la Peira. En la foto antigua se ve bajo el toldo lo que fue o luego sería la tienda de Bolsos Turó, que durante muchos años era tienda y vivienda (*). El siguiente establecimiento era un cine y después estaba la portería del número 22, que es donde vivía mi familia. Por la época de la imagen vivían Pedro Barreiro y Magdalena Barreiro, que eran hermanos. Habían venido de Santiago de Compostela. Don Pedro fue sacerdote y director de la Escuela Nacional Ramiro de Maeztu. Encontré su rastro en un blog pero creo que no le hace justicia: 
"El director del nois era un capellanot amb sotana i barret d'aquells rodons, movent-se per l'escola com un rei pel seu reialme. Una de les normes de l'escola és que diumenge s'havia d'anar a missa i dilluns havíem de dur un comprovant conforme ho havíem fet, crec que es tractava del full dominical del dia." 
Tengo explicado que mi padre y Don Pedro jugaban a las cartas y que mi padre le hacía trampas, de manera que el cura se enojaba y su hermana les decía "Un día os han de llevar hombro con hombro", como quien dice que los llevarían a la comisaría a prestar declaración por desorden público. Primero se murió Don Pedro y por su relación con la Iglesia se le hizo un sitio a su hermana en la clínica que aún tienen las Hermanas Hospitalarias en el Paseo Universal, donde por cierto murió mi padre gracias a la sanidad concertada. Para poder acomodarse allí le tuvo que dejar un canario que tenían a mi madre, pero nadie recuerda su nombre. Magdalena no se adaptó o no quiso adaptarse a estar allí porque hay que decir que es sobre todo una clínica mental y con enfermos bastante severos. Volvió a Galicia. 
Todo eso fue más o menos por la época en que yo nací, así que no puedo decir mucho más, pero sí puedo decir que aunque el post de Carme Martín es una joya también hay que decir que cuando se refiere a Pedro Barreiro lo hace desde una perspectiva —como no podría ser de otra manera— actual y desde su punto de vista. En aquella época el sistema educativo no era más doctrinario de lo que lo es en la actualidad. Al contrario, yo diría que por lo menos en aquel entonces éramos conscientes de estar asimilando dogmas mientras que hoy en día no hay esa percepción a pesar del caudal de ideología que se les mete a los niños. No hace falta poner ejemplos. El detalle de la hoja dominical me parece muy improbable: no teníamos para pan e íbamos a tener para peras... 
Me da pena que lo único que quedase de él por lo menos aquí en la blogosfera fuera ese párrafo, por eso me decido apostillar. Por lo tanto, sin el ánimo de hacerme con la última palabra ni mucho menos explicaré que según me explicó mi madre en el momento de su muerte se lamentaba de irse con las manos vacías. Y no porque se quisiera llevar algo de este mundo al otro, sino porque no tenía nada que presentar de lo que hubiera podido hacer entre los vivos, que creo que fue mucho. Que Dios los tenga en su gloria, a Pedro y Magdalena Barreiro.

Podría sucumbir a la añoranza y recrear esa encrucijada de calles. También podría esbozar lo que es ahora ese mismo punto en el espacio. Tal vez es más fácil recordar que explicar. El solar que había delante de casa estuvo muchos años tapiado y en él jugaban los niños. Luego se construyó la parroquia de Fátima, que sucedió al local primero en la montaña. Actualmente a pocos metros se encuentra una iglesia evangélica y un centro islámico. De hecho ese centro islámico podría señalarlo en la otra imagen de la foto nueva, en la esquina donde se ve un hueco tapiado. Más arriba, subiendo en la dirección en la que camina un hombre, hay ahora un restaurante pakistaní. Me produce una enorme pereza referirme a todos los cambios que ha experimentado el barrio, aunque no dudo de que pueda tener su interés para alguien. En general se podría decir que se han juntado la muerte de muchos de los antiguos habitantes, el desplazamiento a barrios mejores por otros, y la venida de bolivianos, pakistaníes y dominicanos, etcétera. Que yo sepa en el Turó de la Peira no hay turismo.
Según la estadística (**) hay muchos más bolivianos que dominicanos y sin embargo hacen mucho menos ruido, cosa que en la tabla como es natural no consta. Parece que al proceso urbano opuesto a la gentrificación (aburguesamiento) de un barrio se le conoce como tugurización. Tampoco es que me parezca un término muy adecuado o justo. Al fin y al cabo cuando el Turó de la Peira era un barrio obrero "uniforme", con familias de 2 y 3 hijos, repleto de tiendecitas, bodegas y colmados, no había ni iglesia ni ambulatorio ni parque. La iglesia, la piscina municipal y el colegio público llegaron cuando el barrio estaba empezando a perder su población original aunque nada más fuera por ley de vida, porque los jóvenes se casaron y se fueron. Sin embargo, ahora que el barrio tiene una población que podríamos creer que es más pobre, resulta que hay más limpieza municipal, más árboles, más mantenimiento, un centro cívico, un ambulatorio, dos iglesias, una línea de autobús, una estación de metro, un centro de día para la deshabituación (osea un centro de  metadona) y pronto habrá hasta un Mercadona. Ambas circunstancias (***) dan pistas sobre el consumo de drogas y de víveres que nos ahorran más explicaciones y nos disculpan de cualquier estudio prospectivo y realista. Propiamente no se puede hablar de tugurización en Barcelona ya que el Ayuntamiento se hace cargo de lo que urbanísticamente condiciona el nivel de vida aparente e iguala (más o menos) a todos los barrios.
Las estadísticas demográficas tampoco hablan del gran número de cuidadoras que cada día sacan a pasear a las ancianas que aún pueden salir a dar un paseo. La mayoría son sudamericanas.
Cuando los barceloneses vamos a Nueva York nos sorprendemos de lo viejo que es el metro y de lo diferentes que son los barrios en todo aquello que aquí disfrutamos sin apenas advertirlo, tan uniformemente y con tanta marca de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) Barcelona que hasta molesta un poco por orwelliano
*
Si tuviera que referirme a dos momentos claves en la historia del Turó de la Peira (además de la aluminosis y la repoblación) uno sería el funeral por el conserje de "El Papus", víctima del atentado terrorista de la ultraderecha poco claro del 20 de septiembre de 1977. Nuestro mossèn si no recuerdo mal se llamaba Joan Tolrà  e hizo una ceremonia a la que acudió tanta gente que se quedaron fuera la mayor parte. Pero ya no tenía el hombre muy bien la cabeza y salió la misa un poco desatinada. Me acuerdo de que alguien dijo que es que cuando la guerra lo habían tenido colgado boca abajo mucho tiempo y que era por eso. Le costó años conseguir tener una parroquia decente, que al final se construyó con el dinero del vecindario y supongo que con algún empujoncito final del arciprestazgo. Muchos años ofició misa en un local muy modesto que pertenecía al Ramiro de Maeztu precisamente, al pie de la colina que da nombre al barrio (Turó de la Peira). Si alguien me preguntara, yo diría que a lo mejor Mossèn Joan no estaba tan perturbado pero que el caso le afectó mucho o le removió recuerdos que lo alteraron. Hay que decir que el Interviú sacó la foto del cuerpo destrozado a doble página, y aún no estábamos acostumbrados a la brutalidad gráfica. Eran los tiempos del destape pero que yo sepa no se había visto aún material fotográfico a todo color de tal naturaleza.
El atentado produjo una gran conmoción porque nunca nos había pasado nada o creíamos que no pasaba nada. A esa conmoción apelo para marcar un momento en el tiempo. Hubo un antes y un después. Por lo menos para mí.
El segundo momento clave fue la inauguración de la plaza Olof Palme el año 1992. En realidad creo que se inauguró dos veces, como suele ocurrir en Barcelona, una de cara a algún comicio (para la foto) y otra la de verdad. Las circunstancias del asesinato de Olof Palme el año 1986 nunca se aclararon porque parece ser que detrás del magnicidio del socialdemócrata sueco había un burdel o así, y que el Primer Ministro en definitiva tenía negocios turbios. El crimen prescribió en principio el año 2011, a los 25 años, pero parece que se intenta reabrir. Pasqual Maragall, que todo el mundo sabe que era alcalde de Barcelona el año 1992, con la plaza dejó muy clara su posición al respecto. Lo que pasa es que cuando finalmente tuvimos una plaza en el barrio ya no había niños. Tuvo que pasar un tiempo hasta que vinieran las fértiles emigrantes a repoblar la Escola El Turó (antes Colegio Madrid).

Foto de internet. La fotografía antigua podría ser de F. Guilera
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(*) La dueña se llama Pilar y debe de tener ahora 70 años. En los ochenta o tal vez antes se fue a La Verneda. Creo que ahora la tienda está en Manso, núm. 76 (barrio de Sant Antoni) y la debe de regentar la nieta. Me hace pensar que es el mismo negocio el hecho de que el diseño gráfico, su color y el nombre de la tienda son los mismos o muy parecidos. La foto que ofrezco hoy podría ser una postal de F. Guilera, que hizo algunas fotos del barrio entre 1959-1960 y alguna se puede encontrar todavía en Todo Colección. Por razones que creo que no hace falta explicar el nombre del toldo está enmascarado. La foto está coloreada, con lo que no es difícil pensar que añadió esa máscara para no hacer publicidad o por discreción.
(**) Fuente: Ayuntamiento de Barcelona (Perfil de la població estrangera a Nou Barris i els seus barris. Gener 2016
(***) El ripio de metadona con Mercadona parece cosa de Joaquín Sabina y se me tiene que disculpar.

(c)SafeCreative *1708113275528

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